Ofrendo este trabajo a mis nietos:
Joaquín y Valentina Rocha Izquierdo.
INTRODUCCIÓN:
Reiteradamente se enumera los dones que la naturaleza
brindó al territorio del Departamento de Rocha. Es un
conjunto heterogéneo de paisajes: el océano con su costa y
sus dunas, las Lagunas con sus variados ambientes y
disímiles entre si, las sierras, los humedales o bañados
de diversas características, el palmar butiá especie única
en el mundo como también lo es el monte de ombúes entre
otros componentes de la geografía de Rocha. A lo reseñado
precedentemente hay que asociar las riquezas de otros
elementos de la flora que implícitamente va acompañado de
una extensa y diversificada fauna.
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No queda al margen de este contexto el factor humano
que interactúa en esta obra “pictórica natural”
dando una identidad propia incluso en su expresión
idiomática.
Rocha posee profundas y ricas raíces aún para
descubrir, quizás a través de otros senderos; aprender
a recorrer este territorio de una manera distinta y en
ese transitar surgirán elementos, vivencias y matices
de vida sorprendentes.
El Profesor Humberto Ochoa Sayanes con el siguiente
aforismo nos realiza una invitación o sugiere un
camino: “La vida canta, a diario, con millones
de voces, audibles e inaudibles, en trinos de aves, en
rumor de agua, en suaves aleteos de mariposas, en
palpitar de estrellas... Basta con dirigir la
sensibilidad a estas manifestaciones para percibir su
música y comprender su magnificencia... Cuando se
lleva el alma dispuesta es fácil entender los mensajes
del silencio”. |
EL
CAMINO DEL INDIO:
Nombre que suena a una invitación de aventura, obviamente
que sí, con andanzas distintas conduciéndonos a nuevos
destinos siendo caminantes con capacidad de asociar una
serie de contextos de vida y componentes físicos que
brinda la naturaleza. De esta manera comprenderemos
valorar y potencializar estos recursos para futuras
generaciones.
Marcando un punto de partida, El Camino del Indio o a Los
Indios –como antiguamente se le denominaba- nace en la
ciudad de Castillos y por ella surgirán diversas estampas
a lo largo de su extensión, este trayecto comprende las
rutas 16 hasta el entronque con la 14, a la altura del
Destacamento Policial Los Indios, luego por la 14 hasta
arribar a ruta Nº9 próximo al Balneario La Coronilla,
precisamente en el trébol donde se emplaza el Resguardo de
Aduana homónimo al balneario.
EL
ANTIGUO CAMINO
Antes de que se construyera el Camino o Ruta 16 y 14 se
accedía a esos parajes por el Camino de las Sierras ó de
Las Estancias que desde Castillos tenía como punto de
partida el Matadero o Abasto Municipal continuando luego
la Cueva del Tigre prolongándose hasta llegar a la Punta
de las Sierras, La Blanqueada, Peñón del Sauce, el Paraje
Los Indios y otros, a lo largo de este trayecto se unían
diversos caminos vecinales.
Para
transitar estos senderos era necesario abrir un sinnúmero
de porteras, vadear bañados, arroyos y otros cursos de
aguas menores y superar escabrosas sierras como ejemplo de
otras vallas naturales.
INICIANDO
EL VIAJE:
A
dos kilómetros de Castillos en la loma del primer gran
repecho, el Camino utilizó el predio de un corral de
piedras de grandes dimensiones estaba ubicado en los
campos de Elciria Rocha de Rocha ó Da Rocha de Da Rocha
que era acompañado por otro pero de tunas de gran porte.
Este
corral de piedras según descendientes de la referida
propietaria fue construido por mano esclava e indígena y
era común que se realizaran periódicamente en ella
diversas actividades religiosas como ser: misas campales,
casamientos, bautismos y confirmaciones. Además, en el
domicilio de doña Elciria se dictaban clases de
catecismo.
Prosiguiendo este imaginario viaje nos encontramos con
numerosos y variados escenarios paisajísticos que abrigan
historias silenciosas de cuantiosas vivencias humanas.
Hoy, algunas de ellas afloran al conocimiento público a
través de la tradición oral como la crónica relatada
anteriormente.
