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El balneario
Aguas Dulces en sus orígenes se perfiló, quizás, con características únicas y
atípico respecto a otros balnearios de nuestro país.
Previamente a su urbanización era un conjunto de viviendas de paja, junco y
troncos en las arenas fiscales y los médanos. Luego por 1930 se efectuó la
plantación de árboles tales como pinos, acacias y eucaliptos, de esta manera se
mezcló otro ingrediente al paisaje del balneario. Estos elementos fueron dando
una estampa singular a Aguas Dulces a través del tiempo.
Las primeras
viviendas construidas en la costa fueron, como reseñábamos previamente, de paja,
juncos y sobre palos –denominadas palafitos- donde el agua de mar iba y venía.
Esta imagen fue motivo de numerosas postales que nos identificaron por mucho
tiempo y por diversos lugares del planeta. Muchas de ellas tuvieron nombres
sugestivos y uno de los últimos testimonios que nos quedaron hasta hace poco
fue DE PURO GUAPO, que durante mucho tiempo desafió los embates del mar hasta
que un día no tuvo la fuerza necesaria y se rindió para siempre a un océano
embravecido. Este fue uno de los numerosos ejemplos de la costa aguadulceña.
Origen del balneario
El origen del
balneario Aguas Dulces o Agua Dulce se remonta al siglo 19, es decir allá por
los 1800 y pico, el Profesor Jesús Perdomo publicó en el diario local El
Palmareño sendos artículos sobre la fundación u orígenes del balneario:
“Quien primero descubrió y divulgó el dato fue Pocha Faget: el próximo mes de
enero de 2001 Aguas Dulces cumple oficialmente cien años. En efecto, el Acta de
Comisión Auxiliar de San Vicente –con fecha 31 de enero de 1901 anota: “Varios
vecinos protestan por el cierre de una portera propiedad de don Amabilio
Olivera, cobrando peaje a los transeúntes que transitan con dirección al paraje
conocido por Aguas Dulces, sin haber éste llenado los requisitos que la ley del
código rural señala...”
“El sentido
común nos indica que, si por 1901 ya había tránsito de personas hacia y
desde el paraje conocido por Aguas Dulces quiere decir que el origen del
núcleo-balneario viene de atrás...”, acota Perdomo.
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Don Mario
Ubal Olivera brindó referencias desde cuando se veraneaba en Aguas Dulces, y
al respecto afirmó:
“mi abuelo falleció en el año 1886 y fue de los
primeros veraneantes y se llamaba Gabino Ubal Ortiz, oriundo de Florida,
siendo joven se radicó en esta zona”. |
Con relación a
las dificultades planteadas para ingresar al balneario, recogemos del artículo
del Profesor Jesús Perdomo lo siguiente: Doña Serafina González, tía de
Amabilio aconsejaba a su descendencia allá por 1900, no les cierren las porteras
a esa gente. Vienen por los niños y gente enferma que necesitan de la playa para
curarse.
¿Por qué Aguas Dulces o Agua Dulce?
Sobre el origen
del nombre del balneario se afirma que es a consecuencia de manantiales de agua
dulce existentes en diversos puntos de la ensenada de Castillos y en las
proximidades del cerro Buena Vista en el sistema de dunas entre Valizas y Cabo
Polonio. Estos lugares eran puntos de referencia de las embarcaciones que
surcaban esta parte del Atlántico en épocas de la conquista y colonial, y
atracaban en la Ensenada de Castillos para suministrarse de este vital elemento
y continuar viaje. Por ejemplo, quien no recuerda las cachimbas del balneario
construidas con una barrica de madera y cuántas veces bebimos de esa agua?.
Existe una
dualidad en cuanto al nombre, algunos lo indicaban en singular, otros en
plural.
En el
Diccionario Geográfico del Uruguay 1ª y 2ª Edición de Orestes Araujo, el nombre
siempre está en plural: AGUAS DULCES. Estas publicaciones datan de 1900 y 1912
respectivamente.
Perdomo señala
en El Palmareño esta curiosidad:
...En
diciembre de 1924 se hace referencia –clarita la letra– a el Agua Dulce, sin S,
como dice la gente vieja en singular absoluto” y así algunos años más
aparece en diversos documentos.
