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Por Néstor Rocha - 19 de Agosto 2009

DE LA GUERRA CIVIL

...Saravia tuvo la distinción de ser no solo el último de una ilustre estirpe sino de representarla en una vertiente poco conocida aún por los especialistas en el mundo gaucho: la que tiene su centro en la vasta región agreste situada entre el Uruguay y el Brasil, y que se conoce como Río Grande do Sul (del lado brasileño) y Cerro Largo (del uruguayo).

De Emir Rodríguez Monegal

(Escritor uruguayo, Montevideo 1921 – Cambridge EEUU 1985)

DE LA GUERRA CIVIL: LA BATALLA DEL MATURRANGO – CERRO LECHIGUANA

1897!!... aun permanecían la herida lacerante, profunda, ignominiosa de los sucesos bélicos a fines de 1864 y en el albor de 1865, conocida como la “HEROICA PAYSANDU”; además los ecos de la revolución del General Timoteo Aparicio denominada “Revolución de las Lanzas”.

Para la mejor comprensión de los enfrentamientos entre orientales de 1897 y 1904, se transcribe fragmentos de las recopilaciones históricas publicada por la Revista BASES DE LA HISTORIA URUGUAYA Nº 3 “El nacimiento del Uruguay” – Roger Geymonat y Alejandro Sánchez (*) y Nº 4 “El Uruguay se Moderniza” Cecilia Revello y Alberto Correa (**):

(*) HEROICA PAYSANDU

Alrededor de 9 mil hombres sitiaban a Paysandú.

Esta, con Leandro Gómez a la cabeza, contaba con unos mil defensores, mal y poco armados.

Flores había intimado la rendición el 1º de diciembre de 1864. Luego de leer dicha intimación Leandro Gómez escribió al pie de ella antes de devolverla: “Cuando sucumba”.

Durante tres días la ciudad resistió, en una increíble y épica defensa. El 10 de diciembre, y luego de una tregua, Paysandú estaba deshecho pero seguía imperando el deseo de resistir hasta sucumbir… El 14 de diciembre la flota brasileña reanudaba el cañoneo, mientras se preparaba el ataque definitivo, que el 31 de diciembre 600 hombres intentaran contrarrestar.

El año nuevo los encontró luchando. Cuentan Reyes Abadie y Vázquez Romero (1981): “No se habían cumplido el propósito del 1º, eran 4000 las bombas arrojadas por la escuadra, ya no quedaba un baluarte en pie, la cúpula de la iglesia estaba casi derrumbada, pero aun erguido el mástil con la bandera.

Los sanduceros ya no tenían municiones, pero el metralleo seguía, porque los brasileños querían estar seguros… Llego una segunda noche; el fuego no se contestaba porque no había ni pólvora ni balas.”

El 2 de enero la plaza cayó. Los soldados habían resistido los últimos tres días sin comer ni dormir.

A pesar de lo dispuesto por Flores y los jefes brasileños, Leandro Gómez y sus oficiales fueron fusilados, parece que bajo responsabilidad del feroz caudillo colorado Gregorio Suárez, a quien llamaban Goyo Jeta o también Goyo Sangre.

(*)LOS HECHOS

…En 1868, (Venancio) Flores decide abandonar el poder, convocando a elecciones.

En marzo de 1868 asumió el presidente colorado Lorenzo Batlle.

Durante su gobierno, se levanta la revolución de la divisa blanca comandada por Timoteo Aparicio, entre 1870 y 1872, conocida como “la Revolución de las Lanzas” por ser la última en nuestra historia que se libró al viejo estilo criollo de lanza y sable.

En 1872 se firmó la Paz de Abril, con la que se ensayará por primera vez la coparticipación entre los dos partidos, sobre la base de repartir las jefaturas políticas departamentales: cuatro a los blancos y nueve a los colorados.

Aparicio Saravia, erigido en caudillo del Partido Nacional, con intensa participación en las guerras civiles desde el levantamiento de de Timoteo Aparicio y en las guerras del Brasil, reivindicando garantías respecto al sufragio y representación de las minorías, enfrentó militarmente el gobierno de Idiarte Borda. Se reabrió así el capítulo de las guerras civiles para intranquilidad de los hacendados y altos comerciantes de Montevideo.