LA CUEVA
DEL TIGRE
A
nuestra izquierda luce gallardo el Cerro de los Rocha con
su parte más prominente: La Cueva del Tigre. Según la
leyenda dice que un negro esclavo de nombre Joaquín
apodado “Barbate” “propiedad” de Joaquín
Sipriano Da Rocha aceptó el desafío de matar al tigre o
más bien yaguareté y para ello utilizó un gran facón
mientras que en el otro brazo se envolvió un poncho
grueso de paño. De esta manera se enfrentó al felino y
tras una encarnizada lucha ultimó al último yaguareté de
la zona según la crónica recogida.
Este
lugar es un inmejorable atalaya para disfrutar, deleitarse
a pleno de las bellezas naturales que conforman un
interesante panorama de la región de Castillos.
Este
paisaje también fue escenario de otras actividades
religiosas en la misma época que la narrada anteriormente
y consistía en encender grandes hogueras en las noches de
San Juan, San Antonio y San Pedro en las partes más altas
del entorno de la Cueva del Tigre reuniendo a todos los
vecinos del lugar.
LA SENDA
EN EL PALMAR.
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A nuestra derecha se extiende un profuso palmar de la
especie butia capitata y este ecosistema único en el
mundo adquiere el nombre según el apellido de los
propietarios o de otros elementos de denominación,
por ejemplo “El Palmar de las Enviras”. |
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De
acuerdo a la tradición oral indica que por el 1763 el
Virrey Pedro de Cevallos mandó abrir una senda en el
palmar –recuérdese que en esas épocas no existían los
actuales trazados de rutas- para el traslado del tren de
carretas, pertrechos, artillería, utilería y el ejército
con el fin de desalojar a los portugueses quiénes al mando
de Tomás Luis de Osorio estaban atrincherados en la
fortaleza de Santa Teresa.
Al
respecto, Orestes Araujo en su Diccionario Geográfico del
Uruguay editado en 1900 establece: “...la noticia
histórica de que fue el General Cevallos, en su célebre
expedición a Río Grande, quien con un gallardo cuerpo de
Gastadores y Zapadores, abrió a través de la selva de
palmares el camino que aún conduce al Paso del Bañado.”
EL
PALMAR DE TIBURCIO.
Donde culmina el promontorio del Cerro de los Rocha, a
principios del siglo 20, su propietario Don Tiburcio Rocha
Rocha dejó un ejemplo difícil de emular en estos tiempos
que transcurren: con enorme paciencia recogió las pequeñas
palmeras butiá en riesgos de supervivencia de los lugares
afectados a diversas tareas del laboreo de la tierra.
Las
trasplantó y paulatinamente ocupó un predio cuadrangular
de una hectárea de extensión y por el resto de su vida las
cuidó celosamente, supo ignorar las ironías de sus vecinos
por el trabajo que realizaba y hoy poseemos un tesoro: el
Palmar de Tiburcio y su ejemplo. Al respecto, fue un
pionero en la preservación de esta especie tan
significativa y simbólica para los rochenses y
particularmente los castillenses.
EL PASO
DEL BAÑADO.
El
Paso del Bañado conocido antiguamente como Paso de la
Lechiguana alberga en el baúl de los recuerdos numerosas
historias. Existió en este lugar una importante
concentración de pobladores con diversos comercios desde
almacén hasta herrería y pistas de carreras de caballos o
pencas. La principal actividad laboral de estos vecinos
fueron diversos rubros de la explotación agropecuaria,
luego surgió una fábrica de crin vegetal que se obtenían
de las hojas de palma y el pionero según la aseveración de
vecinos fue un señor de apellido Dinegri. Luego se
instalaron: Benigno Sena con su planta de elaboración de
fibra Miropalm, “Quico” Rodríguez y Fábrica Uruguaya de
Alpargatas.
Este
hermoso paraje fue escenario de unos de los combates de la
guerra civil de 1897, y al respecto recurrimos a una
publicación del periódico “El Palmareño” de mayo 1997 de
la pluma del Prof. Jesús Perdomo titulado “El combate
del Maturrango-La Lechiguana” del cual extraemos el
siguiente texto: “...también en el combate de La
Lechiguana pues lo más duro del mismo se peleó en la falda
del cerro de este nombre se enfrentaron dos contingentes
nutridos, por lo menos trescientos cincuenta combatientes
en cada bando, hubo heridos y muertos, se tomaron
prisioneros... un combate en toda regla!”.