En el libro
ÍNDICES URUGUAYOS – Sección Rocha de noviembre de 1936 en la página 160 se
refiere al balneario AGUA DULCE y relata: “Amplitud extrema de mar y tierra.
Las rocas huyeron de este lugar, para evitar el contraste que significarían sus
moles abruptas, con la diafanidad simplista de esta costa que el mar acaricia
mansamente en una extensión de varios kilómetros”. Y al final de este
artículo indica: “en la estación balnearia acostumbra a instalarse allí un
pequeño restaurante que hace las veces de proveedor para los veraneantes. Las
construcciones son aquí rudimentarias, lo cual obliga a las gentes a vivir una
vida sana y sencilla...”
El
acceso al balneario
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De los
numerosos diálogos hemos rescatado que a fines del último cuarto del siglo
19 hasta promediar la década del 40, los vehículos empleados para ingresar a
nuestro querido balneario fueron a tracción a sangre, con el esfuerzo de
caballos y bueyes, como ser carretas, carros, sulkys. |
Además
existieron empresas de transporte de pasajeros en carros de cuatro ruedas y
entre ellas podemos recordar a las de Amonte y Vigliola, y Gómez Hermanos.
Don Mario Ubal
Olivera recuerda que por el año 1935, el vecino Rufino Cuadrado instaló un
puente hecho con desorillos de madera atados entre sí con alambres, sobre un
terreno anegadizo, entre las propiedades de Ramón Romero y Claudio Sena con el
fin de que ingresaran los primeros vehículos motorizados al balneario. Estos
eran unos Ford T ó Ford a “bigote”, era una verdadera aventura transitar por el
camino viejo a Aguas Dulces.
No solamente se
transportaba pasajeros en los diversos vehículos que hemos mencionado, también
alimentos, utilería para la cocina y diversos elementos de uso diario y
personal.
Don Eduardo
Torres recordó que en el año 1917 siendo niño se trasladó desde El Maturrango a
Aguas Dulces en una carreta tirada por cuatro yuntas de bueyes. El viaje duró
todo un día y lo rememoró de esta manera: “La carga era grande y pesada,
llevábamos leña, carbón, enseres de cocina y alimentos. Para poder entrar al
balneario tuvimos que conseguir otra yunta de bueyes para ayudar a cinchar a los
que traíamos, de yapa había que poner un caballo adelante”. Don Eduardo
aclaró “Los animales venían cansados y las arenas eran tan sueltas que no se
conocía ni un solo pasto, la carreta se enterró hasta media rueda. Estrenamos el
ranchito, era nuevo, recién hecho”.
La nueva ruta
A mediados de
1940 a 1950 se construyó la actual ruta 16, la que une a Castillos con Aguas
Dulces, lo que llevó a que el tránsito fuera más fluido y el transporte
colectivo sufrió modificaciones, se empezaron a utilizar camiones, camionetas,
taxis y ómnibus.
Vamos a recordar
a algunos de ellos, pero fueron muchos más y están probablemente en la memoria
colectiva: las excursiones domingueras cuando se viajaba en el ómnibus de don
Andrés Dávila y Ángel Saldain apodado cariñosamente “El Abuelo”, Clecisio Rocha
en su camioncito, Leonidas “Toto” Castellanos en su camioneta, Ademar
“Pandimillo” González en su Crysler negro, que oficiaba de taxímetro, los
campamentos debajo de las acacias y al lado de los médanos de la costa, por
ejemplo donde hoy está el quiosco El Zorro y el restaurante La Posada del Mar y
donde está la Terraza.
Las Lagunas
Aguas Dulces
nació rodeada de pequeñas lagunas, esteros y aún hoy subsisten algunas de ellas.
Podemos recordar la laguna “De las Lisas” próxima al Gainford, y las más
cercanas del balneario fueron las lagunas “De los Ahogados”, “De los Cuadrado”,
“Clotilde Brioso”, “De los Capinchos” y los esteros “De Juanillo” y “De los
Cuadrado”, y en las inmediaciones también había un corral de palmas.
