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"Un animal es un ser orgánico que vive, siente y se
mueve por su propio impulso"
La Enciclopedia Encarta define:
Animal,
cualquier miembro del reino Animal. Este reino comprende
todos los organismos multicelulares que obtienen energía
mediante la digestión de alimentos, y contienen células
que se organizan en tejidos.
Los seres humanos somos pues animales, con capacidad de
pensar y decidir pero en definitiva animales con todos
los instintos primarios a flor de piel.
Somos mamíferos
primates (especie a la que pertenecen los monos y los
humanos); éstos últimos con
características biológicas que nos diferencian
del resto de las especies vivientes: pensamiento
abstracto y lenguaje que nos permiten comunicar ideas
que forman parte de la conciencia o facultad para
conocernos a nosotros mismos y a nuestros estados de
ánimo.
Aristóteles realizó quizás la más sencilla y contundente
de las definiciones:
el hombre es un
animal racional.
La inteligencia es lo que diferencia al hombre de los
animales.
¿Realmente?
¿DIFERENTES?
Muchos ejemplos desmoronan la teoría de que los animales
actúan siempre por instinto y no por voluntad, sus actos
están programados o dictados por la necesidad biológica
y que no poseen conciencia.
Los seres humanos solemos negarnos a ver las semejanzas
que tenemos con especies que considerados inferiores
pero cuando abrimos los ojos, es entonces que el asombro
no nos deja ni pestañear.
Los humanos usamos palabras para comunicarnos con tan
poco criterio que muchas veces no entendemos lo que dice
el que está frente a nosotros y debemos recurrir a la
mímica, el mismo idioma de señas que utilizan nuestros
críos cuando aún no se han iniciado en el idioma
hablado.
Investigadores escoceses de la Universidad de St.
Andrews, han establecido que los orangutanes también
usan la mímica para hacerse comprender, pero ya no entre
sí, sino con sus cuidadores humanos.
Recientemente la revista Current Biology (Biología
Actual) publicó el descubrimiento(1*) señalando que los
orangutanes se comunican mediante un lenguaje de gestos,
similar al que los seres humanos emplean cuando juegan a
adivinar títulos de películas.
Pero dejémonos ahora de adivinanzas y regresemos a
nuestra cotidiana existencia. Pensemos en el último gran
berrinche de nuestro hijo, nieto o el vecinito de al
lado.
Él quería algo, deseaba alguna cosa más allá de la
lógica; quizás una golosina, un autito nuevo, que lo
dejaran ir a jugar con sus amigos; alguna cosa que en el
momento le fue negada y ello
le provocó tal
arrebato de furia que gritó, lloró, se puso colorado y
hasta se revolcó por el suelo.
Un comportamiento común en los niños y que no es ajeno
dentro de otros parámetros a muchos mayores de la
especie humana y
que se ha observado que tampoco es ajeno a los
orangutanes cuando no reciben lo que quieren y más si
saben que pueden obtenerlo.
Nos encontramos con que no
es tanta la
diferencia entre los humanos y estos grandes simios, a
más del pulgar, ese dedo que nosotros poseemos fuerte y
hábil –fijémonos si aún lo tenemos- y que representa
nada menos que la civilización misma y del que carecen
la mayoría de los mamíferos o, como el orangután, lo
tienen muy corto y débil, lo que significa, aún sin
desarrollar por completo.
Cuando dejamos atrás nuestro último antepasado común,
emergimos con ese pulgar que nos hace diferentes, y esa
disparidad nos permite encontrar las similitudes que nos
hacen pensar que no hay tanta diferencia.
Por lo demás, la ciencia nos ha develado que gorilas,
orangutanes, chimpancés
y seres humanos comparten más del 97% de su
información genética.
¿Inteligencia?. ¿Aprendizaje?. ¿Civilización?.
¿Diferencias?
Los orangutanes son muy inteligentes – usan herramientas
y un ejemplo es que obtienen
la miel de las colmenas utilizando palillos.
Y a diferencia
de quienes necesitamos un GPS, un mapa
o una brújula para encontrar el camino correcto,
ellos encuentran
siempre la forma de llegar a determinados árboles justo
en el momento en el que la fruta está madurando.
ARQUITECTOS Y DISEÑADORES DE MODA
Los orangutanes no son los únicos simios que construyen
su casa o nido para dormir, pero éstos además de la base
colocan sobre
‘su lecho’ un techo que los protege de los
rigores del clima y hablando de inclemencias, también se
protegen de la lluvia con chubasqueros y paraguas.
No son de plástico de colores como los que usan los
humanos pero su ingenio no parece detenerse por minucias
como la elaboración de moldes o el terminado en
pespuntes; los
orangutanes utilizan los materiales que tienen a mano,
se protegen tanto de la lluvia como del calor
sosteniendo ramas con hojas sobre sus cabezas y
envuelven grandes hojas alrededor de la cabeza y el
cuello.
Y llegando a este punto nos preguntamos si los
orangutanes llegarán algún día a desarrollar totalmente
su pulgar y de hacerlo, qué diferencia habrá por
entonces entre nuestras especies.
