Desde Almería, España

 
Graciela Vera  (Periodista Independiente)  Biografía

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"Yankees, go home"

y llevadme con vosotros, Please

PARTE I

INTRODUCCIÓN
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DIFERENCIANDO LOS MUNDOS
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SIMPLEMENTE, GANAS DE CANSAR AL LECTOR CON PREÁMBULOS

¿Quién puede entender este enredo con el que se han ensañado contra nuestras mentes tratando de convencernos de que el planeta se divide  en dos mundos?

Por un lado los inventores de este artilugio social que astutamente se han colocado en el llamado ‘primer mundo’ y en la otra esquina los demás, ubicados en un resabiado ‘tercer mundo’.

Y dependiendo de en qué punto del planeta vivamos, nos situamos anímicamente para ser primer o tercermundistas.

¿Qué ocurre cuando nos han asegurado de que estamos en una de esas partes y descubrimos que cada uno de esos mundos tiene muchos submundos y nosotros, convencidos de estar en el primero, caemos en vertiginoso desplome del que ya no habrá Unión Europea que nos salve?

El ring deja de ser un cuadrilátero con dos esquinas ocupadas y dos libres para casos excepcionales y se convierte en lo que realmente es el planeta: una gran esfera cuya circunferencia tiene la particularidad  de dar por traste con los conceptos generales de la geometría.

En la escuela nos enseñaron que la circunferencia es una línea curva cerrada, cuyos puntos son todos equidistantes de otro llamado centro.

Al mirar esa gran esfera llamada Tierra yo digo simplemente ¡Jah!

¿Que qué quiere decir ¡Jah!?

Pues precisamente eso: ¡Jah!.

¡A mi con los conceptos geométricos, los políticos y los sociales!

Durante años ¡que digo!, durante décadas o lo que es más explícito, más de la mitad de mi vida, de toda, la que he vivido y la que voy a vivir, me han hecho creer que habitaba en un país del llamado ‘tercer mundo’,  que en otra época ya considerada historia anduvo coqueteando con el primero.

Y de tanto oírlo, comencé a ver los baches de algunas calles como grandes cráteres que impedían el tránsito y los carros de  los juntapapeles, tirados por caballos, como una gran lacra social por la que el país debería, si quería pagar su insensibilidad, arrodillarse todo él sobre granos de maíz, de ese mismo con el que se alimenta los cerdos y las gallinas que vamos todos, los que viajamos en automóvil y los que tienen un vehículo ‘de tracción animal’, a comer en las fiestas de fin de año… o antes si es que nos da un ataque de hambre aunque, la verdad, en nuestro país nunca se ha sentido hambre, ni aún los que no tienen ni una puerta en su casa o ni un techo que poner sobre una puerta tienen idea de lo que es realmente tener hambre.

Y si nosotros, que comemos choripan y bebemos vino tinto sin necesidad de una excusa para hacerlo y nos quejamos de que el carnicero nos encajó una tira de asado con mucha grasa y ya el viernes andamos haciendo agua la boca pensando en la raviolada del domingo, a pesar de ello nos encontramos con que somos ciudadanos del tercer mundo, entonces es cuando nos preguntamos a que mundo enviamos a los que nunca han visto un refrigerador ni una cocina con una olla de sopa calentándose encima de la hornalla;  ni saben lo que es  un grifo del que salga agua potable ni tienen idea de lo que es un plato de ravioles, un trozo de carne asada y mucho menos un choripan acompañado por un vaso de tinto.

Me vine a vivir a lo que me dijeron era el primer mundo y lo creí ‘a pie juntillas’, pero también me asusté porque quedé tan cerca del tercer mundo, bueno…..

Comenzaron mis dudas; si yo venía del tercero a este primero y no hay otros ¿a que mundo pertenecía ese tercero que está al sur de éste y donde la gente no tiene derecho a comer  simplemente porque es pobre?

Parece ser que cuando alguien comenzó (tiene que haber habido un primer ideólogo del asunto) a utilizar los términos ‘primer mundo’ y ‘tercer mundo’, también empleó ‘segundo mundo’, pero por entonces, al principio, estas definiciones no identificaban situaciones económicas sino que dividían políticamente a los humanos de todo el planeta según el lugar donde les hubiera tocado vivir.