Don Eduardo
Torres recuerda: “Íbamos a buscar agua a la Laguna de los Ahogados,
era muy grande, ya se habían ahogado dos hermanos que fueron a bañarse, cuando
sentimos unos gritos y vimos que venía uno a toda carrera”. En esta ocasión
un carrero de apellido Sánchez que hacía fletes en un carro tirado por tres
caballos desde Castillos a Aguas Dulces, se aproximó a la laguna a dar de beber
a los equinos, y Torres lo recordó así: “ese día hacía mucho calor y los
caballos venían rabiosos de sed y se tiraron nomás, el lugar era barrancoso y se
clavaron de cabeza con el carro, el hombre y todos los caballos se ahogaron”.
Las viviendas
En un entorno de
médanos, espejos de agua y esteros, Aguas Dulces fue creciendo sin ningún plan
de urbanización, primero la costa se fue sembrando de ranchitos de paja, totora,
juncos sobre palos, nos referimos a los palafitos, en una actitud osada,
desafiante con el océano pero un deleite para sus moradores, tribuna
privilegiada para apreciar un amplio y diáfano horizonte en los mejores días de
verano. O sufrir la aterradora emoción de un mar embravecido donde los palafitos
acomodaban el “cuerpo” ante los embates de las olas encrespadas de espuma, o el
disfrute en las cálidas noches de verano del espectáculo que ofrecen las olas
con sus fosforescencias, particularmente en los días de luna llena.
Luego otras
viviendas fueron emergiendo entre los médanos; al principio sus pisos fueron de
arena luego de maderas, ladrillos, pórtland. Los techos de los ranchitos de
Aguas Dulces se construían de dos estilos: “a dos aguas” ó “piramidal”.
Los vientos del
otoño, invierno y primavera sepultaban prácticamente a las casas de veraneo con
la arena voladora de los médanos del entorno. A fines de primavera ya se las
empezaba a desenterrar o descubrir para disfrutar de un nuevo verano.
En otra parte
del relato, Don Eduardo Torres comentó que: “las construcciones eran un poco
rústicas, no como las de ahora, los ranchos lo hacían mas o menos para que
duraran un par de años. El primer año lo disfrutábamos lindo, al poco tiempo
había que reformarlo”. Al respecto recordó una anécdota de las primeras
décadas del siglo 20: “Hubieron grandes vividores o piratas que hacían
ranchos en el verano para alquilar, al rancho de uno lo deshacían para poder
alquilar las suyas pero eran peores que las viviendas de nosotros”.
Generalmente las
cocinas se ubicaban debajo de un techado que continuaba a uno de los aleros del
rancho, llamados también barandas; allí solían haber mesas, sillas, utilería de
cocina, primus o braseros a carbón, luego se fueron incorporando cocinas a leña
o la Volcán.
La mayoría de
las primeras cachimbas, ubicadas en el frente de la vivienda,
fueron
hechas con barricas de madera; cuando se aterraban iban los “cachimberos” a
sacarles la arena con una pala especial que tenía dos mangos largos de madera.
Mientras que en el fondo del predio estaba el baño construido con los mismos
materiales de la vivienda con su correspondiente letrina.
Luego se
construyeron viviendas con otros tipos de materiales, los pioneros fueron los
vecinos Miguel Riet Correa con un rancho de “adobe” y Plácido Terra edificó con
madera.
En los capítulos
anteriores nos referimos a las primeras viviendas y dentro de qué entorno fue
que nació este balneario castillense. Al producirse un nucleamiento de
pobladores hay diversas necesidades que atender y hoy nos referiremos a las
actividades
comerciales en
los albores de Aguas Dulces.
La actividad comercial
El primer
almacén fue el de Virgilio Olivera, según Antonia “Pocha” Faget es el pionero de
esta actividad comercial, luego se instalaron Benito Amaral y Claudio Acosta. El
primer hotel fue de Brian Gil Taylor que anexó además almacén y una cancha de
taba.
