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Parte 1
EL MERCADO MÁS CERCANO
No nos podemos quejar, incluso los errores sirven para
aprender y, si en el inventario podemos ubicar un rubro
bajo el rótulo de APRENDIZAJE, habremos ganado.
¡Cuidado!, siempre que lo que aprendimos sea utilizado
para solventar las equivocaciones del pasado, abrir
caminos a un futuro que queremos mejor y seguir
aprendiendo.
En TURISMO, los errores cometidos hasta ahora, tanto los
emergentes de la incapacidad o desconocimiento de
la Administración Pública, como los
generados a nivel privado, muchas veces éstos por
comodidad, desidia o simplemente conformismo, no podrían
catalogarse estrictamente como grietas insalvables en el
organigrama de la industria turística uruguaya,
podríamos aventurarnos a decir que se trata de fisuras
que deben ser rellenadas adecuadamente.
Lo primero que debemos hacer es desdibujar el mapa de
desinformaciones que, por décadas
hemos estado utilizando como cuaderno de
planificaciones en la materia.
Seamos humildes cuando barajemos posibilidades y
enormemente creativos al momento de concretarlas, pero
comencemos por una franca introspección de nuestra
realidad como país turístico.
Uruguay, como oferta turística no existe.
Resulta incómodo tener que reconocerlo, más cuando
durante años nos han hecho creer que contamos con las
siete maravillas del mundo para atraer visitantes.
Y nosotros nos hemos ocupado, periodismo y operadores de
turismo, de crear la falsa imagen de un paraíso buscado
por el mundo,
deseado y por fin hallado escondido dentro de
nuestras fronteras.
Pero hasta ahora no ha sido ‘fabricado’ el Uruguay
turístico que pueda venderse con relativa facilidad.
Estamos actuando como los animales de tiro a los que se
les colocan antojeras
para que no pierdan de vista la ruta –angosto
camino- trazado por el conductor.
Y nos hemos encaprichado en que el conductor de nuestro
camino en esta materia tan trascendental, no tenga
intereses uruguayos.
Hasta el momento nos venimos conformando con un
fragmento casi local del mercado: el que tan sólo debe
traspasar una frontera para llegar al país.
No es mala cosa cuando el mismo arriba en forma masiva
y generando divisas pero, en los últimos años
hemos visto bajar sensiblemente el gasto de los turistas
argentinos y cada vez hemos tenido que provocar de forma
más agresiva y con mayores desembolsos económicos, su
interés por nuestras playas (el turista argentino viene
en busca de arena y sol).
¡Por supuesto que nuestra oferta en Argentina está bien
encaminada!
Nada podemos objetar al respecto pero ¿qué pasa cuando
nos cierran puentes y nos quitan a los turistas en
nuestras propias ineficientes narices?
¿Hasta cuándo seguiremos adulterando los balances para
dar respuestas que satisfagan a unos pocos intereses
desinformando a otros muchos?
Los argentinos vienen –o venían- porque tenemos las
playas que a ellos les faltan o que tienen, pero con
temperaturas medias muy inferiores a las de las
nuestras.
Nos jugamos todo a una sola carta y desde esta realidad
surgen nuestros principales errores.
Nos centramos, quizás por cercanía, en el mercado
argentino y nos olvidamos de países que en el entorno
del Cono Sur y adyacencias, son potenciales clientes de
nuestro turismo: Paraguay y Bolivia,
por sus condiciones mediterráneas;
Perú y Chile por el contraste de las costas
atlánticas con las del Pacífico.
Un segmento relativamente importante de la población de
clase media y media alta de de estos cuatro países
debería estar en la mira de nuestras campañas para
captar visitantes.
Primeros dos errores, el de acostumbramiento y el de
omisión.
Para viajar se necesitan medios de transporte y en este
aspecto Uruguay es un país aislado.
Las frecuencias terrestres, marítimas y aéreas con
Argentina y en algunos casos con Brasil no solventan las
necesidades de una cobertura logística mayor.