En los primeros tiempos, ¡uhy, si hasta parece que voy a escribir un tratado de historia!, el primer mundo lo conformaban los países capitalistas y en el segundo mundo estaban aquellos con economías centralmente planificadas, digamos en roman paladino, aquellos donde nadie podía chistar porque había un ‘papi-estado’ ordenándolo todo.

Por entonces, en el tercer mundo se encuadraban los países que mantenían una sociedad tribal. Con estos criterios mi querido Uruguay quedaba incrustado en el segundo mundo pero, así como ‘el maracanaso’ ya es historia, también lo es ese segundo mundo y el planeta pasó a dividirse en países desarrollados y ricos, los que se ubicaron en el primero, y países en vías de desarrollo, los que como Uruguay pasaron a formar parte del tercero.

Aquí es donde comencé a perderme entre teoremas y axiomas que no me han llevado más que a convencerme de que entre el primer  mundo y el tercero no sólo debería continuar existiendo un segundo sino que coexisten muchos más y, más aún siguiendo a ese tercero.

Hay un cuarto, un quinto… y un noveno… y quizás hasta un vigésimo.

PARTE II

DISQUISICIÓN
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¡VAYA CHASCO QUE ME LLEVÉ!
o
SEGUIMOS DANDO VUELTAS ANTES DE ENTRAR EN TEMA

Y yo, convencida de haber llegado al primer mundo comencé a preparar mi cama sobre un colchón de laureles (¿será así como se ‘duerme sobre los laureles’?)

Con este asunto me llevé un buen chasco.

No demoré mucho en darme cuenta que es bueno vivir en España porque, aunque no se compara con el nivel de Alemania o Suecia, está mejor que Portugal y casi se empareja con Italia y hasta en algunos aspectos con Francia… eso sí, hay de que quejarse porque con esto de la moneda única, los salarios son más bajos y rinden  mucho menos que en esos países.

La diferencia a nuestro favor estaba y sigue estando en la jarana, esa mezcla de algarabía, fandango, parranda y regocijo; fiestas populares que se superponen porque no se ha terminado el baile en un pueblo que ya comienzan los músicos a afinar los instrumentos en el siguiente.

Y aunque económicamente percibamos  menos que los vecinos del norte, no hay país como España para eso de disfrutar y pintar el calendario de  rojo.

Entre fiestas nacionales y locales, ’puentes’ que permiten unir con el sábado y el domingo un día de asueto que no importa si está en medio de la semana, con la única finalidad de poder salir de vacaciones en avalancha por una carretera tan saturada que un recorrido que normalmente lo haríamos en 5 horas nos llevará 18 y que en muchos casos terminará en un sitio donde estará lloviendo y desde el cual, previniendo que las 18 horas de la ida puedan convertirse en 24 a la vuelta, volveremos a coger el coche sin haber siquiera abierto tres de las cinco maletas que hemos llevado con ropa de verano y de invierno porque ésto del clima, últimamente nos está obligando a olvidarnos de viajar ligeros de equipaje.

Pero lo cierto es que, aunque se ve ‘a la legua’ que en muchos aspectos nuestro uruguayo tercer mundo supera a parte de este español primer mundo, pues para el organigrama del planeta este país donde ahora vivo se ubica entre los de ese primerísimo y su pueblo no tiene motivos para no sentirse orgulloso de ello a pesar de los muchos ‘peros’ que se podrían interponer a la designación.

Dice un sabio consejo que donde fueres haz lo que vieres. Y si España me acoge en su primer mundo como parte de su pueblo, yo también me siento orgullosa pero ello no me convierte en un monito sabio.

Yo veo, yo oigo y como también hablo puedo expresar mis conclusiones y decir que mucho de aquello que en el tercer mundo americano del sur hemos criticado,  lo heredamos sus pueblos precisamente de esta Madre Patria que sigue negándose a dejar de lado esas extraordinarias ‘rarezas’ que tanto le diferencia…, nos diferencian, de otros pueblos.

Singularidades que hacen que el primer mundo se halla llevado ‘flor de chasco’ con este país que aunque quiere saltar, tiene manos que aún le sujetan desde el otro lado.

Parte III

MOTIVACIÓN
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POR FIN VEMOS TIERRA
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QUIERO IRME CON ELLOS

Los humanos, al menos los de estos lares y si mal no recuerdo también los de aquellos, tenemos la costumbre de repudiar todo lo que no podemos alcanzar.

