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“Los tipos humanos tienen vigencia histórica: nacen, culminan, decaen y mueren”
afirma Daniel Vidart, autor de la publicación “TIPOS HUMANOS DEL CAMPO Y LA
CIUDAD” de la colección de Revistas “NUESTRA TIERRA”, donde sostiene que algunos
ya están extinguidos y entre ellos –el motivo de este relato- el matrero.
El Uruguay posee
numerosas historias de vidas de matreros y el departamento de Rocha no es ajeno
a estas vivencias, allí convivieron estrechamente abrazados con ricos
ecosistemas de las zonas de sierras, lagunas, esteros, palmares, montes
ribereños y con otros tipos humanos, en este caso en un raro artilugio y
cofradía de silencios, contrabandistas de frontera con sus cargueros, puesteros,
montaraces, carreros, troperos, peones de estancias.-
Este conjunto
de elementos y experiencias humanas han dado un fecundo patrimonio de
narraciones y fenómenos culturales en el Este uruguayo. “El Cuba” forma parte de
estas historias y comienza por la década del cincuenta donde es procesado por
abigeato y preso en la Comisaría de Castillos. Aunque él siempre aseguró que
nunca cometió estos delitos igualmente cumplió la condena y cuando quedó en
libertad siguió viviendo en la zona.-
Una noche de
invierno ingresaron a un almacén-bar llamado “El Club Obrero” propiedad de un
vecino apodado Ero-Ero, dos policías uniformados luciendo sendos sables corvos y
botas de cuero negro que les llegaban justo por debajo de las rodillas. Estaban
de ronda y este local era lugar de diversos juegos de cartas. Aquí estaba
presente “El Cuba”, los representantes de la Ley querían “dialogar” con él por
unas diferencias con el Comisario de la ciudad, surgidas entre ambos en una
timba mantenida recientemente.
Se produjo un
desacato y una feroz pelea, algunos concurrentes optaron por recostarse contra
la pared, otros atrás del mostrador y el resto retirarse. El local estaba
escasamente iluminado por focos de luz de poco voltaje, ahumados y pecosos de
los excrementos de las moscas y adornadas por sendas telarañas. Una bruma del
humo de tabaco y cigarros flotaba en el bar. Algún vecino pretendió apaciguar
los ánimos pero fue imposible dominar al “Cuba”, quien salió al exterior de la
casona de ladrillos sin revocar y asentada en barro, montó su caballo ingresó
nuevamente al comercio y arremetió contra los policías fustigándolos duramente
con su rebenque. Fue el desbande de parroquianos, desparramo de mesas y sillas,
además de una barrica de maíz desgranado y los cajones de papas y boniatos. La
policía actuante hizo sonar sus silbatos llamando a sus pares que estuvieran en
las proximidades efectuando vigilancias, requiriendo de esta manera apoyo para
dar cumplimiento con la orden impartida por el Comisario. Mientras tanto, el
jinete se perdió rumbo al Abasto, luego por el Camino a las Sierras bajo una
lluvia suave y persistente.
Al amanecer del
nuevo día una partida policial sale en búsqueda del fugitivo, recorren la zona
de la Cueva del Tigre del Cerro de los Rocha, Cerros Lechiguana y de la Laguna
Negra, las sierras de La Carbonera y de la Blanqueada, esteros y palmares de la
Laguna Negra, pero nadie lo vio. Pasaron los días..., el tiempo…, silencios…
La imaginación
popular se puso en marcha ¿o sería verdad? de que venía a la ciudad disfrazado
de mujer con un vestido colorado y un pañuelo negro cubriendo la cabeza, que
repartía carne de capón y de capincho entre familias pobres de la comunidad, que
canjeaba carne de oveja por mercaderías en el almacén del Toto o que se tomaba
alguna caña en el boliche del Lolo.
Lo buscaron por
otros parajes, en el Arazá, esteros y montes de la Laguna de Castillos, en los
bañados de Las Maravillas y las zonas agrestes de las pequeñas lagunas de la
Fortaleza de Santa Teresa pero nada de “El Cuba”. Todo misterio y silencio sobre
su paradero.-
Transcurrió el
tiempo inexorablemente hasta que empezaron a aparecer restos de fogones apagados
en algunos puntos geográficos del entorno de Castillos y coincidentemente
billetes con el siguiente mensaje: “milicos no me agarrarán, jamás me entregaré,
el último matrero” y firmaba “El Cuba”.
Vivió mucho
tiempo en una cueva del cerro La Lechiguana cuyo acceso estaba disimulada por la
típica vegetación de la flora autóctona, luego se internó en los cerros de la
Laguna Negra o de Los Curas, era un baqueano de la región y se complacía en
observar a las partidas policiales que lo buscaban afanosamente pero no daban
con él. Afirman que existe un film en 8 mm que registra cuando un destacamento
policial se interna en los montes y cerros de la Laguna Negra en su búsqueda.
Subsistió
apropiándose de ovejas o capones, matando capinchos, cerdos baguales y nutrias,
armaba cimbras para cazar perdices, se alimentaba de frutas silvestres, de
huevos de las aves de los bañados.-
Era un fin de
semana soleado de invierno cuando un grupo de jóvenes de la Comunidad Salesiana
(Don Bosco), -propietarios del lugar y siendo este paraje una colonia de
vacaciones- recorría los cerros de la Laguna Negra también llamado de Los Curas
y hallan la morada de “El Cuba”. Este observó que habían descubierto su
guarida. Su casa era una “aripuca” o ranchito quinchado con un pasto duro que
crece solamente en las sierras y que raramente lo consumen los animales
rumiantes; la vivienda estaba ubicada en uno de los cerros de los varios
existentes, conocido con el nombre de Los Chivos, luego los lugareños lo
denominarán como el Cerro del Cuba. Dado que su morada estaba construida con los
elementos propios del ámbito donde se hallaba emplazado logró que pasara
desapercibido hasta esta oportunidad.
