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“Barquinazo”
Cedrés fue un personaje funesto que deambuló por diversas zonas de nuestro
departamento, dejando tristes recuerdos a familias y pobladores por donde él
transitó. Su sobrenombre es a causa de una deformación física, tenía una pierna
más corta que otra, que al caminar obviamente rengueaba y siendo este el motivo
de la aplicación del referido mote o apodo.
Cuenta la
historia oral que ingresó a través de una balsa sobre el arroyo Alférez
perseguido por la policía del departamento de Lavalleja, recaló en la primera
estancia que encontró en su camino, la del señor Eugenio Fernández y su capataz
era Don Amancio Correa. Llegó en un caballo muy flaco, harapiento en un día de
invierno y parafraseando la expresión del interlocutor: “un día incalculable de
frío”, de esto hace
varias
décadas atrás.
Un peón de la
estancia fue quien lo recibió y avisó a su capataz:
El capataz
dialogó con el recién llegado quien apreció que la conversación del visitante
“no era buena” y le pidió para quedarse, el encargado del establecimiento no se
negó a ello.
Al otro día,
Amancio Correa se dedicó a recorrer los campos de la Estancia y sobre las costas
del Alférez se encontró con Araya, el balsero, quien había cruzado a
“Barquinazo” el día anterior y le comentó al capataz:
Correa aceptó la
sugerencia del balsero y conversó con la policía:
-
“No sabe que
rumbo tomó?”
– preguntó el Sargento.
-
“está ahí en
la estancia”
– afirmó Amancio
-
“Ese hombre es
muy peligroso, está desterrado de Lavalleja”
– aseveró la autoridad policial.
Al tercer día de
la presencia del personaje en la estancia llega el dueño de la hacienda y se le
informó de la presencia del extraño en cuestión, el propietario dijo:
y agregó:
-
“Vamos a darle
una changa, mándelo a cortar paja ahí en los bañados, téngalo algunos días,
páguele y dígale que se retire, que busque otras changas por ahí”.
Transcurrido dos
días, el capataz manda a un peón en una “carretilla” tirada por una yunta de
bueyes a traer la paja cortada por “Barquinazo”, éste se puso a “inticar”,
buscar “tirria” con el obrero rural quien optó por volver al casco del
establecimiento e informar de esta situación y pidió:
Don Amancio
Correa optó de que se retirara “Barquinazo” y le pagó la “changa” realizada.
Anduvo por
distintas zonas de nuestro Departamento dejando vívidos y tristes recuerdos por
Averías, luego recaló por el paraje “Los Ajos” y siempre causando problemas,
hasta que un día desde el Destacamento Los Indios salió un policía apodado “El
Canario” a los efectos de llevarlo detenido. En el camino empezó a generar
inconvenientes y el guardiacivil optó por la fuerza, lo hizo bañarse en el
arroyo “Del Cerrito” en el Sauce del Peñón.
Después de esto,
aparecerá por “La Yeguada” y otras veces por “Piedras Blancas”; un día tuvo un
altercado, una acción muy cobarde con un empleado de “La Yeguada” de apellido
Velásquez Olid. Agredió al asalariado rural con una duela –tabla curva de un
barril o barrica- en la cabeza ocasionándole un importante traumatismo. Cuando
Velásquez se incorpora recibe una brutal puñalada por parte del agresor debajo
del ombligo, generando una cantidad perforaciones en los intestinos llevándolo a
la muerte a una temprana edad de su vida. Cedrés fue detenido y cumplió con su
condena.
El homicida
tenía su carisma “su cuchillo era tipo navaja, se afeitaba con él en el
espejo del agua estancada”. Una vez en libertad prosiguió deambulando por la
zona, asentado en una de las estancias de “Puntas de las Sierras” un peón le
trasmite una orden recibida del capataz y para ello fue con mucha cautela. El
asesino ya había pernoctado, desayunado, almorzado y el mandato era de que se
retirara, esto no le cayó bien.
Quien cumplió
con la orden tenía muy presente los antecedentes de “Barquinazo” y no estaba
dispuesto a correr la misma “suerte” que Velásquez Olid, cuando el visitante se
aproximó al joven, en el momento que abría o cerraba una portera éste fue
insultado lo que motivó darle con la tranca o cambón de la portera en la cabeza
y lo mató “como quien mata lobos”.
Así fue el fin
de “Barquinazo” Cedrés y en él se cumplió con la popular sentencia: “quien a
hierro mata, a hierro muere”.
NÉSTOR ROCHA –
DEL PROGRAMA “AL RITMO DE LA VIDA” DE CASA AMBIENTAL QUE SE EMITE POR RADIO
UNIVERSO DE CASTILLOS.
Chuy,
24 de enero de 2003 |