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PRESENCIA
DE COMUNIDADES INDÍGENAS.
Relatar la historia del actual balneario Barra de Valizas es introducirse en un
interesante laberinto de acontecimientos históricos y de vidas humanas
sorprendentes. En el sistema dunas de la franja costera del departamento de
Rocha, particularmente en esta zona, vivieron asentados comunidades indígenas y
así lo demuestran los hallazgos arqueológicos, los mudos testimonios de esas
presencias humanas se encuentran en el Museo Arqueológico BELTRÁN PÉREZ. Aún
hoy, a pesar de las alteraciones del ecosistema dunas es posible encontrar
preciadas herramientas o utilería indígena como también restos de fogones. ¿Cuál
sería el nombre indígena de este lugar?, Lo sabremos algún día?, O se perdió en
la profundidad del tiempo que quedó atrás de nosotros?
EL ORIGEN DEL NOMBRE
A
consecuencia de la conquista española de estas tierras recibe el nombre de
Ensenada de Castillos, lo que hoy comprende la playa y bahía de Barra de Valizas
se le conoció por la Bahía de Castillos; la verdadera Punta del Diablo se le
conoció primero como el Peñón de Castillos y el cerro Buena Vista como Cabo
Castillos, mientras que el arroyo del lugar se le llamó Barra de Castillos.
LA VAQUERÍA DEL MAR
Periódicamente escuchamos al Profesor Jesús Perdomo destacar la Vaquería del Mar
de la Estancia del Rey o Estancia Real. Esta Vaquería ocupó una importante
superficie territorial de nuestro país y acá era un bolsón formado por el
arroyo Don Carlos, la Laguna Castillos, arroyo Valizas y el mar. A principios
del siglo 18, los jesuitas a través de los indios misioneros arreaban
formidables tropas de ganado vacuno a través de puestos-posta que rodeaban una
gran parte de nuestro territorio uruguayo, desde el sur del río Negro hasta
estos pagos. Las arriadas de ganado a las misiones jesuíticas subsanaban
necesidades de la población y además poblaban la otra vaquería nacional, la de
los Pinares en Río Grande cuando Uruguay aún no era un país independiente.
EL PIRATA ETIENNE MOREAU
La
riqueza enorme de la ganadería de la Vaquería del Mar y el pacto que efectuó el
Cabildo de Buenos Aires con los ingleses y franceses a principios del siglo 18
por la explotación de la industria corambrera se produce la proliferación de
vaquerías y también la presencia de numerosos corsarios. En Valizas se asienta
un renombrado pirata, Etienne Moreau, quien en su primera incursión por 1717
establece un acuerdo comercial con la comunidad indígena de la región – algunos
sostienen que eran guenoas, otros dicen arachanes.
Éstos
acopiaron a Moreau de cueros que trasladó al continente europeo; el corsario
francés volvió con refuerzos y una flota de cuatro barcos, durante un prolongado
tiempo mantuvo la factoría en las inmediaciones de Valizas y la corona española
en varias ocasiones mandó partidas para desalojar a los franceses del lugar, les
resultó difícil cumplir con la tarea por los ecosistemas de estos parajes y de
no disponer de baqueanos. Se especula que los franceses contaron con la
complicidad de los portugueses y de contrabandistas de tierra adentro que
asaltaban las vaquerías de las misiones.
Para
España resultó imperiosa la necesidad de expulsar a los corsarios franceses y
para ello, según Mario Dotta en su trabajo BREVE RESEÑA DE LOS ORIGENES
COLONIALES DEL LITORAL ATLÁNTICO URUGUAYO, “...las órdenes de Zavala ya
mostraban la importancia que para las grandes potencias de aquella época tenía
la costa atlántica pues un establecimiento allí, aparte del obstáculo que
hubiere significado para el comercio y la navegación españoles en el Río de la
Plata, determinaría que el principal acceso al estuario sería controlado por los
franceses desde la ensenada de Balizas.”