El levantamiento blanco provocó nuevamente la unidad del Partido Colorado que, para enfrentar la amenaza blanca, dejó en segundo plano sus diferencias internas… La confrontación del 97 terminó con la firma del “Pacto de la Cruz”, por el que los blancos obtenían seis jefaturas políticas, en lugar de las cuatro logradas en 1872, y la promesa de reformas electorales

A fines de 1896, se respiraba por toda la República Oriental aires de Revolución: por más justicia social, electoral y representativa, desterrar la corrupción en el entorno del poder exclusivista de los gobiernos de Julio Herrera y Obes e Idiarte Borda; encaramados en el trono de la omnipotencia, estilo de gobierno que no compartían el sector que lideraba José Batlle y Ordóñez del mismo Partido Colorado, y obviamente y consecuentemente el Partido Nacional…

En el crepúsculo del 1896 Aparicio Saravia comienza a formar su columna de combatientes y la revolución!...

Pues Saravia sostenía con convicción de que: “...La Patria es el poder que se hace respetar por el prestigio de sus honradeces y por la religión de las Instituciones no mancilladas... La Patria es el conjunto de todos los partidos en el amplio y pleno uso de sus derechos. La Patria es dignidad arriba y el regocijo abajo...”.

Se toman apuntes, de algunos hechos de la rebelión que acontecieron en el río “GRANDE COMO MAR”, del Centro de Estudios Históricos Navales y Marítimos – Cronología de Mar y Armada Nacional – Lic. Cristina Montalbán:

4 de diciembre de 1896 – En consecuencia de la revolución de Aparicio Saravia se movilizó una escuadrilla conformada por el “General Flores” y los mercantes armados “Enriqueta”, “Fulton” y “República” en prevención de pasaje de tropa y armamento desde Buenos Aires.

4 de marzo de 1897: Ante una segunda revolución del caudillo Aparicio Saravia, parten de Buenos Aires tropas al mando de Diego Lamas y José Núñez. Se arman nuevamente el “Enriqueta” y el “República”, agregándose el “Tabaré”, pero cuando llegan a Colonia ya se había producido el desembarco de las fuerzas de Lamas, a pesar de los esfuerzos por impedirlo del “Vigilante” que estaba en la zona.

7 de marzo de 1897: Las fuerzas de Núñez desembarcan en Conchillas. Se despachan desde Colonia la “General Artigas” y el “República”, saliendo desde Carmelo el “Vigilante”, pero tampoco se pudo impedir el desembarco. En el empeño de combatirlo la “Suárez” viola la jurisdicción Argentina por lo que el gobierno de este país – tras efectuar la protesta – envía tres buques de guerra a remontar el Uruguay con la orden de capturar a la “Suárez” si la encontraban en aguas argentinas.

15 de abril de 1897: Asalto a la cañonera “General Artigas”, cuyo jefe es el Comandante Luis Risso. Fallecen en la acción los Aspirantes Alberto Rodríguez y Alberto Suárez –revolucionarios que llevaron adelante la toma de la nave – el Teniente Enrique Gradín, El Aspirante José Ruiz, el cabo José Williams, el condestable Nicolás Piscistiello, el cabo de mar Valentín Benítez y el marinero Celestino Ferreira, resultando heridos el Comandante Risso y los cabos Francisco Oliver y José Dutruel.

20 de abril de 1897: La cañonera “Artigas” que había sido llevada a Zárate, es devuelta luego de gestiones diplomáticas verificadas por la Cancillería de nuestro país, trayéndose desde ese puerto a Montevideo a remolque de la “General Suárez”.

POR LOS PAGOS DE CASTILLOS, EN 1897…:

El Profesor Jesús Perdomo publicó en “El Palmareño” de mayo 1997 un artículo referente a un combate de la guerra civil de 1897 titulado “El Combate del Maturrango -La Lechiguana”. En una parte del artículo dice: “…también en el combate de la Lechiguana pues lo mas duro del mismo se peleó en la falda del cerro de este nombre se enfrentaron dos contingentes nutridos, por lo menos trescientos cincuenta combatientes en cada bando, hubo heridos y muertos, se tomaron prisioneros… un combate en toda regla! Washington Sena en una parte de la entrevista resaltó que “hace tiempo, ahí en el Paso del Bañado, mi padre y un tío mío encontraron unos trabucos, una lanza y hasta una bala de cañón y yo mismo encontré una moneda de 1869. A criterio de nosotros, opinamos, que pudo ser un campamento o una disparada o algo parecido”. (1)

Y continuando con Perdomo: “…tres muertos del combate en Maturrango Lechiguana fueron enterrados allí mismo donde cayeron. ¿Habrán sido trasladados sus restos alguna vez? ¿O estarán todavía sus huesos durmiendo el sueño eterno en los campos de Risso, hoy de Rubio o de la Colonia Don Bosco?”