Mario Ubal Olivera nieto de una de las sobrinas del
Coronel Leonardo Olivera -protagonista junto a otros
héroes de la gesta emancipadora del Uruguay- comentó
“... la espada que usó Leonardo en la Batalla del Sarandi
y en la toma de la Fortaleza de Santa Teresa por el 1825
entre otros combates fue utilizada por un tío mío llamado
Gabino Ubal Olivera en la guerra civil de 1897 y estuvo en
la Batalla del Maturrango. Los blancos derrotados y
perseguidos se dispersaron, Gabino apremiado y temeroso de
que la espada quedara en manos enemigas la enterró
separada de su vaina de suela y puntero de bronce en lo
más espeso de los pajonales del Paso del Bañado. Lograda
la paz de septiembre de 1897 junto a uno de sus hermanos y
el negro Avelino Abreu volvieron a buscar el arma, labor
que les llevó un día, encontraron la espada pero la vaina
nunca más apareció... En 1938 mi familia donó la espada,
un trabuco y una foto de Leonardo Olivera al Museo de la
Fortaleza de Santa Teresa”.
En
la Estancia de los Risso en el galpón de esquila existió
un cajón con restos humanos de tres personas que según la
tradición oral perteneció a combatientes de la batalla El
Maturrango-La Lechiguana. Varios años después en las
primeras décadas del siglo veinte fueron llevados en tres
coches que arribaron a la estancia luciendo banderas
blancas, los referidos cuerpos pertenecían al Escuadrón
San José. La memoria de nuestros mayores sigue aportando
datos interesantes sobre la zona de influencia del Camino
del Indio, por ejemplo Don Gil Taylor aseveró: “... en
la Estancia Del Cerro en las sierras del potrero El Aguay,
que tiempo después fue propiedad de la Caja Notarial en un
lugar conocido como La Piedra Hueca existe una loza larga
que pasando a caballo sobre ella retumba como que es
hueca, dicen que debajo hay enterrado, escondido,
armamentos de la Guerra Civil del 97 de la gente de
Aparicio...”.
LOS
CORRALES DE PALMAS.
La
región de Castillos tiene la singularidad de poseer
numerosos corrales de palmas utilizados en la época
colonial bajo el dominio de españoles y portugueses para
el manejo del ganado y en el Camino del Indio encontramos
varios de ellos. Los troncos de las palmeras de estos
corrales se ven con nitidez un estrangulamiento o
estrechamiento y al respecto se manejan algunas hipótesis
de este fenómeno.
Por
un lado aseveran que es un traumatismo a consecuencia del
trasplante, y otros le atribuyen al tiento o guasca de
ganado vacuno mojado que unían una palma a otra que al
secarse va generando una importante opresión sobre el
tronco, esta última versión fue recogida a un vecino de
avanzada edad que se lo escuchó a un descendiente indígena
asentado en la región.
Se
maneja la hipótesis que estos corrales fueron construidas
con mano indígena misionera y esclava, los hay de diversas
formas: solamente de palmas, palmas y piedras, palmas y
banana silvestre (bromelia fastuosa), además
existieron las de palmas con palo a pique entre cada una
de ellas, y obviamente los de piedra exclusivamente.
FENÓMENO
BIOLÓGICO:
La
Profesora Adriana Bonfrisco Mancebo consultada al respecto
precisó “...de acuerdo a los datos extraídos del libro
Flora arbórea y arborescente del Uruguay de Atilio
Lombardo dice que la palma butiá tiene un tronco o
estípite –los dos nombres son sinónimos- que se eleva
entre cuatro y ocho metros. Hojas pinnaticompuestas, son
hojas compuesta de hojuelas insertas de uno y otro lado
del pecíolo de color ceniciento. La palmera tiene una
ramificación monopodial simple y esto significa que tiene
una yema –donde está el tejido joven- en el extremo
superior del tallo hacia arriba que permite que éste
crezca y la generación de hojas a la vez. Cuando las
hojas caen dejan una cicatriz en el pedacito de tallo que
originó la yema dándole un aspecto característico.
Si
se divide el tallo en dos o tres estípites cada uno tiene
un follaje vulgarmente denominada cabeza; esto es producto
de una mutación según la información obtenida en el
Departamento de Genética de la Facultad de Agronomía...”
A lo
largo del Camino del Indio en donde transcurre el palmar
es posible detectar
palmeras con un único tronco y varias “cabezas”. Existen
desde dos hasta la que hubo de nueve “cabezas” de un lado
y otro del Camino, por ejemplo en la Estancia El Palmar
existió una con nueve que actualmente le quedan tres, en
el mismo establecimiento existieron otras: de siete le
quedan seis, de seis que sobreviven cuatro. Otro ejemplo
es en un establecimiento rural ubicado atrás de la Escuela
del Paso del Bañado que posee cuatro follajes o cabezas.