Una
vez más los españoles proceden a desalojar a los invasores franceses, y Dotta lo
describe de esta manera: “cuando Pando y Patiño llegó a Maldonado debió
prescindir de los indios chanás como rastreadores ya que los mismos le
manifestaron no conocer el territorio más allá. Fue entonces que adelantándose
la vanguardia, ésta apresó a un mulato que resultó ser uno de los baquianos de
Moreau, el que, bajo amenaza de tortura, optó por conducir las tropas españolas
hasta el establecimiento del jefe francés”.
“Conducidos los españoles por el nuevo baquiano y transitando con acentuado
riesgo por ríos y bañados, continuaron la marcha con gran dificultad, llegando
el 24 de mayo de 1720 a ocho leguas de Castillos... Con la tropa alivianada
emprendió el camino definitivo hacia el establecimiento de Moreau a las siete de
la tarde, avanzando toda la noche hacia los Castillos Grandes o Balizas... El
guía... les llevó a un pantano muy peligroso que terminaba a una distancia de
tiro de fusil de las barracas francesas. No obstante las tropas hispánicas
lograron vadear el bañado ordenadamente y ocultos por la espesa niebla. Los
galos, que eran buenos soldados, advertidos de lo que pasaba, pasaron a
contestar el ataque con intensas descargas durante media hora, mientras los
indios guenoas se aprestaron al combate”. “La batalla se dispersó en diversos
agrupamientos, destacándose por su serenidad y firmeza el capitán Etienne
Moreau que se situó en primera fila para arengar a sus soldados. Esta posición
facilitó que chocara con el ayudante Don Pedro José Garaycoechea quien le
descerrajó un balazo en plena boca, destrozándole el rostro y dejándolo muerto
en el acto... De ahí que nuestro arroyo Balizas, en ese 25 de mayo de 1720
sirvió de tumba para estos bravos guenoas.”
DEMARCACIÓN DE LÍMITES.
Continuando con la historia de Barra de Valizas, en nuestra recopilación de
datos encontramos que en octubre de 1752 se emplazó el primer marco de
demarcación de límites de acuerdo al Tratado de Madrid o Permuta de 1750.
Según
Benjamín Sierra en su libro “Apuntes para la geografía de Rocha” editado en la
última década del siglo 19, es decir a fines de los 1800, escribió que “La
demarcación entre los territorios hispanos y lusitanos debía avanzar hasta el
Peñón de Castillos. En su cumplimiento el marqués de Valdelirios como
representante de España, y Gómez Freire Conde de la Bobadela, como de Portugal,
plantaron el primer Marco en la falda del Cerro de Buena Vista, llamado también
Peñón de Castillos, y hoy Punta del Diablo...”
En
este lugar y cuando los factores de tiempo lo permiten, podemos apreciar la base
cuadrangular de mármol, mientras que el resto del marco de límites se encuentra
y se exhibe en la Fortaleza de Santa Teresa, cuando colocaron estos marcos de
límites territoriales en una de sus caras lucía como una columna heráldica con
blasones y caracteres esculpidos con las armas españolas, la otra faz, la
correspondiente a Portugal con epígrafes y trofeos lusitanos.
INDUSTRIA PESQUERA
Benjamín Sierra en “Apuntes para la geografía de Rocha” señala que “En el año
1888 fundóse en Valizas, una Fábrica de Pescado denominada LA ORIENTAL, de
Martínez, Silva y Cª - En un solo año de funcionamiento, con poco capital
relativamente, y pocos operarios también, elaboráronse en aceite, 50.000 latas
de a medio kilogramo que se vendían a $0,30 cada una.”
Continuando con Sierra, relata que “las experiencias de ese año que diez
pescadores buenos pueden sacar en un día una tonelada métrica de pescado: lo que
pone en evidencia la exhuberancia de peces en esta costa del Océano Atlántico.”