Al leer este artículo rememoré una historia narrada por Mario Ubal Olivera, nieto de una sobrina del Coronel Leonardo Olivera, recordado héroe de la gesta emancipadora de nuestra patria.

“La espada que usó Leonardo en la batalla del Sarandí (12/10/1825) y en la toma de la Fortaleza de Santa Teresa (31/12/1825) entre otros combates fue utilizada por un tío mío llamado Gabino Ubal Olivera en la guerra civil de 1897 y estuvo en la batalla del Maturrango.

En esta contienda el ejército revolucionario blanco comandado por Marcelo González, derrotado y perseguido por las fuerzas gubernamentales al mando de Manuel Carabajal, se dispersaron; eran las últimas horas del día cuando mi tío apremiado y temeroso de que la espada quedara en manos enemigas la enterró separada de la vaina de suela y puntero de bronce en lo más espeso de los pajonales del Paso del Bañado.

Varios meses después y lograda la paz allá por setiembre de 1897, Gabino, uno de sus hermanos y el negro Avelino Abreu criado de los Ubales volvieron a buscar el arma. Tras una dificultosa tarea que los ocupó casi todo el día y ante la interrogante mirada de los vecinos la encontraron, pero la vaina nunca apareció… En 1938 mi familia donó la espada, un trabuco y una foto de Leonardo Olivera para el Museo de Fortaleza de Santa Teresa”.

De esto le comentaba a mis acompañantes, Beto Pérez y el Indio González, este último llevo su mano a la cabeza, echó la boina hacia atrás dejando su frente curtida de años al descubierto y exclamó: “¡Caramba! Yo era muchacho y peón del turco Moisés Caram, andábamos por la estancia de los Risso y en el galpón de la esquila había un cajón, ya maltrecho, con restos humanos de tres personas”.

Aparicio marcó una pausa, perdió su mirada a través de sus lentes gruesos en la Sierra de los Risso y prosiguió con su relato: “el que rescató estos restos fue don Gil Taylor capataz de la estancia, los rescató de un lugar llamado el galpón de los toros; muchos años después fueron llevados en tres coches que llegaron a la estancia con banderas blancas”… “Cuando los Rubio arrendaron la estancia de los Risso, en diecisiete reales la cuadra, el cajón ya estaba podrido y lo pusieron en un cajón de productos “Cooper” que en las cabeceras venían con un suncho de alambre. Yo ya era peón de la estancia”.

El rostro del Indio González se llenó de picardías, largó una risa algo chillona y comentó: “en una ocasión el finado Castelar vino del pueblo, entró al galpón y vio a un hombre acarranchado arriba de un tirante fumando frente al cajón de los muertos, se asustó y salió disparando campo afuera”… “Muchas veces aparecían cosas muy raras, casi toditas las noches estábamos la peonada sentados en la cocina mateando y veíamos seguido que los perros salían despavoridos aullando desde el galpón, lo que pasaba no sabíamos, pero algo pasaba…”

Pero el relato de Aparicio no se detuvo ahí y con relación a lo anterior recordó lo que una vez don Gil Taylor le comentó: “en la estancia del Cerro, en las sierras, en el potrero El Aguay, que tiempo después fue propiedad de la Caja Notarial, más cerca de la laguna que del Camino de Los Indios, en un lugar que se llama La Piedra Hueca existe una losa larga que si se pasa a caballo sobre ella retumba como que es hueca.

Se dice que debajo hay escondido un armamento de la época de la guerra civil del 1897, de la gente de Aparicio”.

UN NEGRO SIN NOMBRE

En un acto recordatorio de las guerras civiles de nuestro país, en la instancia que el Profesor Jesús Perdomo narraba el acontecimiento histórico de la batalla Maturrango- La Lechiguana, expresó: “… si se me perdona que “glose” una conocida estrofa de Yamandú Rodríguez, al narrar la “Carga de Arbolito”, también en la Revolución del 1897, bien podríamos caracterizar a la “topada” del Maturrango – Lechiguana de esta manera:

“Toparon en Maturrango

El “Manduca” y el Marcelo

De un lado divisas rojas,

Las de enfrente, color cielo…”

“… En esa topada de La Lechiguana se dio un hecho, pequeño en sí, pero, humanamente muy llamativo… El dato lo encontramos en el Informe que presenta – sobre sus actividades durante la Revolución del 1897 – La “Cruz Roja de Damas Católicas”…

“Cinco muertos se levantaron del campo en La Lechiguana: Abelardo González, Antonio Pérez, Baldomero Palmer, Francisco Parejas y un MORENO sin identificar…”

“Ni siquiera quedó constancia de a que bando en armas había servido el Negro fallecido en acción, si al colorado o al blanco.