Fueron
comerciantes los vecinos Carlos Paz, José Diego, la sociedad Bernardo
Ventura-Vicente Juaní. Miguel Araujo instaló el segundo hotel del balneario en
las inmediaciones de lo que hoy es la Escuela, donde existía una cachimba que le
abastecía de agua como también a numerosos vecinos. Luego lo vendió a los
señores José Rondoni y Julio Rodino que tiempo después lo trasladaron a un lugar
muy próximo al parque del Ministerio de Ganadería y Agricultura y Pesca, sobre
la costa.
Debemos recordar
el restorán y salón de baile de Avelino Rocha y la Terraza de Eduardo Torres que
también era un local bailable. En el año 1952 el mar destruyó el local La
Terraza, se construyó nuevamente, esta vez con dolmenit. Prosiguió realizando
bailes familiares e infantiles a los sones de las guitarras, acordeón a piano y
bandoneón, en este local no se cobraba la entrada y el negocio estaba en el
consumo de la cantina. La Terraza dispuso de una radio a batería y esto concitó
a muchos clientes por la atracción que significaba la radiodifusión en aquellas
épocas, por ejemplo escuchando partidos de fútbol, radionovelas, musicales,
noticias.
Existieron más
centros de diversión y entre ellos podemos recordar a Eitel del Cerro y Artigas
Ubal. En el año 1959 se construye y se inaugura la sede del Club Social de Aguas
Dulces. Después surgió otro local bailable: “La Boca del Lobo” de Olivar Acosta.
El día de su estreno llovió torrencialmente y se inundó totalmente, entre todos
los vecinos la desagotaron y dio comienzo la diversión. La Boca del Lobo estuvo
donde hoy funciona La Terraza.
La Escuela y el alumbrado público
Aguas Dulces
creció y fue necesario de que hubiera una Escuela que atendiera a su población
infantil y el de sus adyacencias, el dictado de clases comenzó el 10 de abril de
1963 en un garaje de la casa de veraneo de Luis Améndola, luego el centro
educativo recorrió varios locales hasta que logró tener su propio edificio. En
el año 1967 se inauguró la capilla de Aguas Dulces en un modesto local siendo el
cura párroco el Padre Lauro Nogal.
El balneario
siguió creciendo y centenares de viviendas de distintos materiales y diferentes
formas emergían entre los médanos, acacias, pinos, caminitos y una avenida
principal, denominada Gorlerito por muchos pobladores, hoy Cachimba y Faroles.
A este núcleo poblado había que proporcionarle luz. Al respecto Rosmary Rocha
Silva – hija del funcionario municipal Eugenio “Masarico” Rocha encargado entre
otras tareas municipales, de encender los faroles de la única vía pública-
recuerda: “El alumbrado fue idea de los Ediles de la Junta Local de
Castillos, se hacía mediante faroles de mecha a queroseno, que disponían de
una campana por encima para proteger lo máximo posible la llama encendida y
estaban colocados estratégicamente en el centro del balneario, que era el
entorno del Club de Aguas Dulces; se colocaban al atardecer y daba mucho trabajo
mantenerlos encendidos particularmente los días de viento. Recuerdo las noches
de luna con ese alumbrado, le daba una mística al balneario y era un deleite
salir a pasear en las cálidas noches de verano. Esta experiencia duró poco
tiempo, luego vino el alumbrado de energía eléctrica”.
Los naufragios
La costa
atlántica uruguaya está marcada como uno de los doce cementerios diabólicos en
el mundo según el investigador de naufragios Iván Sanderson. Varios centenares
de barcos sucumbieron antes las aguas embravecidas del Atlántico y del Río de la
Plata.
Aguas Dulces,
obviamente no es ajena a estos tristes acontecimientos y numerosas son las
embarcaciones de diversas nacionalidades, tipos y tamaños que cayeron para
siempre desde la conquista española. Muchas otras sucumbieron en la soledad y un
manto de misterio cubre dónde, cómo y cuándo claudicaron ante la fiereza del
Atlántico; pero de otras se saben sus nombres, lugares, fechas, cargamentos,
vidas humanas perdidas y salvadas.