Esta empresa “...recibió la prohibición gubernativa de continuar trabajando,
pescando, no obstante haber obtenido antes, del mismo gobierno privilegio o
concesión. La Empresa de Lobos que tantos perjuicios ha venido ocasionando al
País en general y a la navegación en particular, también tuvo el poder de
interrumpir los esfuerzos de una industria que hubiera dado a la República
verdadero resultado pecuniario, moviendo uno de los más importantes ramos de
riqueza, que puede cultivarse en grande escala”.
Durante el poco tiempo que funcionó la fábrica se logró procesar veintiuna
especies distintas de peces. La empresa lobera que funcionó en Cabo Polonio se
nutrió de mano de obra de vecinos de Valizas, ganando un mísero salario durante
las zafras. Estos loberos balícenses usaron como único calzado en la captura de
lobos unos escarpines elaborados con lana rústica llamados zapatos de lana, es
decir unos tamangos de lana trenzada que permitía a estos cazadores correr con
una relativa seguridad por las piedras de las islas.
Los
antiguos pobladores del balneario Barra de Valizas cuando no estaban ocupados en
la zafra de lobos, vivían de la pesca y realizaban changas de peón de campo, por
lo tanto fue una comunidad que se caracterizó por dominar las artes de pesca y
las tareas rurales.
Por
todo lo relatado, nos indica que Valizas o Barra de Valizas es una comunidad que
supera los 100 años de existencia, quizás tan o más vieja –afectuosamente- que
el balneario Aguas Dulces.
POEMA
A BALIZAS: “Uruguay tiene un rincón//regalado y sin divisa//la belleza y
dimensión//universal de Balizas. // Aquí donde nace el sol// y también nace la
luna// dejó el rastro el español// y el aborigen las plumas. // Ahí está tu
presencia Balizas// en un marco de azules profundos// son tus suaves y límpidas
brisas//el aliento de Dios en el mundo.” Beltrán “Beto” Pérez
NAUFRAGIOS
El
Balneario Barra de Valizas está inserto geográficamente en uno de los lugares
del mundo denominado “El infierno de los navegantes”. Recogiendo parte de uno de
los epígrafes de la pluma de Samuel Blixen del Libro “De Naufragios y Leyendas
en las Costas de Rocha”, del escritor e investigador histórico de este tipo de
acontecimientos Juan Antonio Varese; dice Blixen: “De todos los mares terribles
el nuestro es tal vez el más traidor y el más pérfido. Es engañosa su pacífica
apariencia en los días serenos, cuando la luz del sol chispea alegremente en la
espumosa cresta de las olas mansas y las corrientes dibujan largas y caprichosas
estrías que se reúnen, se cruzan y se separan como si trazaran un fantástico
adorno sobre la pálida superficie de las aguas dormidas...”
Varias son las embarcaciones que claudicaron para siempre en la costa Este de
nuestro país, Valizas no es ajeno a estos acontecimientos, en las entrañas de
sus aguas y arenas yacen naves plenamente identificadas y otras que ni su nombre
sabemos están además sumergidas en el misterio de la profundidad del tiempo. En
esta oportunidad nombraremos a tres embarcaciones naufragadas y vinculadas
estrechamente a Valizas, a esta región de Castillos.
En
primer término nos referiremos a la Fragata de Bandera Nacional “LEOPOLDINA
ROSA” que partió del puerto de Bayona – Francia – y que el Doctor Arturo Lezama
lo relata de esta manera: “...en los primeros días de abril de 1842 partió la
Fragata Leopoldina Rosa hacia su trágico destino. Trescientas personas, incluida
la tripulación, navegan durante dos meses hasta avistar, con muy mal tiempo, la
costa rochense en la cual naufragara...”
Esto
aconteció el 9 de junio de 1842, en otra parte de la narración el Dr. Lezama
comenta: “Sorprendida la Leopoldina cerca de 3 días por una tempestad al S.-S.E
y arrastrada de las corrientes, tocó las costas de Castillos el 9 de junio a las
4 y 45 de la mañana con un tiempo muy oscuro. Había entre el buque y la costa
una distancia de cuadra y media...”