Se sabe que, tanto en las fuerzas gubernistas como en las revolucionarias, se enrolaban numerosos paisanos de color que, generosamente, brindaban su brazo y su vida para sostener ideales por un progreso que – tal vez – ellos nunca alcanzarían.

Ese moreno “anónimo”, muerto en el campo indio del Cerro La Lechiguana (en su cumbre existe un pétreo “bichadero” indígena), nos conmueve profundamente por su humilde y generosa entrega…Nuestro poeta Humberto Ochoa evoca esa emblemática figura del caído en La Lechiguana, por medio de un poema que tituló: “UN NEGRO

SIN NOMBRE”, rescatando también la vibración vital de la sangre africana, componente primordial de la comunidad castillense hasta hoy.

¿Dónde aflora, en el Poema, esa evocación del “africano” castillense?

En que el poeta aventura que el “negro anónimo” fuera vecino de estos pagos, más en concreto, de la “PORTERA NEGRA”, poblado casi “pegado” al Cerro Lechiguana, conformado íntegramente por familias “de color” y donde “MAMA CIGÜEÑA” era la diligente partera encargada de traer al mundo a los negritos que nacían…”

“UN NEGRO SIN NOMBRE”

1

Al pie de este Cerro altivo

Cayeron cinco valientes,

Aguerridos combatientes

De idearios conflictivos…

Coraje recio y nativo

De la sangre de esta tierra…

Que en fiero fragor de guerra

A blanco y a colorados

Han mantenido enfrentados

Por los valles y las sierras…

2

La Historia guardó recuerdo

De cuatro de aquellos hombres,

Pero hubo “un negro sin nombre”

Que no fue manso ni lerdo…

Firmó con sangre un acuerdo

De hacer la Patria mejor,

Y cabalgó con honor

Tras su divisa y su diana,

Y llegó a “La Lechiguana”

Demostrando su valor…!!!

3

Allí quedó, boca arriba

Remedo de Cruz del Sur…

Entre el verde y el azur

Una bala lo derriba,

Y corta, definitiva

Su existencia, rayo y trueno…

Poniendo a su sueño un freno

De acompañar al Caudillo

Y en los pagos de Castillos

Le abrió su tumba al moreno…!!

4

-“Mama Cigüeña”, maldigo

Al frío que me está matando…

- dice el negro, delirando-

“Dame de nuevo el abrigo

De tus brazos, pues contigo

Yo pude venir al mundo…

Apadrinao po`el profundo

Saber de tu cencia tora…

Dame tu mano Melchora

Que en la negrura me hundo…”

5

Entre la espina de cruz

Y las rocas de granito

Se escucha el eco, bajito

Mientras llamas a Jesús…

“Priéndeme Señor, la luz

Que ya se apagan mis ojos

Y un tibio horizonte rojo

Abre su cauce ante mí…

A mi patria me ofrecí

Y a ella brindo mis despojos…!!

6

No se sabe a cual divisa

Defendió con altivez…

Solo el color de su tez

Guardó la historia precisa…

Un tibio parte desliza

“también un negro sin nombre”…

Aunque mucho nos asombre…

Ni vencedor, ni vencido.

Fue con los otros caídos

UN NEGRO MACHO,… “UN HOMBRE”!!

Humberto Ochoa Sayanes,4 de agosto de 2007.

LA PLAQUETA RECORDANDO LA BATALLA

En la búsqueda de información de historias del Camino de Los Indios, me contacté con el hoy ex funcionario municipal Don Mario Bobadilla, en dicha instancia encargado del cementerio de Castillos. Bobadilla encontró en el osario general y oculto debajo de la tierra de un hormiguero una plaqueta de bronce, con el celo que lo caracteriza la limpió y barnizó, salió a luz el siguiente texto: “HOMENAJE DE LA COMISIÓN SECCIONAL AL SOLDADO NACIONALISTA DESCONOCIDO EN LOS HÉROES ANÓNIMOS INMOLADOS EN ARAS DE LAS LIBERTADES CIUDADANAS, EN MATURRANGO EL 24 DE MAYO DE 1897. CASTILLOS, NOVIEMBRE 16 DE 1930”.

(1) Lo subrayado es información obtenida por el autor de este artículo en la entrevista que realizara al Sr. Washington Sena.

Castillos, Agosto de 2009.

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