En Aguas Dulces
y sus zonas próximas aún se aprecian restos de algunas embarcaciones como mudos
testigos de esas numerosas tragedias marítimas, a modo de ejemplo el bergantín
holandés Júnior que cayó el 29 de junio de 1869. Con relación a esta embarcación
el vecino Mario Ubal Olivera recordó que su abuelo Gabino Ubal Ortiz “remató
el barco y lo explotó mientras el mar lo permitió, lo compró todo con mástiles
incluidos. Con la madera construyó una pieza para los huéspedes y un galpón en
el Rincón de los Olivera, pero quedó la parte de la quilla enterrada que es lo
que aparece ahora quemada en la costa cerca de la casa que era de Gabito
Barrios”.
El Arinos
sucumbió el 9 de octubre de 1875, generador de numerosas leyendas con sus libras
esterlinas que transportaba para subvencionar los gastos del ejército imperial
brasileño en la triste guerra de la Triple Alianza, que junto a Argentina y
Uruguay la emprendieron contra el pueblo hermano paraguayo. El vapor inglés
Gainford encalló el 11 de septiembre de 1884, mientras que el 18 de marzo de
1891 le toco la misma suerte al patacho alemán Johamann ó Johanna y aseguran
que se trata de la Juanita.
A muchos
aguadulceños les hemos escuchado que frente a la Terraza y en otros lugares
aparecen trozos de carbón de piedra o coke, son varias las embarcaciones que
naufragaron con este tipo de cargamento, como ejemplos la barca italiana
Filomena un 4 de agosto de 1868, mientras que en agosto de 1874 les tocó turno
al bergantín inglés Willowbrae y el 25 de agosto de 1882 a la Luge María. Muchas
veces hemos apreciado restos de tejas y se sabe que en las inmediaciones de
Aguas Dulces encalló una barca francesa la Courier Des Mers el 19 de febrero de
1874 transportando estos elementos.
El Santa Elena
Existieron otras
embarcaciones que dejaron algunas historias donde amigos castillenses
estuvieron vinculados a través de diversas actividades. Por ejemplo el carguero
argentino Santa Elena un 25 de enero de 1956 naufragó y quedó prácticamente
sobre la costa, en las proximidades del Arinos. El mar fue socavando la arena
donde estaba varada la embarcación y con el apoyo de fanfarrines dirigidos por
el Capitán Castañola lograron que flotara nuevamente. En esta oportunidad
estaban de visita en el barco dos vecinos del balneario de apellidos Ubal y
Olivera, además estaban embarcados integrantes del Directorio del Banco de
Seguros del Estado, los señores Grauert, Antonio Gabito Barrios y el Capitán
Varela. Una vez rescatado el barco no les dio tiempo a desembarcar, pero sí lo
hicieron en el puerto de La Paloma.
Con relación al
Santa Elena, Carlos Julio Arrieche Ferrer comentó “Yo tenía un jeep con
tracción en las cuatro ruedas y era el encargado de transportar la tripulación
para cambiar la guardia de a bordo cuando no había costa. En una ocasión no
tenía suficiente combustible pero había que llevar a los marineros, y bueno
cuando llegamos al lugar del barco bajaron un bidón de queroseno, cargamos el
tanque del jeep y a los tropezones regresé al balneario con la guardia que
quedaba en tierra. La otra persona que transportaba la tripulación cuando había
buena costa era Blanco Méndez Blanco, que tenía una cachila rodado 18”.
El Santa Elena
traía un cargamento de hojas de yerba mate que fue trasladado a Aguas Dulces en
un tractor zorra conducido por Juan Sáenz conocido como “Juan Grande” y
depositado en las inmediaciones del Hotel Rondoni, en las proximidades de lo que
es hoy el Beco de los Santos. Lo cargaron en un camión Borward de la empresa
Miraglia y lo transportaron momentáneamente hasta el local que actualmente es
la Escuela Técnica de Castillos. Ahí se efectuó el control aduanero a cargo del
Receptor Octavio Pérez. Cumplida esta gestión primeramente se lo acarreó al
puerto de Montevideo, luego se decidió llevarlo directamente a la Yerbatera y
Molino Campeón.