En el
primer intento de salvataje fue a través de la modalidad denominada “por un va y
viene”. El bote zozobró y los dos marineros que navegaban en ella les dificultó
enormemente llegar a la fragata naufragada. El Capitán envió a un buen nadador
con un cabo delgado al que estaba amarrado uno más fuerte con el fin de obtener
el resultado que se esperó de la primera misión. El Capitán dio la orden a otros
marineros que efectuaran la misma tarea que el anterior, una vez en tierra
huyeron casi todos abandonando al Capitán salvo tres de ellos que se mantuvieron
fieles al jefe de la nave. Ante esta situación muchas personas se tiraron a la
mar y un número importante que no sabían nadar perecieron.
De
las casi trescientas personas que navegaban en la Leopoldina se salvaron, según
crónicas de la época recopilados por el Dr. Arturo Lezama: 56 hombres, 5 mujeres
y 18 tripulantes. Algunos de éstos náufragos se radicaron en el Departamento de
Rocha y obviamente en Castillos, por ejemplo daremos como referencia algunos
apellidos: Astigarraga, Bagéz, Ezpeleta, García, Inda, Lujambio, Onandi, Lanusse
entre otros.
Los
bienes salvados se vendieron en remate público por orden del Juez de Paz Natalio
Molina, autorizando a estos efectos a Felipe Alegre a proceder a la subasta y se
realizó en la casa de Vicente Acosta donde estuvieron depositados los objetos de
la fragata naufragada.
El 29
de septiembre de 1869 zozobró en la Barra de Castillos, hoy, Barra de Valizas el
bergantín “Bessie Stanton” de bandera inglesa con un cargamento de rieles para
el primer ferrocarril de nuestro país. Uno de los tripulantes de esta nave fue
Pedro Amonte Annacker, que marcó un hito en la vida e historia de Castillos,
dada su situación de náufrago y sin tener lugar donde cobijarse, Isidoro Olivera
vecino del paraje “Rincón de los Olivera” le dio hospedaje. Transcurrió el
tiempo, Amonte se casó con Bernardina Olivera, hija de quien le diera albergue,
y de esta unión dieron a luz diez hijos.
Luego
tenemos al Don Guillermo una barcaza de desembarco de tanques americanos en la
Segunda Guerra Mundial que fue acondicionada para el transporte de carga y éste
encalló en la playa La Calavera entre Punta del Diablo y Cabo Polonio. Un vecino
de Valizas fue el guardián de esta embarcación por un largo período de tiempo,
transformado en un mito, parte de la historia oral y presente ineludible en
libros de lectura sobre esta zona, nos referimos a Bonifacio “Bonito” Calimares,
y Beltrán “Beto” Pérez lo ilustra en toda su dimensión. “Perdido en el arenal//
en esa costa bravía//donde el mar todos los días//bate con fuerza infernal//hay
un ranchito oriental//un corazón de hoy día//Al redoble de las mares//en este
rancho al abrigo//dejo un saludo al amigo// Bonifacio Calimares//capitán de
estos lugares//de mil naufragios testigo”. Beto agregó que “Bonifacio tenía un
camino, casi una zanja, desde el Fondo de Valizas donde vivía hasta el barco Don
Guillermo. Lo cuidó durante más de diez años y además participó en el desguase
del barco. Su vivienda era un rancho amigo para el caminante que encontraba en
esta morada agua para saciar la sed y alimentos para reponer las fuerzas; muchos
de ellos no se conocieron siquiera pero era una mano amiga que ofrecía los
médanos con toda su bondad, hasta hubo un cartel invitando a dejar alimentos o
agua de reposición para otros que necesitaran de estos vitales elementos.”
BALNEARIO BARRA DE VALIZAS
Barra
de Valizas creció en un magnífico entorno de médanos, piedras, arroyo y mar,
aquí vivió generación tras generación numerosas familias desde hace más de cien
años, todos ellos tenían como eje de sus vidas al arroyo Balizas.
