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Benjamín Sierra
y Sierra en su libro APUNTES PARA LA GEOGRAFÍA DE ROCHA editado después
del mil ochocientos sesenta detalla, aspectos del paraje El Oratorio y dice
“Don Juan Faustino Correa que a principios de este siglo (se refiere al
siglo 19) poseía todo un señorío, en esta campaña, constituyó en la región
de los bañados, un verdadero Castillo Feudal. En esa heredad (de que solo quedan
ruinas) existían cementerio, oratorio o iglesia, etc. Y, lo que al principio
sirvió de nombre a la inmensa Estancia (casi 100.000 hectáreas hoy se ha
reducido a una pequeña localidad.”
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Precisamente en este paraje existió un pequeño poblado
llamado Barrio Martirena que albergó a unas treinta familias.
El origen de
su nombre se debe al apellido de las primeras familias que la conformaron,
es decir Martirena.
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Casco de la Estancia
El
Oratorio |
Los fundadores compraron un campo de poca extensión, lo
dividieron en pequeños predios o chacras y de esta forma nació esta
población.
Los hombres
mayoritariamente trabajaban en las estancias aledañas, mientras que las mujeres
se dedicaban a las labores domésticas, lavar y planchar como lo
dice una expresión popular “para la casa” y “para afuera” además se ocupaban de
atender el predio rural como cultivar la quinta cosechar, criar, cuidar
animales y aves.
Aún se recuerdan
los nombres de los fundadores, como los hermanos Florencio –principal fundador
de la casa Martirena-, Dionisio y Epifanía Martirena y aseguran que son
descendientes de vascos. Otros apellidos integraron la vecindad del Barrio
Martirena como ser González, Techera, Rocha, Zalayeta entre otros y todos los
que se afincaron, nacieron, crecieron convivieron con hermandad. Con el impulso
de los vecinos del Oratorio se logró la instalación de una Escuela en el lugar
en momentos de grandes pobrezas materiales y entendieron que era necesario
cultivar los dones del saber, y la primera Maestra del centro educativo fue
“Tití” Amaral de Cardozo.
Este paraje de
Rocha tuvo su actividad comercial y tuvieron almacenes de ramos generales
Bernardino “Bernucho” Velásquez, Martiniano De León, José Rocha propietario del
comercio “El Peso Justo”, Artigas y Américo Rocha. La diversión y la timba no
estuvieron ausente en esta comunidad, en el juego de cartas se destacaba “el
purrete”, las carreras de caballos y la taba eran en los campos de Orgís Rocha
donde se apostaba fuerte.
Las familias
pobres supieron del espíritu generoso de don Isaac Ferreira recibiendo
alimentos, prendas de vestir y abrigos. Las fiestas y los bailes en casas de
familias estuvieron presentes asiduamente involucrando a toda la vecindad y si
algo faltaba para que continuara la diversión tres o cuatro vecinos tomaban la
iniciativa de ir a buscar lo que faltara. La última
partera o “mamá cigüeña” fue doña Elongina Martirena mientras que Catalina
Guerrero curaba a los enfermos de empacho, mal de ojos entre otras afecciones.
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El cementerio del Oratorio sirvió de santuario para muchos
vecinos del Barrio Martirena para recordar a sus difuntos prendiendo velas
por sus almas y eterno descanso. |
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Cementerio del Oratorio |
EL
GRINGO DEL ORATORIO
“Un país,
geográfica y no políticamente considerado, es una constelación de paisajes y los
paisajes están humanizados por el trabajo de los paisanos, que son sus
habitantes y constructores a un tiempo...” Daniel Vidart
de la revista
NUESTRA TIERRA – TIPOS HUMANOS DEL CAMPO Y LA CIUDAD. A fines de la primera
guerra mundial arribaron a nuestro país una cantidad importante de habitantes de
los países involucrados en esta contienda, y esta corriente inmigratoria
incorporó nuevos matices a la población uruguaya de alto contenido europeo,
entre ellos el personaje de esta historia: Julio Morasqui.
Aparentemente
Morasqui no perteneció al grupo de los mercachifles o turcos, aquellos
comerciantes ambulantes que deambulaban por la campaña uruguaya vendiendo
diversas mercancías. Se presume que era ciudadano alemán y se radicó durante
mucho tiempo, hasta su muerte, en el paraje El Oratorio en las cercanías del
Barrio Martirena en los campos de Juan Martínez; este predio rural pasó a ser
después propiedad de Pasiano Méndez.
En esos campos
de sierras importantes y todo monte se dedicó al cultivo de árboles frutales
donde predominaban los duraznos, tangerinas y otras frutas, además quinta de
hortalizas. Su vivienda era un rancho quinchado de paja y para su mantenimiento
construyó un pequeño bañado de pajas muy próximo a su morada y se le conocía
como la Quinta del Alemán. A las frutas y la producción de la huerta
cuando le iban a comprar los vecinos nunca les puso precio quedando a voluntad
de los adquirentes. Aún hoy se encuentran ejemplares en esa quinta de frutas y
muchos vecinos se llevaron para plantar injertos, acodos y ramas de esos
frutales.