El vapor de
bandera nacional San Salvador zozobró el 11 de octubre de 1959 en las
proximidades de donde estuviera el rescatado Santa Elena, en la ensenada hacia
la Barra de Valizas, a este navío lo desarmaron y todo el material lo
depositaron en las inmediaciones de lo que fuera el hotel Rondoni. Y de este
barco Rubén Miraglia Visconti, empresario de transporte de carga, memorizó “A
Paysandú llevé para el astillero el eje central que era de cromo níquel, era muy
pesado y de mucho valor; este eje es el que agarra la hélice”.
EL Héroe
El
acontecimiento que mayor trascendencia marcó en nuestra comunidad y fuera de
nuestras fronteras, fue la tragedia del carguero de bandera argentina Francisco
Rocco con un cargamento de madera y con una tripulación de 16 hombres. Aquí
tuvo una notable e inolvidable intervención un agente de 2ª de 30 años de edad
Don Agosto Álvarez. Era entre el 5 y 6 de octubre del año 1961 cuando la
referida embarcación encalló en Aguas Dulces y el funcionario policial
consciente del inminente riesgo de vida que enfrentaba la tripulación y
desobedeciendo órdenes de sus superiores, se tira al mar embravecido y salva a
todos luchando contra enormes olas y tablas que flotaban por doquier. Agosto
Álvarez, nació y creció junto al mar y gran parte de su vida vivió de ella, por
lo tanto sabía muy bien lo que era la fiereza del océano. Este acto lo convirtió
en el Héroe de Aguas Dulces y reconocido internacionalmente por esta heroicidad
recibió numerosas condecoraciones por su valentía y humanidad.
El ordenamiento territorial
Vecinos de
Castillos y autoridades departamentales comprendieron la necesidad de efectuar
un ordenamiento territorial del balneario Aguas Dulces, evitando que el núcleo
poblado fuera creciendo desordenadamente, buscando además un marco legal a los
bienes allí existentes. Ante ello, en diciembre de 1967 la Presidencia de la
República resolvió que el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca
suscribiera con la Intendencia Municipal de Rocha un convenio para la
regularización del balneario, con el fin de impedir la construcción de nuevas
viviendas en predios fiscales, gestión impulsada por el Diputado Dr. Jesús
Laborda Güimaraes en aquel período legislativo.
En el año 1972
se integra la Comisión Administradora de Aguas Dulces durante el gobierno
departamental del Intendente Don Mario Amaral y han transcurrido a la fecha
treinta años de trabajos por el balneario, desde aquella ocasión aún continúan
formando parte de ella el Escribano Israel Uriarte y el Ingeniero Agrimensor
César Quintana junto a vecinos que fueron sustituyendo a otros; esta Comisión
trabajó en la redacción de la Ordenanza del Balneario Aguas Dulces con el fin de
poner punto final a la anarquía edilicia.
En el año 1975
durante el gobierno cívico militar, la Junta de Vecinos de Rocha presidida por
el castillense Hugo Lujambio aprueban la Ordenanza de urbanización de Aguas
Dulces. El argumento fue que el núcleo poblado se estaba formando
desordenadamente y sin sometimiento a ninguna limitante, agravado por la
inexistencia de servicios esenciales como el agua potable, luz eléctrica y
saneamiento, ésta última situación aún no se ha regularizado. La Ordenanza no
descuidó la visión del crecimiento edilicio y el interés turístico, fomentó el
desarrollo del lugar con fuentes de trabajo en la construcción y actividades
anexas.
La prensa
El lunes 10 de
abril de 1989 el diario El País en la página de información nacional tituló
“PIDEN CONFISCAR Y DEMOLER 4 BALNEARIOS” y como subtítulo “ranchos ilegales en
Aguas Dulces, Punta del Diablo, Polonio y Valizas”. Sintetizando lo más
destacado de las expresiones del extenso artículo periodístico, señala que es
“necesario diferenciar por lo menos cuatro zonas territoriales, donde se
asientan los principales núcleos de viviendas, cada una de ellas con
características propias y por consiguiente merecedora de un tratamiento
diferencial. La nota común en todos estos nucleamientos es que los particulares
han efectuado una ocupación indebida, construyendo viviendas sobre la costa y la
zona de playas........”