La
pesca y la captura de lobos como lo habíamos reseñado anteriormente era la
fuente de ingresos económicos más importantes, además las mujeres y los niños se
dedicaban a las huertas, en criar y cuidar las vacas, ovejas y aves porque era
el otro sostén de la economía familiar.
Los
hombres cuando no estaban en la pesca o la captura de lobos hacían changas de
esquiladores, deschaladores de maíz entre otras actividades rurales. Las
familias de Valizas sabían de playeadas, porque después de determinados vientos,
tormentas, corrientes marinas salían a recoger los diversos y numerosos objetos
que el mar regalaba al primero que lo encontrara. Esta cálida comunidad era
gente humilde, modesta pero feliz.
Los
castillenses fueron quizás los primeros en incorporarse a la población de
Valizas, aficionados a la pesca primordialmente. Se accedía a este balneario por
dos lugares, uno por Aguas Dulces a pie por la costa, y las otras posibilidades
eran en el camión de Aníbal Gastambide que dejaba a los pasajeros en la casa
del vecino Rogelio Fernández y de ahí a pie cruzando el bañado, en carros o a
caballo. Desde este bañado hasta el poblado había que orientarse hacia la salida
del sol porque el caserío estaba oculto por los arenales y médanos de grandes
dimensiones.
EL ACCESO
Luego
se construyó un puente de madera en el bañado para facilitar el acceso y a
mediados del siglo pasado en la década del 1950 surgió la idea de hacer un
camino de ingreso a Barra de Valizas. Se aprovechó la instancia de una gran
sequía que afectaba a la región para empezar a construir la ruta, con un
buldózer de Raúl Méndez y conducido por Armando Lombardi se empezó con la obra y
lo más duro del trabajo fue el bañado.
Luego
una empresa de transporte de carga que recogía la arena de los costados de la
ruta 10 ofreció material de relleno a cambio de arena que en muchas ocasiones
sepultaban a las viviendas de veraneo. De esta manera el camino se fue
afirmando, dando comodidad a baliceros y veraneantes. Barra de Valizas creció
con la misma espontaneidad de su vecina Aguas Dulces, a diferencia de este
balneario los pobladores permanentes y de temporada tuvieron el cuidado de que
no se produjera el hacinamiento de viviendas, para ello contó con el apoyo de un
Ingeniero de la empresa que explotaba las arenas negras, además la participación
de los vecinos que marcaban con estacas las calles.
LA VIDA SOCIAL Y COMERCIAL
Toda
esta comunidad foránea que se integró al lugar sintió la necesidad de un punto
de encuentro y el argumento fue un club de pesca, todos de alguna forma
participaron en la construcción de la sede social luego llamado Lavalleja Terra.
Más visitantes fueron descubriendo las bellezas humanas y paisajísticas del
paraje, algunos se afincaron definitivamente, otros por los fines de semana o
temporada de verano. Toda esta mezcla de modelos humanos dieron a Barra de
Valizas una idiosincrasia propia, una forma de ser aportando obviamente
numerosas riquezas al balneario.
La
margen sur del arroyo Valizas – es decir la zona de los médanos rumbo al Polonio
– fue donde surgió el pueblo de pescadores de Valizas, en este asentamiento
vivió numerosas familias de apellidos Molina, Álvarez, Veiga, Calimaris, Lima,
González, Olivera entre otros. De este lugar se recuerdan dos almacenes, uno de
ellos muy próximo a la desembocadura del arroyo que perteneció al matrimonio de
Arturo “Coco” Molina e Irola Molina Álvarez, y parafraseando una expresión
común: “Más tierra adentro” estaba el otro comercio que era propiedad de
“Maneca” Molina.