LA
RIQUEZA BIOLÓGICA:
Casa
Ambiental realizó diversos estudios pormenorizados de la
riqueza biológica de la región de influencia de las
lagunas Negra y Castillos. El Camino del Indio significó
la columna vertebral de las investigaciones de zoólogos,
botánicos, ecólogos constatando pistas valiosas para
comprender mecanismos y procesos naturales que brindan un
conocimiento para planificar políticas productivas y de
desarrollo con sentido sustentable.
LA
LAGUNA DE LOS DIFUNTOS.
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La Laguna Negra es una de las estampas paisajísticas
de singular belleza, antiguamente fue conocida como la
Laguna de los Difuntos en virtud de que en las cuevas
de los cerros del lugar se encontraron esqueletos
humanos, afirmándose que se trataba de indígenas
acompañados de diversas utilerías de uso doméstico y
de caza entre otros elementos. |
Por
sus cerros, sierras y monte indígena fue un lugar propicio
para dar cobijo a personas con otros estilos de vidas:
matreros como “El Cuba”, Mateo Cabral y otro de apellido
Fuentes. Con éstos interactuaban los contrabandistas de
cargueros a caballo llevando mercadería brasileña
proveniente del Chuy a diversas partes del Este uruguayo y
los ecosistemas enumerados fueron ambientes propicios para
llevar a término el fin que buscaban. Este mismo fenómeno
se dio frente a este lugar, a la izquierda con orientación
a la ruta 14 en el paraje conocido como Cerro Negro en él
vivieron numerosas personas al margen de los
convencionalismos sociales dominantes o fuera de la Ley.
Entre ellos Santos Emilio Barboza “El Brasilero” que se
dedicaba a la elaboración de carbón con la materia prima
que le brindaba el monte indígena, en la convivencia
directa con la naturaleza se ganó la amistad de diversos
animales y por ejemplo tenía algunos zorros dos ellos se
llamaban Marcelino y Cirilo. Otra persona de nombre Juan
Moreira apodado “El Pulga” ó “El Pulgar”, que aún vive,
siendo más joven estuvo al margen de la Ley y se refugió
en Cerro Negro oculto por mucho tiempo y subsistiendo con
alimentos que proporcionaba el lugar o de pequeños hurtos
de carne, galletas, yerba y tabaco en las estancias
aledañas hasta que un día fue descubierto por los peones
de la estancia Santa Ana. En su permanencia en Cerro Negro
además de las incursiones por los establecimientos rurales
se dedicaba a hacer figuras humanas o muñecos con tierra
arcillosa o greda. Actualmente es peón de campo y aún
permanece conchabado en distintos establecimientos rurales
de la zona, es común verlo transitar a pie por el Camino
del Indio.
LA
PORTERA NEGRA.
En
la intersección de las rutas 16 y 13 existió un núcleo
poblado integrado por vecinos de la comunidad negra que
superaba la treintena de familias y fue conocida como “La
Portera Negra”. Dicha denominación no fue por los vecinos
asentados en el lugar sino por una portera de grandes
dimensiones pintada de bleque de la Estancia El Cerro y
por ella se accedía antes de la construcción de la Ruta 16
a los parajes: Peñón del Sauce, Los Ajos, Potrero Grande,
Bañados Los Indios...
Este
pueblito aportó a las estancias de la región peones
“pa`todo” y las mujeres además de atender las tareas
domésticas se dedicaban al lavado y planchado de ropa de
las estancias del lugar. En sus proximidades existió un
local de feria ganadera conocido como “La Feria del Ocho”
y los troperos tenían como punto de reunión y distracción
este vecindario.
Existieron en su oportunidad hasta tres almacenes y uno de
ellos tuvo teléfono precisamente el almacén San Cono de
Marcos D`Onollo que actualmente es una tapera, único y
mudo testimonio de aquella población de negros.
LOS
ÚLTIMOS PARAÍSOS.
Casa
Ambiental con la ONG. Profauna efectuó un taller de video
que utilizó como escenario y argumento básico de imágenes
los ecosistemas del Camino del Indio y los protagonistas
de este desafío fueron los jóvenes de Casa Ambiental. La
temática seleccionada para la realización del film fue la
introducción de especies exóticas y sus consecuencias
ambientales.