El 2 de febrero
de 1988 se integró un grupo de trabajo en el Ministerio de Turismo para evaluar
la situación de deterioro de los balnearios del departamento de Rocha, entre
ellos Aguas Dulces y tal como lo indicaba el diario El País el 10 de abril de
1989, se diferenció cuatro zonas territoriales con características propias. Este
grupo de trabajo llegó a la conclusión de que el asentamiento Aguas Dulces es
competencia de la Intendencia Municipal de Rocha en un sector mientras que en
otro lo era el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca. Además planteó que
era necesario la intervención judicial imponiendo el cese de las ocupaciones
indebidas mediante la promoción de desalojos, desocupación y demolición de las
viviendas en el dominio fiscal.
La urbanización
Punto Azul
entrevistó al respecto al integrante de la Comisión Administradora de Aguas
Dulces Escribano Israel Uriarte quien expresó “La anarquía de las
construcciones del balneario se debía a la superposición de competencias,
durante mucho tiempo no se supo quien mandaba. Por un lado existía un expediente
que el gobierno reconocía a la familia Olivera como propietarios de esos
terrenos, luego se demostró que no era así, la Prefectura Naval tiene
competencia sobre toda la costa y el Ministerio de Ganadería y Agricultura y
Pesca era propietario de algunos padrones”.
Uriarte recordó:
“cada vez que se pretendía ordenar se chocaba contra dos anarquías, la
física, es decir que las construcciones se hacían por cualquier lugar a vista y
paciencia de todos y la anarquía jurídica por la superposición de competencias.
Felizmente se aclaró en virtud de una paciente investigación del Dr. Amadeo
Molina Faget quien comprobó que los bienes en cuestión nunca salieron del
dominio fiscal. Convencido el Estado de ser el único propietario transfiere a la
Intendencia Municipal de Rocha los padrones 1616, 1617 y 1645 donde se
encuentran los núcleos poblados de Aguas Dulces y Barra de Valizas, con la
facultad que otorga la Ley 16335 del 5 de diciembre de 1992.”
Transcurrieron
cincuenta años, desde 1942 a 1992, para regularizar la situación jurídica de
estos terrenos, hoy el balneario en gran parte se encuentra urbanizado y en la
misma medida al amparo legal.
Uriarte destacó
la labor del Ingeniero Agrimensor César Quintana cuando comenzó las tareas de
urbanización y al respecto memorizó “se encontró que no le dieron un terreno
limpio donde pudiera depositar toda su fantasía, con un desorden de
construcciones y sobre eso tuvo que hacer los fraccionamientos tratando de
respetar lo que estaba hecho. En vez del damero español, las manzanas cuadradas,
se adaptó a una realidad y evitó al máximo las demoliciones que atentaban el
derecho de propiedad legítimo porque lo que construyeron no fue violentando
ninguna ley. Fue tan trabajoso y esmerado el trabajo que hizo Quintana que sólo
se demolieron cuatro viviendas y a una de ellas por sus condiciones humildes el
Gobierno Departamental les dio el terreno y les construyó el mismo ranchito”.
El nomenclator
En la edición de
enero de 1998 el periódico castillense El Palmareño impulsa la idea de
confeccionar un nomenclátor para Aguas Dulces, al respecto se conformó un grupo
de trabajo y se decidió que en la elección de nombres para las calles y
espacios públicos tuvieran parte activa los aguadulceños a través de una
votación, expresando sugerencias para las denominaciones en treinta urnas
distribuidas en locales públicos de Aguas Dulces y Castillos, donde participaron
más de 575 personas.
De esta manera
hemos llegado al Aguas Dulces actual y damos punto final a esta propuesta de
investigación periodística, valorando que la riqueza histórica de nuestro
balneario es más amplia, pero por razones obvias no podemos extendernos más. Los
dejamos con la promesa de que las otras historias la difundiremos más adelante.
Trabajo
realizado en el marco de Investigaciones llevadas a cabo por Casa Ambiental.
Chuy, 24 de octubre de 2002 |