El
lado norte del arroyo Valizas -hacia el balneario Aguas Dulces- se le conoció
como el Rincón de los Olivera, es aquí donde nació y creció el balneario Barra
de Valizas. Sobre los pobladores de esta zona recogemos de la edición Nº 48 de
HOY ES HISTORIA – DE LEYENDAS Y NAUFRAGIOS EN LAS COSTAS DE ROCHA el siguiente
relato: “...dieron lugar a una serie de anécdotas casi increíbles. ...Los
cuentos de saqueos y desmantelamiento, revelan el ingenio de nuestra gente,
valiseros y polonienses, para apoderarse de los enseres y provisiones de los
barcos encallados, antes que fueran recuperadas por la compañía armadora o
devorados por el mar. Algunos episodios (...) son dignos de figurar en una
antología de cuentos populares de ingenio y humor.”
EL PUCARÁ
Existieron personas y viviendas que marcaron un hito, un jalón en la historia
del balneario. Una vivienda –a modo de ejemplo- como tantas otras fueron
referentes obligado para numerosos visitantes con espíritu turístico o
científico y nos referimos al “Pucará”. Sus primitivos dueños fueron Beltrán
“Beto” Pérez y “Lalo” Destéffano quienes la construyeron junto a un vecino de
apellido Romero, luego se integró a este grupo Elio López Blanquet.
LA AFICIÓN A LA PESCA
Valizas convocó a los aficionados a la pesca en las zonas rocosas, en la
desembocadura del arroyo o simplemente en su costa, entre ellos se tejió una
amistad, un modo de vivir los fines de semana o las vacaciones veraniegas muy
particular, distinto.
Un
integrante de estos pescadores empezó a desviar su mirada y atención a la pesca
y el mar hacia las dunas; “Beto” Pérez durante más de cuarenta años hurgó en los
médanos buscando piezas arqueológicas. La naturaleza enseñó a “Beto” la dinámica
del sistema dunar, de cuáles eran los momentos adecuados para ir a recolectar
utilería indígena y para ello educó la vista porque no es fácil encontrar en esa
inmensidad de arena las piezas arqueológicas menores. En este terreno apoyó las
investigaciones del Profesor Antonio Taddei, al grupo de Ciencias Naturales del
Profesor Francisco Oliveras, Jorge Baeza, Femenías, Jorge Chebataroff, fue un
aprendizaje, un aula universitaria a cielo abierto para “Beto” Pérez.
El
“Pucará” que en voz quechua significa atalaya ó fortaleza que se construyen en
zonas estratégicas, sirvió como aula de la primera Escuela del balneario, luego
fue sede de la Asociación de Alberguistas del Uruguay.
Waldemar Veiga cuyos antepasados son de la cuna de Valizas tanto por línea
materna y paterna, como no puede ser de otra manera su oficio es pescador,
también albañil, fue operario del Soyp, un siete oficios como tantos otros
pobladores de este lugar. Cuando lo entrevistamos nos afirmó que del otro lado
del arroyo, es decir la ribera sur, existió un pueblito que se llamó Fondo de
Valizas de viviendas humildes construidas con paja mansa, junco, totora y
algunas asentadas en adobe o barro que daban cobijo a una extraordinaria y
sacrificada comunidad, una mezcla de pescadores y hombres de campo.
Rememoró a numerosos vecinos que vivieron en ambas márgenes del arroyo, por
ejemplo y entre otros nombró del lado sur a Aladino Veiga, Castelar Olivera,
“Cuervo” Peregrino Molina, “El Pincharrata” Gómez que tocaba un flautín “con la
boca torcida”, “Coco” Molina, Amílcar Olivera, José Santos, María Álvarez que
estaban ubicados próximos a la desembocadura del arroyo en el mar, de este lado
y más al suroeste estaba el Fondo de Valizas. Del costado norte nombró a algunos
de ellos Tomás Cambre, José “Tingue” Olivera, “La Chueca” Carmen, Ademar Larrosa,
Victoriana, Marcelo Corbo, todos estos vecinos y su descendencia formaron este
peculiar balneario.