Ingredientes de aventura y amor en una escenografía
natural con el asesoramiento técnico especializado se
logró el cortometraje titulado “Los Últimos Paraísos”
y estrenado en la Sala de Cine “2 de Mayo”.
EL
RESCATE DE CAIFÁS.
El
capataz de la estancia La Laguna Negra Rubén Iroldi
Escobar era propietario de un perro de nombre Caifás, un
día y como es costumbre en los establecimientos rurales
diariamente salen a cumplir diversas tareas. Iroldi partió
con su Caifás y dos perros mas llamados Tarascón y Trabuco
rumbo a la laguna; hacía tiempo que se les cruzaba un
zorro que pifiaba a los perros y éstos le habían tomado
encono porque no le podían dar alcance. Lo persiguieron
hasta las sierras y el zorro se metió en una de las cuevas
allí existentes y Caifás por ser más delgado de cuerpo se
metió a capturarlo y quedó atrapado.
Ante
esta situación –el 24 de septiembre de 1957- con total
apoyo del propietario del establecimiento rural se
resolvió rescatar el perro atascado entre las piedras
empleando punzones, picos y marrones pero no se logró el
objetivo. El patrón como buen tozudo resolvió pedir apoyo
al Batallón de Infantería Nº 12 de la ciudad de Rocha para
recuperar el perro, gestión que se logró y se trabajó con
barrenos hasta remover las piedras.
Luego de varios días de labor se recuperó con vida a
Caifás, durante la operación rescate se contó con el apoyo
del médico veterinario Dr. Milton Almandós.
Este
gesto motivó que la Sociedad Protectora de Animales fuera
hasta la estancia La Laguna Negra para la entrega de
medallas y una placa de reconocimiento por la labor
desarrollada en el rescate luciendo el siguiente texto:
“ AUPA en reconocimiento de quienes en noble gesto
rescataron a un perro fiel: Caifás”.
Caifás estaba marcado por la tragedia, un día de los
tantos acompañó a la peonada que fueron a desarmar un
corral de cerdos ubicado un lugar donde proliferaban
víboras, una crucera le picó en el hocico por andar
husmeando en el lugar. Nuevamente se lucha por su vida
pero fue infructuoso, resultó imposible salvarlo.
Al
respecto existe un romance compuesto por el peón de la
estancia Oroniel Santurio del cual extraemos una parte de
su composición:
.........................................
No
importa lo que gastaron
Esta es la hazaña cumplida,
Del personal de una estancia
Que supieron con prestancia
Poner a salvo una vida,
No
importa los cinco días
De
trabajo realizado,
Ellos solo habían ansiado
Salvar a su amigo fiel
Como si hubieran soñado.
Para todo el personal
Y
para el joven estanciero,
Les brindo el verso campero
Con un saludo cordial,
Al
capataz igual
Que han hecho de la bondad,
Toda la felicidad
Al
destruir un gran cerro
Y
salvar un gran perro
De
diez años de edad.
............................................
EL
COMANDO REVOLUCIONARIO.
La
Estancia La Blanqueada es el centro de diversas historias
tejidas a lo largo de su extensa vida. Cuentan que en el
año 1925 un comando revolucionario del Partido Libertador
del Estado de Río Grande del Sur estuvo asentado por muy
poco tiempo donde recibió un importante armamento
proveniente de la capital de nuestro país.
El
Dr. Amaranto Paiva Coutinho, titular de la estancia,
médico de Santa Victoria Do Palmar, era integrante del
Partido Libertador enfrentado al gobernador riograndense
Borges Mederos. Este gobernante era considerado un déspota
autoritario, rodeado por personas que estaban por encima
de la ley y herederos de la filosofía de gobierno de mano
dura de Julio Castilhos en Río Grande del Sur; eran los
tiempos del gobierno de Getulio Vargas.
El
Jefe del comando revolucionario brasileño era el Coronel
Adalberto Correa quien cultivaba las mismas ideas que el
Dr. Amaranto Paiva pero con perfiles personales
diametralmente opuestos. Los revolucionarios se habían
ubicado en uno de los montes de la estancia rumbo a la
laguna, en un lugar conocido como “Los Aguaíses”,
recibieron el armamento esperado, acomodado en grandes
cajones de máquinas de esquilar de marca alemana, fue
depositado en el almacén, ferretería y acopios de frutos
del país de Simón Otero y de ahí fue transportado hasta la
estancia.