Y si ese menosprecio tiene nombre poderoso, pues entonces nos embanderamos con la vejación que pretendemos imponer y por sistema nos opondremos a todo lo que tenga algo que ver con el objeto de nuestra aversión.

Hay maneras y maneras de demostrar esa inquina.

Está la de los que llegan a extremos incalificables o la de los que se conforman con actuar incorrectamente sin saber muy bien porqué o, más triste en su acción, porque  les han inculcado el por qué y no se han preocupado de procesar por sí mismos la información ni de buscar explicaciones más allá de su intolerancia.

Y si algo o alguien se llevan el premio gordo en esto de suscitar  antipatías, los yankees se han ganado la copa de oro en la individual y en la colectiva.

No importa si estamos en un país donde se habla español, alemán, chino, italiano, quechua, francés o senegalés, siempre encontraremos un mensaje que no se ha escrito en el idioma nativo sino en perfecto inglés: YANKEES, GO HOME.

Nos sentimos malhumorados si encontramos que alguien ha pintarrajeado un muro con un: SUDACAS, VUELVAN A SUS CASAS, o ha escrito NEGROS, NO LOS QUEREMOS, pero en el fondo nos regodeamos de ese YANKEES, GO HOME.

Eso sí, en lo profundo, muy en lo hondo de nuestro pensamiento queremos agregarle aquel Y LLÉVENME CON USTEDES que un día leímos en un muro montevideano; simplemente  queremos que lo hagan porque algo intuimos que nos hace creer que ellos sí, viven en ese primer mundo que en algún momento de nuestras vidas hemos soñado que existe.

No  son perfectos, y tienen sus barrios marginales y sus gethos y hay gente que duerme en la calle y tienen un presidente que quiere imponer su pacificación por la vía de las armas y se mete con otros países desde donde no le han llamado pero ¿Qué culpa puede achacársele a sus familias, a sus trabajadores, a los millones de seres que llegaron desde el tercero, cuarto o quinto o vaya a saberse que mundo y encontraron las puertas abiertas para progresar económica y socialmente?

 Hace poco alguien me dijo que en los Estados Unidos el que quería trabajar tenía trabajo.

Me lo dijo una persona que llegó a ese país hace cuarenta años con 15 dólares en el bolsillo y hoy se sienta detrás de un escritorio desde donde mueve miles de los billetes verdes con sólo mover su dedo.

Cuando alguien se encapricha con algo sin más razón que dar razón a su testarudez, saco a relucir el asunto del queso como un buen ejemplo de la idiotez humana. 

Parece ser que un señor muy terco, no quiero endilgarle ninguna nacionalidad, no vaya a ser que se nos den  vueltas los mundos tal como estamos acostumbrados a nombrarlos ahora; encontró una pastilla de jabón, de aquel jabón rústico que utilizaba mi abuela para lavar la ropa y lo confundió con un queso por lo que pidió –no precisamente a mi abuela- una rebanadita de lo que él consideraba que era un sabroso manjar. 

Le fue negado con la explicación de que aquello era jabón y no queso pero, por naturaleza testarudo como pocos, el hombre insistió tanto que terminaron permitiéndole que lo probara.

Ni corto ni perezoso, al obtener el visto bueno a su petición cortó un pedazo del jabón al que a su vez, de un mordisco sacó un buen trozo y ante la cara de expectación de quienes le rodeaban  y dispuesto a no dar su brazo a torcer aseguró: ‘no es bueno, pero es quesu’.

Y aquí estamos, rodeados de gente que tiene a los yankees ‘entre ceja y ceja’ y mete en la misma bolsa al trabajador y al presidente y si éste no es santo de su devoción, por deformación aquellos tampoco lo serán y entonces dicen ‘quizás sean buenos, pero son americanos  y por esa simple connotación no queremos saber nada de ellos ni de su mundo’.

Parte IV

FINISH
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FINAL
o
¡COMO VOLVER DE LAS RAMAS!

Sí, no voy a negarlo, yo tengo la costumbre de irme por las ramas.

Quería escribir sobre los WC y termino narrando un compendio de incongruencias que tienden a explicar algo sobre economía.

Mi insistencia en escribir largo no deja de ser un desquite por tantos cortes que hube de hacer en los diarios de papel. Aún recuerdo cuando el jefe de redacción me entregó un libro de 280 páginas y me ordenó que lo condensara en apenas 22 líneas.