EL PUEBLITO FONDO DE
VALIZAS
Fondo
de Valizas estaba conformado por unas cincuenta familias y tenía su propia
Escuela a la que concurrían más de una treintena de niños, afirmó Waldemar
recordando su época de escolar, la maestra fue Camila Alcuri de Olivera. Hoy el
local escolar es una tapera y fue trasladada hacia los accesos al Cabo Polonio
oculto actualmente por el monte de pinos, acacias y eucaliptos. En este pequeño
poblado vivieron tres parteras, dos de ellas eran familiares de Veiga: Su abuela
Eliomar Quintián y su madre Eleonor Veiga; la tercera fue Ignacia Rodríguez. A
través de estas manos atendieron más de un centenar de partos en esta región de
Valizas sin importar la hora y las condiciones del tiempo. Este lugar tuvo su
contrabandista de frontera o quilero y nos referimos al “Cuervo” Peregrino que
traía caña blanca, tabaco y otras mercaderías del Brasil.
El
padre de Waldemar fue también pescador pero de costa utilizando una larga red
efectuando el lance con el apoyo de un caballo adiestrado para esta tarea y
capturaba corvinas, lisas, criollas, pescado blanco. Esta tarea la realizaba de
noche o en la madrugada según las condiciones del tiempo o la estación del año.
Waldemar Veiga se hizo a la mar a los dieciséis años y salió en una embarcación
a ocho remos desde la boca de la Barra, en esa oportunidad, su primera
experiencia lejos de la costa recuerda que se capturó unos 45 cazones entre un
metro y medio y dos de largo.
La
vecindad de este lugar se unían todos para apoyarse mutuamente, a modo de
ejemplo en el laboreo de la tierra; porque sus tiempos eran tiempos distintos de
otros pobladores: para pescar, cazar lobos marinos, sembrar, cosechar y todo
esto era posible por la mano solidaria de estos vecinos.
Reflexionó que existe un sinnúmero de factores que inciden en la merma de
captura de peces, puso como ejemplo la enorme cantidad de lobos marinos que
viven en la zona y la depredación que estos animales efectúan sobre la población
de peces, además el suelo marino cambió por las modificaciones de los
ecosistemas del lugar. La vida del pescador es sumamente sacrificada y el valor
del producto no compensa el sacrificio del pescador artesanal.
LA OTRA FÁBRICA
Durante la segunda guerra mundial existió en Barra de Valizas otra fábrica de
procesamiento de pescado al lado del galpón conocido como “ De Villegas”, se
llamó COPUR. Esta planta industrial procesó el hígado del cazón conocido como
“trompa de cristal” obteniendo un aceite que era envasado en tanques llamados de
“tapón” de doscientos litros, actualmente se aprecia los pisos del local como
mudo testimonio de la presencia de esta fábrica. Era típico ver en Valizas los
varales con el tasajo, charque o bacalao de corvinas negras, cazones o tiburones
secando al sol.
Finalmente, Waldemar rememoró con nostalgia a los médanos del lugar
mencionándolos con sus nombres, el médano Blanco próximo al balneario desde
donde su familia vigilaba a sus ovejas, más hacia Aguas Dulces estaba el médano
denominado Etenvanger que responde al nombre de un barco que naufragó frente a
este lugar y luego estaba el médano “Del Arinos. Del otro lado del arroyo y el
Fondo de Valizas estaba el Cerro Negro y todos estos médanos desaparecieron
sepultados por el monte forestal de pinos, acacias y resignado afirmó: “el Buena
Vista apenas se le veía el copete de piedra, hoy es pura piedra”.
LA PULPERÍA DE ARTIGAS
ACOSTA
La
costa, el arroyo, los médanos, la noche y la comunidad de pescadores de Barra de
Valizas atraparon a numerosos visitantes, asiduos desde varias décadas atrás los
fines de semana, temporada tras temporada y otros en forma permanente. Muchos de
ellos recuerdan con nostalgia cuando no disponían del suministro de energía
eléctrica y las obscuras noches del balneario.
