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Este segundo fuerte uruguayo, nos sale al paso si tomamos desde la
ciudad fronteriza con Brasil, Chuy, la ruta 19 hacia el oeste. A unos 7 kms nos enfrentamos con el Fortín de San Miguel, construido en 1734 por
los españoles.
En 1737 pasó a manos portuguesas, los cuales le dieron su diseño
definitivo. Vuelve a manos españolas en 1763, decayendo posteriormente
su importancia militar. Recién en 1923 comienza la reestructuración del lugar y en 1937 se lo declara
Monumento Histórico Nacional. Detrás de su puente levadizo se halla una valiosa colección histórica y
se reproducen los ambientes donde vivieron sus ocupantes españoles y
portugueses. Alrededor se halla un cementerio histórico, un parque y el
museo donde se exhibe una diligencia de 1816, una carreta de 1880,
Infinidad de tensillos indígenas, un típico rancho de barro y paja y la
reproducción de una pulpería de la época entre otras cosas.
Los salones finamente decorados, exponen los uniformes militares de la
época. Sentimos una extraña sensación junto a los modelos de tamaño
natural, vestidos de uniformes de gala. El tiempo se detuvo en este hermoso parque, donde podemos apreciar
ganado vacuno cimarrón. Descendientes directos de aquellos que fueran
introducidos hace siglos a nuestra Banda Oriental. Uno de los pocos
lugares del mundo donde aún permanecen incambiados, el tiempo no pasa
para ellos. En los alrededores se puede pasear por las serranías
vecinas, como el Cerro Picudo. Se ofrecen diferentes paseos ecológicos,
en barcaza por la Laguna Merín, o simplemente a caballo. Es la mejor apuesta al paseo
natural inmerso en la historia. |