Morasqui se
distinguía por sus cabellos rubios y ojos celestes, de complexión gruesa. Vivió
solo siempre y fue una persona hermética sobre su pasado, nunca se le oyó decir
absolutamente nada y no le gustaba que le dijeran gringo pero sí Don Julio. Fue
un aficionado a las carreras de caballos, o sea las pencas y la pista de
carreras era en el propio campo donde él estaba asentado; tuvo su parejero y
casi siempre terminaba último en la corrida, no le importaba perder porque
disfrutaba competir.
Culminada la
carrera volvía al galope a su rancho y encerraba el parejero. Era una persona
muy enamorada y bailarín, cuanto baile hubiera en los parajes del Oratorio,
Barrio Martirena o en sus proximidades allí estaba presente con su guitarra y
hasta cantaba serenatas. Fue una persona muy sociable y querida en la zona, un
día notaron su ausencia y extrañados concurrieron a su vivienda, lo encontraron
muerto y lo sepultaron en el Cementerio de Castillos.
LA
TRAGEDIA DEL ORATORIO
Santana Olivera
arribó a estos pagos en una fecha imprecisa y tampoco se supo de donde provenía
y esto fue en el siglo pasado, deambuló por diversos establecimientos rurales
de la región y generalmente “paraba” en lo de Ramón Rocha, esta familia
conocían la personalidad, la forma de ser de Santana, era especial, de “muy
pocas pulgas” y su oficio fue el de contrabandista de cargueros o quileros.
Santana
Olivera se caracterizó por ser una persona “diabla” y como testimonio de
ello lució una cicatriz en el rostro a consecuencia de una pelea con otra
persona, con un negro viejo apodado “El Chajá” de apellido Gallo que había
sido militar.
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En esta
reyerta Santana lo atacaba ciegamente y el Chajá diestro en el manejo del
cuchillo le dijo: “no te voy a matar pero te voy a dejar una marca para
que lo recuerdes toda la vida”, y le estampó un tajo en la cara que lo
exhibió como un sello personal hasta el día de su muerte.
Cuentan los
vecinos del Oratorio que un día de la década del 1950 en la casa de Ramón
Rocha a la hora del almuerzo dio muerte de una puñalada a otro vecino del
pago, un peón rural del establecimiento de Antonio Perla.
En la familia de
Ramón Rocha había mujeres y la presencia de la víctima, Felicio Techera
apodado “Felisiño” ó “El Negro” despertó los celos de Santana, éste
arteramente le dio una brutal puñalada con un cuchillo afilado como una
navaja, lo dejó muerto en el acto. |
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Puerta de
ingreso al casco El Oratorio |
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Santana en esa
ocasión era una persona mayor conocido como el “Asesino” y no le gustaba que
llegaran hombres cuando estaban las hijas de Ramón Rocha. Muchos vecinos del
Oratorio afirman que el homicida se consideraba “el abuelo” de las hijas de
quien ocasionalmente le daba hospedaje.
Se dio la voz de
alarma apresuradamente al vecindario y a la policía. El asesino tomó rumbo a la
Escuela del Oratorio, donde trabajaba una de las hijas de Ramón en las tareas de
la cocina y limpieza. Era la hora del almuerzo, y todos los que estaban en el
centro escolar tomaron inmediatamente conocimiento del trágico acontecimiento y
vieron avanzar a Santana con un poncho de paño colgado del cuello y con el
cuchillo de grande dimensiones en la mano; hay quiénes afirman que le afectó un
estado de locura y quería matar a todos los que estaban en la escuela.
Los niños iban
rumbo al comedor a almorzar y ante la situación de que se aproximaba el asesino
la Maestra Directora “Potota” Mecías huyó por el camino con los treinta y dos
alumnos del centro escolar y buscó refugio en la casa de Pedro “Perico” Alzaga.
El asesino al encontrar la Escuela vacía se fue rumbo a unos árboles de
coronilla en las inmediaciones del centro educativo, actualmente este predio
rural pertenece a Simón Saralegui, de acuerdo a la historia oral del vecindario
del Oratorio, Santana se pegó un tiro y se degolló o viceversa porque no se
sabe cuál fue el primer acto para suicidarse.
Cuando llegó la
policía lo único que apreciaban del cuerpo eran las piernas entre el follaje de
las coronillas y la autoridad policial daba la orden de entregarse porque
desconocían que se había suicidado– según relatos- lo hacían temblorosamente
porque sabían lo diabólico que era el homicida. Uno de los integrantes de la
patrulla policial al ver la inmovilidad del cuerpo se armó de coraje y se
aproximó, vio la dantesca escena. Los cuerpos de la víctima y del asesino lo
trasladaron en un mismo vehículo a Castillos, por mucho tiempo flotó en al
ambiente escolar y en el vecindario una sensación de miedo por todo lo que había
ocurrido.
NÉSTOR ROCHA
DIFUNDIDO EN EL PROGRAMA DE CASA AMBIENTAL PUNTO AZUL
QUE SE EMITE LOS DÍAS SÁBADOS POR ESTEÑA FM 103.1 DE 9 Y 45 A 11 HORAS AM
Chuy,
17 de junio de 2003 |