La
luz de la lámpara de Aladino del bar y almacén de Artigas Acosta era la
referencia obligada para no errar el camino al balneario cuando regresaban tarde
de la noche desde el Polonio, los médanos o de los pesqueros del lugar y más de
uno que al no divisar la referida luz siguió de largo rumbo a Aguas Dulces, al
percatarse con sorpresa de esta situación volvieron a tientas a Valizas.
Extrañan los boliches del “Bocha” Machado, Margarita, Ramiro, Artigas Acosta.
Esta modalidad de vida significó un descanso, un cambio de rumbo del trajinar
diario en las grandes ciudades; fue una propuesta de vida totalmente distinta.
El cambio que sufrió Barra de Valizas dando un paso a la modernidad perdió ese
encanto de lo totalmente distinto pero el afecto por el lugar no y manifiestan
que: “al menos y felizmente la vía pública no tiene iluminación, a las noches
les da un encanto ver las estrellas, la luna, porque no las tormentas eléctricas
que iluminan fantasmalmente al poblado y el paisaje”.
EL PRESENTE
“Hay
que aceptar los cambios –afirman- de la misma forma cuando uno crece, uno
aprende a querer a este balneario de otra manera.” Recogemos de la creación
literaria del castillense Humberto Ochoa Desde el cerro Buena Vista dos
estrofas que plasman este sentir: “... Ha cambiado el entorno encantado/ que
hechizara al primer visitante.../ Temerosos... como agazapados/ ya los médanos
no son los de antes...”
“Ha
llegado el progreso y con él/ algo muere, quebrada su paz.../ Muere su
alma...desgarran su piel/ y su encanto...no hechizará más...!”
Barra
de Valizas fue cuna de muchos personajes, una larga lista de enumerar, el Doctor
Juan José Gómez –Psicólogo de la ciudad de Montevideo- asiduo, consuetudinario
visitante nos relata su visión sobre un personaje: “era pulpería, era todo el
boliche de Artigas (Acosta), había un mostrador de madera en el local con una
lámpara de Alladino que servía para iluminar durante la noche; era almacén, bar,
verdulería, barraca. En los costados y en el techo se veían palas, palangas,
baldes, pelelas colgadas. Además habían lentes, prótesis dentales que se ve que
era de gente que fallecían, los heredaba Artigas y los ponía a la venta. Cuando
Artigas se murió se murió una forma de vínculo que uno tenía con la Barra de
Valizas, era una persona pintoresca que llamaba la atención, era una fuente de
inspiración para numerosas anécdotas”.
Como
conclusión de este trabajo de investigación “DE NUESTROS PAGOS” y como ofrenda
de PUNTO AZUL entregamos una estrofa poética a esta comunidad de pescadores
simbolizado en un poblador, un personaje que identificó a Valizas y nos
referimos a don Aladino Veiga que espléndidamente lo expresa otra pluma
literaria de Castillos nos referimos a Roldan Ramos que también fue cautivo,
atrapado por la belleza de Barra de Valizas nos dice en su Arpegios Líricos “Al
hidalgo Don Aladino de Balizas”: “... Aladino: ¡cómo quedó tu recuerdo/ de
hidalgo tierno y sencillo/ hecho ofrenda por lo humano/ y tu llaneza de amigo!//
Y la entereza dolida/ de luz de tu corazón/ de padre, que en su pobreza, / se
vistió de dignidades,/ que puso sobre la mesa/ todo el pan de sus bondades/ y el
agua de las vertientes/ azules de su nobleza...”
TRABAJO
DE INVESTIGACIÓN PERIODÍSTICA DEL PROGRAMA PUNTO AZUL QUE SE EMITE POR ESTEÑA FM
103.1, LOS DÍAS SÁBADOS DE 10 A 11 HORAS AM EN EL ESPACIO DE NUESTROS PAGOS.
Chuy,
24 de marzo de 2003 |