Cuando estaban realizando los preparativos del traslado de
las armas al Brasil todo aquel que llegara al
establecimiento rural quedaba detenido. Cuentan que ese
día “Ramireya” –un peón rural- salió de la estancia Corral
de Palma para La Blanqueada y cuando llegó le salió cuatro
brasileños y lo retuvieron; con mansedumbre campesina éste
empezó a desensillar su caballo frente a la atenta mirada
de sus secuestradores. Caminó lentamente, sin apuro, abrió
la portera del potrero para soltar su caballo e
imprevistamente montó en pelo y se les fugó ganándose a
las sierras de los Correa; allí abandonó su caballo
agotado y llegó a pie a Castillos donde efectuó la
denuncia en la comisaría.
Los
campos del bañado Los Indios eran propiedad de la sociedad
Yaguna (o Llaguna) y Terra (Gabriel Terra, presidente de
la República de 1931 a 1938) y en este lugar estaba el
puestero Claudio Rocha apodado “El Capincho” quien se
encargó de cruzar el armamento por ser un conocedor de la
zona.
Cuando el comando estaba acampado a la orilla del bañado
para cruzar al otro lado llegó un comisario de apellido
Cáceres o Cásales con cinco policías y entabló diálogo con
Adalberto Correa para que depusiera de su actitud y se
entregara; éste tomó una metralleta y expresó: “yo no
vengo a hacer lío acá en el Uruguay pero en un minuto
barro con ustedes”.
El
comisario ante esta situación dio vuelta con sus
subalternos y avisó al destacamento de batallón que había
en San Miguel. En tanto ocurría esto, los revolucionarios
ya habían cruzado el bañado y en las proximidades de la
comisaría del antiguo pueblo Gervasio y el Camino a la
Higuera se produjo el enfrentamiento. Hubieron solamente
heridos y uno de ellos fue el Coronel Adalberto Correa, no
quiso que el Dr. Álvarez Caimí lo anestesiara por miedo a
que lo mataran y aquí concluyó la aventura revolucionaria
de Correa.
ARTE
RUPESTRE.
Sobre ruta 14, próxima al acceso a Potrero Grande existe
una zona rocosa y lugar inmejorable para dominar una vasta
región dando la sensación de un espacio infinito ante sí.
Este sitio no hace mucho tiempo llamó la atención a los
lugareños y luego a los investigadores por unas
determinadas formas grabadas en las piedras, en el mismo
se aprecia que profesionales de la Universidad realizaron
investigaciones al respecto dado que existen testimonios
claros de identificación de los estudios realizados en lo
que se supone que se trata de arte rupestre de alguna
comunidad indígena que viviera en el lugar. Es un total
misterio el significado de esos símbolos y la difusión que
se ha dado de ella es prácticamente nula, al menos para el
ciudadano común.
BAÑADO
LOS INDIOS.
El
Biólogo de Casa Ambiental Giancarlo Geymonat brindó su
opinión sobre los roles de la naturaleza en sistemas como
el arroyo y bañado Los Indios “ El bañado Los Indios
representa hoy uno de los puntos de observación de fauna
de mejor acceso para el amante de la naturaleza. El
turista, al igual que nosotros, puede hacer un alto en el
camino y munido de prismáticos, catalejos, o mejor aún, de
un telescopio podrá identificar unas ochenta y cinco
especies de aves y admirar su comportamiento.
Desde el pequeño Junquero al gran Chajá, desde la esbelta
garza mora al regordete Macacito y desde la nerviosa
golondrina a la estática Becasina la diversidad de
adaptaciones en formas, colores y movimientos parece
infinita. Con suerte podremos ver fugazmente a varios
mamíferos. Nutrias y carpinchos, comiendo tranquilamente
tiernas hojas de camalotes; zorros recorriendo los
pajonales en busca de algún pequeño ratón, murciélagos
surcando las últimas luces de la tarde. Si permanecemos
quietos durante un buen rato, cobrarán movimiento
numerosas criaturas a nuestro alrededor: saltamontes,
langostas y ranas, tímidas avecillas y hasta alguna
culebra inofensiva se nos acercará sin temor. Otro mundo
de sensaciones se abrirá ante nosotros si esperamos la
puesta de sol. Y si por algunos minutos cerramos nuestros
ojos y nos dedicamos sencillamente a escuchar, un halo
místico y musical, formado por miles, millones de plantas
y animales, crean un concierto de vida... Pero si bien hoy
estas exuberancias nos impactan, algunas narraciones de
cronistas y naturalistas del siglo pasado nos indican que
las condiciones y la dinámica de las aguas en el bañado de
Los Indios ha sufrido severos cambios, principalmente a
partir de la realización de las obras de canalización para
la desecación de los bañados adyacentes.