Pero llegado aquí pienso que en realidad debería haber comenzado por explicar porqué este primer mundo europeo pasó de ser casi perfecto a contar con todas las imperfecciones de un cuarto o quinto mundo y el de España cayó a un octavo lugar y entonces nosotros, los uruguayos nos hemos ubicado por el decimo quinto y los pobrecitos pobres cayeron en picada hasta ocupar los lugares por el trigésimo o cuadragésimo sitio de la escala invertida.

Los americanos (o yankees) son insoportables cuando se lo proponen.

En primer lugar se niegan a entender este idioma tan rico en matices que ya es el tercero más hablado del mundo; pero eso sí, son respetuosos y aunque nos sirvan un café que más parece agua con colorante que la exquisita infusión a la que estamos acostumbrados, nos encantan sus suculentos desayunos a base de huevos y tocino.

Después de todo, la civilización consiste en adaptarse y no resulta difícil hacerlo al sistema de vida americano.

La empleada doméstica, el fontanero y hasta el chico que corta el césped van a trabajar en su automóvil y la gente es respetuosa de los bienes públicos.

Parece ser que allí los empresarios (odiados capitalistas) se ocupan de hacernos la vida fácil y todo está diseñado, pensado, envasado, preparado para ello.

No es necesario esperar a un día hábil para hacer la compra porque no importa que sea domingo, 4 de julio, Día de la Independencia americana,  que viene a ser algo  así como el 14 de julio en Francia con la toma de la Bastilla; o el 25 de agosto en Uruguay:  Día de la Independencia o la fiesta de la Hispanidad de España el  12 de octubre.

En América los festivos se trabaja y no hay largos feriados y nosotros nos damos cuenta del motivo por el que el nivel de vida es tan alto: trabajo, honrado trabajo.

Y sigo enredándome sin llegar al WC, motivo de este ‘cortísimo’ artículo.

Es que los WC de los aeropuertos americanos me dieron la pauta de que algo no coincidía con la clasificación que se hace actualmente de los mundos.

Soy consciente de que cualquier cosa que deje sin estar previamente ‘amarrado’ o en sitio cerrado con candado, en lugar público, en cualquiera de estos países del primer mundo, desaparecerá en poco tiempo, y no precisamente por arte de la magia.

En el país de los yankees eso no ocurre. Y no digo que no haya excepciones, digo que la cantidad es lo que cuenta a la hora de la clasificación.

Allá, en ese primerísimo mundo, un sitio tan poco ‘chic’ como un baño público demuestra cual ancha es la brecha que lo separa de los países europeos y ni siquiera me atrevo a asomarme en la que lo aísla de los latinos.

Todo lo que una mujer puede llegar a necesitar para su higiene y comodidad íntima está a su disposición ‘free’. No es esto lo que me sorprendió, es que está allí y nadie tomará más de lo que necesita.

En estos países del llamado primer mundo europeo sería imposible pensar en instrumentarlo porque, seguro que ante esta comodidad y en lugar de asombrarnos de que no nos cobren por hacer uso de las instalaciones ni de que las puertas no llevan pintados los consabidos: ‘Ana ama a José’ o ‘María y Julia son amigas’, por ejemplarizar sólo con las leyendas que no entran en la categoría de las tres X, estaríamos haciendo acopio para los próximos diez meses propios, de nuestra familia, vecinas y amigas.

Precisamente pensaba que estos pequeños detalles son los hablan del civismo de la gente y los que terminan ubicando a cada país en un lugar de la escala, cuando caí en la cuenta de que por Europa y también por el sur del río Bravo aún oprimimos un botón o tiramos de una cadena para hacer correr el agua y allí ¡flor de susto te pegas!, el agua fluye por el sólo movimiento de nuestro cuerpo.

¿En qué mundo colocaremos entonces a los países donde las alcantarillas brillan por su ausencia y los WC se sustituyen por una mata que ni tan siquiera sirve para salvaguardar la mínima intimidad?

Lo que es seguro es  que yo me cuento entre los que prefieren ir al mundo americano (del norte)  y si los yankees nos dejan ante la advertencia, que tomen en cuenta que I ALSO WANT TO GO.

Y no crean que sólo por el tema de los WC es que quiero seguirlos, pero la verdad, acabo de salir de uno público de mi primer mundo y tengo que respirar aire fresco antes de explicarles que las diferencias se perciben, precisamente cuando tenemos algo con que comparar.

 

Almería, en el sur del norte, julio 19 de 2007

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