"Relatos del Palmar"

 
Néstor Rocha  (Periodista Independiente)

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"Barquinazo" Cedrés

Un siniestro personaje

“Barquinazo” Cedrés fue un personaje funesto que deambuló por diversas zonas de nuestro departamento, dejando tristes recuerdos a familias y pobladores por donde él transitó. Su sobrenombre es a causa de una deformación física, tenía una pierna más corta que otra, que al caminar obviamente rengueaba y  siendo este el motivo de la aplicación del referido mote o apodo. 

Cuenta la historia oral que ingresó a través de una balsa sobre el arroyo Alférez perseguido por la policía del departamento de Lavalleja,  recaló en la primera estancia que encontró en su camino,  la del señor Eugenio Fernández y su capataz era Don Amancio Correa. Llegó en un caballo muy flaco, harapiento en un día de invierno y parafraseando la expresión del interlocutor: “un día incalculable de frío”, de esto hace varias décadas atrás. 

Un peón de la estancia fue quien lo recibió y avisó a su capataz:

  • “vino un linyera pidiendo posada”

  • “que desensille y llévalo a la cocina”

El capataz dialogó con el recién llegado quien apreció que la conversación del visitante “no era buena” y le pidió para quedarse, el encargado del establecimiento no se negó a ello. 

Al otro día, Amancio Correa se dedicó a recorrer los campos de la Estancia y sobre las costas del Alférez se encontró con  Araya, el balsero, quien había cruzado a “Barquinazo” el día anterior y le comentó al capataz:

  • “Mire ahí está la policía de Colón preguntando si pasó para este lado un linyera y le dije que sí, que lo había cruzado. Arrímese hasta allí y hable con ellos.

Correa aceptó la sugerencia del balsero y conversó con la policía:

  • “No sabe que rumbo tomó?” – preguntó el Sargento.

  • “está ahí en la estancia” – afirmó Amancio

  • “Ese hombre es muy peligroso, está desterrado de Lavalleja” – aseveró la autoridad policial.

Al tercer día de la presencia del personaje en la estancia llega el dueño de la hacienda y se le informó de la presencia del extraño en cuestión, el propietario dijo:

  • “la maula correrlo tras ser un linyera y que viene desterrado de otro Departamento, es como correrlo como un perro”

y agregó:

  • “Vamos a darle una changa, mándelo a cortar paja ahí en los bañados, téngalo algunos días, páguele y dígale que se retire, que busque otras changas por ahí”.

Transcurrido dos días, el capataz manda a un peón en una “carretilla” tirada por una yunta de bueyes a traer la paja cortada por “Barquinazo”, éste se puso a “inticar”, buscar “tirria” con el obrero rural quien optó por volver al casco del establecimiento e informar de esta situación y pidió:

  • “A mi no me mande más con ese hombre, en caso contrario me cuenta los reales que me debe y me voy”.

Don Amancio Correa optó de que se retirara “Barquinazo” y le pagó la “changa” realizada. 

Anduvo por distintas zonas de nuestro Departamento dejando vívidos y  tristes recuerdos por Averías, luego recaló por el paraje “Los Ajos” y siempre causando problemas, hasta que un día desde el Destacamento Los Indios salió un policía apodado “El Canario” a los efectos de llevarlo detenido. En el camino empezó a generar inconvenientes y el guardiacivil optó por la fuerza, lo hizo bañarse en el arroyo “Del Cerrito” en el Sauce del Peñón. 

Después de esto, aparecerá por “La Yeguada” y otras veces por “Piedras Blancas”; un día tuvo un altercado, una acción muy cobarde con  un empleado de “La Yeguada” de apellido Velásquez Olid. Agredió al asalariado rural con una duela –tabla curva de un barril o barrica- en la cabeza ocasionándole un importante traumatismo. Cuando Velásquez se incorpora recibe una brutal puñalada por parte del agresor debajo del ombligo, generando una cantidad perforaciones en los intestinos llevándolo a la muerte a una temprana edad de su vida. Cedrés fue detenido y cumplió con su condena. 

El homicida tenía su carisma “su cuchillo era tipo navaja, se afeitaba con él en el espejo del agua estancada”. Una vez en libertad prosiguió deambulando por la zona, asentado en una de las estancias de “Puntas de las Sierras” un peón le trasmite una orden recibida del capataz y para ello fue con mucha cautela. El asesino ya había pernoctado, desayunado, almorzado y el mandato era de que se retirara, esto no le cayó bien. 

Quien cumplió con la orden tenía muy presente los antecedentes de “Barquinazo” y no estaba dispuesto a correr la misma “suerte” que Velásquez Olid, cuando el visitante se aproximó al joven, en el momento que abría o cerraba una portera éste fue insultado lo que  motivó darle con la tranca o cambón de la portera en la cabeza y lo mató “como quien mata lobos”. 

Así fue el fin de “Barquinazo” Cedrés y en él se cumplió con la popular sentencia: “quien a hierro mata, a hierro muere”. 

NÉSTOR ROCHA – DEL PROGRAMA “AL RITMO DE LA VIDA” DE CASA AMBIENTAL QUE SE EMITE POR RADIO UNIVERSO DE CASTILLOS. 

 Chuy, 24 de enero de 2003

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