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El Ciervo de los Pantanos o
Guazupucú en voz indígena es un cérvido sudamericano y su hábitat son los
humedales y pantanales, viven en grupos reducidos y preferentemente de hábitos
nocturnos.
A este
ciervo lo indican como el de mayor tamaño de América del Sur, su piel tiende a
un color rojo leonado y las partes inferiores son negras y la cornamenta de los
machos no son largas mas bien cortas y la mudanza de los mismos se puede dar en
cualquier época del año.
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Se considera
el más hermoso de los ciervos autóctonos de América Latina; nuestro departamento
rico en ecosistemas de humedales fue un ámbito natural y propicio para que
abundara el Ciervo de los Pantanos o Guazupucú.
En los siglos pasados
existió una importante y numerosa población, particularmente en los bañados
que comprenden la zona de la Laguna Negra y Santa Teresa, pero el hombre
blanco con su instinto depredador por caprichos y regocijos fue
paulatinamente exterminando esta hermosa especie. |
Esta
narración está enmarcada en el bañado Las Maravillas o Esteros de Santa Teresa
de la Laguna Negra muy próximo a un lugar conocido como la Isla de Bastián. El
nombre de esta isla forma parte de numerosas leyendas de hechos misteriosos y
supo tener un Robinsón de origen lusitano llamado Sebastián y el nombre de este
ermitaño por deformación dio denominación a la referida isla.
Tiempo atrás
entrevistamos al Profesor Hugo San Martín sobre una historia oral que tomó
conocimiento a consecuencia de una investigación que venía realizando sobre esta
población de ciervos, explicó que aquí fue donde se dio exterminio a los últimos
ejemplares de los Ciervos de los Pantanos en el Departamento de Rocha y de
nuestro país; desde este instante nunca más se detectaron en forma real y
fehacientes ejemplares de esta especie, en muchas ocasiones se afirmó que se
vieron a estos ciervos pero científicamente no se pudo comprobar estas
presencias.
San Martín
comentó que por la década del 1950 los campos de la zona de la Isla de Bastián
estaban arrendados por Héctor Ibáñez conocido por el sobrenombre de “Coco”. En
este establecimiento rural dedicado a la explotación ganadera vivían y
trabajaban el matrimonio conformado por Julio Martínez popularmente conocido por
“El Mincho” y Ulma Duarte.
“El Mincho”
era un siete oficios de numerosas actividades vinculadas a los esteros y por el
tiempo transcurrido pasó a formar parte de estos ecosistemas.
La caza o
captura lo hizo siempre con un sentido sustentable, numerosas fueron las veces
que realizó tareas contrariando su espíritu “porque el patrón lo ordenó”.
Ibáñez mandó a su capataz cazar Ciervos de los Pantanos, “El Mincho” ignorante
del tremendo daño que iba a causar mató, cuereó y despojó las cornamentas de
estos ciervos o Guazupucú.
El Profesor
Hugo San Martín relató “estos campos eran
del estado y fue arrendado a un particular, gerente de un Banco, e s t e g
r a n s e ñ o r , d i g á m o s l o a s í
mandó matar a los ciervos y quizás mató los
últimos ejemplares, esto fue en el año 1958 – 1959.
Es el
fin de una especie, es el fin de millones de años de evolución; que habitó
nuestros campos, los bañados del este por cientos de miles de años.
Evidentemente se mataron los últimos ejemplares de los ciervos de los pantanos
porque desde ese momento no se vieron mas de estos animales. Hoy en el Museo de
Historia Natural hay solamente una cornamenta y un cuero con registro, número y
procedencia de acá (Rocha), es terrible! Trístísima y dura realidad...”
La historia
cuenta que doña Ulma Duarte con ese instinto humano, femenino, maternal protegió
a dos cervatos que sobrevivieron a la matanza pero el destino de ambos fue
fatal, uno murió a consecuencia de que le cayo encima del espinazo un objeto
pesado y lo fracturó, mientras que el otro tuvo el mismo final a consecuencia de
no haber amamantado el calostro en los primeros días de vida.
La cabeza con
su cornamenta o solamente esta última, igual que las pieles dieron satisfacción
al vil capricho del estanciero de exterminar esta hermosa especie para adornar
el establecimiento, además de darse el lujo de obsequiar estos elementos a sus
amistades. De esta manera nunca más, hasta ahora en nuestro departamento como en
el resto del Uruguay se detectó la presencia del Ciervo de los Pantanos.
Hoy, por
este tipo de actitudes nos vemos imposibilitados apreciar, disfrutar de estos
espléndidos ejemplares y limitarnos a verlos a través de una fotografía o cinta
de video, obviamente es una dura lección a tener en cuenta en este camino que
aún nos queda recorrer para que no acontezca lo mismo con otras especies.
Chuy,
24 de enero de 2003 |