Ahí recibía la
visita de un contrabandista de nombre Andréonico quien le levantaba los fardos
de cueros para venderlos en la ciudad de Chuy del lado brasileño y el pago se
efectuaba con mercaderías de esta nacionalidad.
Al ser
descubierto tuvo que emigrar y se radicó en la zona de Santa Victoria Do Palmar
(Brasil), luego regresó y se internó en los montes del Arazá, de la Laguna de
Castillos y sus esteros, los vecinos se dieron cuenta que andaba por la zona y
alguno de ellos lo denunció. Una patrulla policial efectuó un rastreo y debajo
de un gran higuerón se toparon con una radio a pilas, mate y caldera, arreos y
unas bolsas, desconfiaron de que pertenecían al matrero. Cabe indicar que los
higuerones en esta zona parasitan generalmente en los troncos de las palmas
butiá, crecen a expensas de ellas y cuando logran enraizarse en la tierra ya
adultos y de gran porte terminan matando a la palma. Con el tiempo éstas se
descomponen, se desintegran y el tronco del higuerón queda hueco como un tubo,
mudo testimonio de un abrazo mortal. Ante esta situación de riesgo, el matrero
trepó por el hueco del higuerón y se escondió en el espeso de su follaje, pasó
horas oculto mientras lo buscaban afanosamente. El oficial a cargo de la
patrulla dejó a un guardia en el sitio y los demás rastrillaron pajonales y
montes del lugar. Quien había quedado de guardia, según expresó años después,
tuvo el presentimiento de que estaba trepado en el árbol y nada dijo porque el
responsable del piquete policial era un “corsario” y le iba a “prender fuego”,
con firmes posibilidades de ocasionar una balacera de graves consecuencias.-
Numerosas son
las personas que, aún hoy, afirman que le cargaron culpas ajenas y se dice que
juramentó: “me voy a cobrar lo que me han hecho, acosaré a los milicos por
echarme culpas de robos que no cometí”
Se tuvo que ir
del Arazá y recaló en los bañados de la estancia “El Coraje” en las proximidades
del pueblo Chafalote; un día con hambre tuvo que aproximarse al casco de esta
estancia, tenía un aspecto desprolijo y sin afeitarse, entró al corral donde
unos peones estaban trabajando con las ovejas, se aproximó gambeteando los
animales y dialogó con uno de ellos:
Cuba: “¿no tiene
algo para comer?”
Peón: “Sí, un
pedazo de queso y pan”
C: “sí, sí, como
no”
P: “arrímese y
tome asiento en esa banqueta”
C: “Muchas
gracias; no, no, voy a seguir a pie y le voy a decir quien soy, soy El Cuba, el
matrero y yo no hago mal a nadies”
Enterado de la
visita el dueño de la estancia llamó a la policía, lo buscaron afanosamente y no
lo encontraron, desapareció como si la tierra se lo tragara.
Después visitó
un puesto de otro establecimiento rural de esa región, en esta ocasión estaban
solamente una señora con su pequeña hija a quien le pidió un pedazo de carne y
pan, la moradora le proporcionó los referidos alimentos, el visitante volvió a
puntualizar como tantas otras ocasiones: “yo soy El Cuba, yo no le hago mal a
nadies”. La mujer se asustó, montó en una petiza que tenía en el corral y enancó
a la hija, fue en busca de su marido quién dio aviso a las autoridades
policiales. Lo buscaron diligentemente y una vez más fracasaron.-
Pasaron meses
sin tenerse noticias del matrero hasta que un cazador de nutrias comentó que en
la oportunidad de trabajar juntos en los bañados del Bolsón de la Laguna de
Castillos, le manifestó que se iba para Aiguá donde tenía algunos familiares.
Tomando ese
rumbo pasa por la pequeña localidad de 19 de Abril ó Chafalote, un sábado de
noche. Había una kermés en la Escuela del lugar, ve una camioneta, la abre y
sustrae un revólver calibre 38 con dos balas. Este incidente motiva que detengan
a un par de jóvenes con antecedentes por hurtos y luego comprobaron que nada
tenían que ver con la rapiña del arma, tiempo después se confirmó quien fue el
autor del robo.
Otra vez
silencios sobre la vida del matrero. Un día, en el Departamento de Maldonado es
sorprendido dormido y capturado por una expedición policial de la localidad de
Aiguá, esto fue en el monte ribereño del arroyo Alférez y la utilería que
llevaba consigo era una escopeta calibre 12 y quince cartuchos, un revólver
calibre 38 con dos proyectiles sin detonar, una radio a pilas y una guitarra. No
puso resistencia a su detención, quizás cansado de tanto deambular y dormir al
descampado durante tantos años. Fue trasladado a Rocha y cumplió su condena en
la comisaría departamental de esta ciudad. Rearmó su vida, se dice que se dedicó
al comercio y nunca más volvió a su lugar natal. Hoy vive en alguna ciudad de
este país o de esta América, hay quiénes afirman haberlo visto, pero sus
familiares más directos ignoran cómo y dónde está viviendo y de esta manera,
cada cual con su sentimiento: fue el último matrero uruguayo y quizás de América
toda.
(HISTORIA
NOVELADA EN BASE A LA RECOPILACIÓN DE LAS HISTORIAS ORALES DIFUNDIDAS EN EL
PROGRAMA RADIAL “AL RITMO DE LA VIDA” DE CASA AMBIENTAL QUE SE EMITE POR RADIO
UNIVERSO AM 1480)
Chuy, 15 de enero de 2003 |