Dependemos tanto de terceros, que esperamos que los
viajeros lleguen a Argentina y desde allí, si no les han
atrapado las ofertas turísticas de ese país o si,
después de hacer turismo en él les queda un resto de
días libres, crucen al nuestro para encontrar en él, lo
que ya les han ofrecido, mostrado y han disfrutado, con
la salvedad de que lo nuestro se basa apenas en buenas
intensiones a escala menor.
No hay aviones ni hay ómnibus en viaje directo entre los
posibles clientes y nuestra oferta de venta.
Tercer error, el de planificación.
El segundo fragmento importante de viajeros que, si
queremos catapultarnos a la condición de país de turismo
debemos saber atraer es el brasileño.
No podemos ser tan ilusos de pensar que los del norte
llegan a Uruguay por su oferta de sol y playa. Han
bajado en busca de lo diferente y en la medida que no
sepamos dárselo, perderemos su interés.
¿Alguna vez nos pusimos a pensar qué podíamos ofrecerle
a un país que tiene, un carnaval más espectacular que el
nuestro y
playas paradisiacas?
Seguramente algo han encontrado para seguir viniendo,
que no es precisamente lo que nos encaprichamos
en venderles y sería buena cosa encontrar la respuesta
para así poder potenciarlo.
Cuarto error la desidia, el autoconvencimiento de que
con lo que ya contamos es suficiente.
Podríamos continuar enumerando los desaciertos en los
que hemos incurrido y que nos van arrinconando entre los
países que pasan desapercibidos a la hora de elegir
destinos.
Uruguay no puede asegurar entre el 10 de diciembre y el
28 de febrero, 56 días (un 70 por ciento) de sol, ni una
temperatura media constante.
Hay 24 días que no son de playa (en el supuesto de que
los visitantes vengan en plan de turismo de playa) y que
no pueden quedar en blanco; debemos ofrecer otras
opciones que satisfagan a éstos y permitan captar
turistas con intereses diferentes a los de baños de sol
y de mar.
Circuitos turísticos culturales aprovechando que la
cultura es un fuerte de nuestra idiosincrasia.
Espectáculos que escapen de la puntualidad (no nos
referimos a la horaria) y resulten populares y
accesibles, aún a los turistas que no han sido
previsores para sacar entradas con tres meses de
anticipación.
Crear actividades periódicas con continuidad. En este
aspecto los festivales son una opción interesante a
tener en cuenta.
Debería planificarse y unificarse los calendarios de
festivales pensando en distintas ofertas para distintos
clientes. En este aspecto la superposición no perjudica,
la omisión sí.
Uruguay tiene ya una importante lista de festivales
locales e internacionales cuya importancia ha
trascendido fronteras.
Folclore, danzas, cine, se dividen entre los que motivan
la presencia
de turistas
y los que, sin ser proveedores inmediatos de
éstos, dan fama al país organizador.
La importancia de ambos está separada por sus
repercusiones: la inmediatez y la sostenibilidad.
Esta última refiere esencialmente al mercado más
distante (América del Norte, Europa o países como Japón)
y que trataremos en una segunda parte.
La primera entraría a formar parte de un circuito
periódico que requiere una difusión agresiva,
convincente y realizada con varios meses de
anticipación, en los países nombrados en un principio.
La necesidad, real o inducida, de conocer culturalmente
un país, una región, una ciudad, es el primer paso para
crear una corriente de turismo no estacional.
En la otra punta de la línea invisible debe haber una
oferta real. La seriedad es esencial y la propuesta debe
convencer con:
un calendario inamovible; una logística complementaria
eficaz; una oferta hotelera diversificada; una
gastronomía tradicionalmente autóctona, otra gastronomía
de nivel internacional, disponibilidad de horarios para
acceder al arte (museos), al espectáculo (teatros), a
los tours guiados, etc.
El tratamiento de estos temas, algunos de los cuales
Uruguay tiene salvados con nota alta, y otros los
trataremos en la próxima entrega en la que realizaremos
comparativas entre las ofertas turísticas a nivel
mundial y la oferta uruguaya.
En Almería, en el sur del norte, marzo 29 de 2007
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