Hoy,
el antiguo arroyo de Los Indios perdió su cauce y se
convirtió en un denso pajonal. Muchos factores han
cambiado sensiblemente el espectáculo que hoy nos puede
ofrecer el bañado de Los Indios, a pesar de que no hemos
sido plenamente conscientes de dicho cambio.
Hoy
dependemos de todos nosotros que el bañado de Los Indios
perduren... que vuelva a brindarnos su concierto de
vida.”
EL
PUENTE.
En
la década de 1930 se construyó el puente sobre el
ecosistema del arroyo y bañado Los Indios y la misma
implicó una ardua labor. Antiguamente se vadeaba por un
afirmado de piedras que permitía el paso de las carretas,
carros, caballos y la tropa muy próximo al puente, se le
conoció como el Paso de las Carretas.
En
la construcción del puente dos obreros de la empresa
ALBINO ZECCHI tuvieron un enfrentamiento, el sobrestante
Corbo Hutton comunicó a la Sub. Comisaría de la Punta de
la Sierra el hecho, en los siguientes términos: “...
Comunico a ud. Que en la tarde de hoy ( era el viernes
18 de junio de 1937) y a la hora 16 y10 dos obreros de
la empresa ALBINO ZECCHI, que construye el puente “LOS
INDIOS” se trabaron en pelea resultando herido de bala en
el cuello el operario Gregorio Vizcaíno, lo que pongo en
conocimiento de esa Policía a los efectos del caso: el
heridor es el operario Mariano Deodoro Mieres, esperando
la más rápida intervención saluda a Ud. Muy att.
M.
Corbo Hutton – Sobrestante”.
CONCLUSIÓN:
El
Camino del Indio la construyó la empresa Neyeloff y
Barrandegui donde los obreros emprendieron la obra
prácticamente a pico y pala. Beltrán “Beto” Pérez
–fundador del Museo Arqueológico de Castillos, que hoy
lleva su nombre- relató su experiencia como obrero de esta
ruta “... la empresa exigía más de lo que uno
humanamente podía, era una vida dura y el trabajo al
extremo de socavar nuestra resistencia física... cobrar
los salarios era una dificultad mayor, casi tan duro como
la labor de abrir a pico y pala la ruta, la deuda llegaba
hasta los sueldos de tres meses y apenas nos pagaban el de
un mes... para exigir venían en un caballo árabe, para
pagar en una mula manca”.
Las
viviendas de los obreros del Camino del Indio eran
precarias, consistían en unas tres hiladas de terrón,
techo de paja y piso de tierra: unas aripucas. Cuando la
construcción de la ruta se distanció del campamento a los
obreros los trasladaban en camiones, sin toldos que los
resguardaran del frío en invierno, del sol en el verano y
de la tierra que al transitar del vehículo se levantaba
dificultando la respiración.
El
campamento permanecía hasta que a la empresa no le era
redituable llevarlos y traerlos desde el lugar de la obra,
armándose un nuevo asentamiento en la avanzada.
La
segunda guerra mundial afectó en la forma de hacer el
trazado, la maquinaria existente en aquellas épocas no
contaba con el combustible para ser movilizada a causa de
la veda ocasionada por la contienda mundial.
El
obrero a pico y pala y fundador del Museo “Beto” Pérez
compuso un poema titulado “Camino del Indio”, del
cual extraemos algunas estrofas:
....................................
Este Camino del Indio
Que culebrea hasta el Chuy,
Casi niño, a pico y pala,
En mis tiempos recorrí...
Armábamos la herrería
Debajo el canelón
Y, apenas amanecía,
Meta martillo y marrón!
Aquí dejamos el jugo
Y gotitas de sudor
Bajo el miserable yugo
De un gringuito explotador...
Qué tiempos aquellos tiempos
Difíciles de pelar!...
Arrastrados por los vientos
¿Dónde habrán ido a parar?
..............................................
NÉSTOR ROCHA - CASA AMBIENTAL
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