Podemos estar ante una pregunta que no tendrá nunca
respuesta. Los humanos no queremos competencia. Es otra
característica que nos diferencia de los grandes monos:
somos egoístas.
El ser humano tiene instintos primarios únicos, como el
de destruir y destruirse, matar simplemente por
encandilarse con un incalificable sentimiento de poder.
Posiblemente ya hemos hecho todo lo posible para que
estos grandes monos que no son tan diferentes a
nosotros, dejen de existir a muy corto plazo,
posiblemente apenas una década baste para que los
orangutanes pasen al libro de las especies
desaparecidas.
UN RITMO DE REPRODUCIÓN MUY LENTO PARA SALVARSE
Al igual que en los humanos, las hembras de orangután
están en condiciones de procrear recién después de
alcanzar los 12/15 años de edad y dan a luz en espacios
que oscilan de los 3 a 8 años.
Un ritmo de reproducción tan lento para recuperarse de
la muerte provocada por grandes incendios,
desforestación de los bosques que han sido su hábitat y
caza indiscriminada o, quizás en este punto debamos
hablar llanamente de asesinato.
Se estima que el orangután estará genéticamente muerto
dentro de cinco a diez años. Después de ese tiempo
quedarán aún orangutanes pero serán poblaciones
insuficientes para que la especie sea viable.
En el siglo pasado y lo que va del actual se ha
producido una alarmante reducción en la población de
orangutanes, el fenómeno se ha acrecentado especialmente
en las últimas décadas a causa de la deforestación de
las selvas de la reserva de Kinabatagan, en Malasia
donde los pocos orangutanes que quedan no pueden
sobrevivir en plantaciones controladas.
Los últimos lugares del planeta donde quedan orangutanes
‘en libertad’ son las islas de Borneo y Sumatra. Menos
de 3.000 ejemplares en Sumatra y entre 10 y 15.000 en
Borneo, una cifra muy inferior a los 60.000 que fueron
censados a finales de los años 90.
Karmele Llano, veterinaria española que trabaja en
Indonesia precisamente en la conservación de primates
como el orangután se ha referido a su futuro con la
crudeza de quién anuncia un mañana que ya no es posible
revertir ‘Se
considera que el orangután estará muerto genéticamente
dentro de entre cinco y diez años. Eso significa que no
quedarán suficientes animales para que la especie sea
viable genéticamente’
¿Y qué puede importar si en definitiva los orangutanes
no tenían un pulgar como el nuestro que, como para la
destrucción de tantas otras cosas, también nos ha
servido para acelerar su desaparición?
DENUNCIA
El orangután es un animal ¿animal? pacífico que
generalmente no ataca ni a otros animales ni a humanos.
Hemos sido los humanos –con nuestro pulgar desarrollado
en símbolo de civilización- quienes les hemos matado
indiscriminadamente, los cazamos para exhibirlos en
zoológicos y circos, los disecamos como trofeos y muy
pronto pondremos en subasta la imagen del último de su
especie.
La organización WWF/Adena denuncia el asesinato en la
región congoleña de cuatro gorilas de montaña, una
especie de gorilas sumamente vulnerable por su ubicación
y porque quizás sean de los primeros en desaparecer de
la faz del planeta.
Almería, en el sur del norte, 10 de agosto de 2007
(1*)
PARTE DE LA NOTICIA HECHA PÚBLICA POR LA AGENCIA EFE
Los orangutanes se comunican mediante un lenguaje de
gestos similar al que empleamos los seres humanos cuando
jugamos a adivinar títulos de películas. Esta es la
conclusión a la que han llegado Erica Cartmill y Richard
Byrne, de la Universidad de St. Andrews, y que ha
servido para la publicación de un artículo en la revista
'Current Biology'.
El trabajo realizado por los investigadores consistió en
crear situaciones en las que debían conseguir alimento
de sus guardianes. Pusieron a
seis de estos primates en situaciones en las que debían
conseguir alimento con ayuda humana.
Los primates
aprendieron a hacer determinados gestos que les
permitían ganar la comida.
Pero, además, fueron capaces de
ir adaptando su
comportamiento. En ocasiones, los científicos
hacían "trampa", y fingían no entender sus gestos.
En vez de ayudarles todo el tiempo, en ocasiones
simulaban entender de manera equivocada los gestos de
los orangutanes. En algunos casos, los
investigadores les dieron la mitad de lo que querían; en
otras, les pasaron la parte menos sabrosa del alimento
que pedían. Después de varios intentos
infructuosos los monos abandonaban el gesto que venían
realizando y cuando "descubrían" otro que sí lograba la
respuesta deseada, lo imitaban con rapidez.
"Nos sorprendió la forma en que los orangutanes
evaluaron la comprensión de la persona que observaba sus
gestos" -indicó el profesor Byrne. "Esto significa que
transmiten a su audiencia su valoración sobre cuánto se
han hecho entender", agregó.
En su opinión, este comportamiento se asemejaba al del
"juego de las
películas" consistente en que varias personas
tratan de averiguar el título de una película según los
actos de otro de los jugadores.
La profesora Cartmill cree que "los orangutanes hicieron
una clara
distinción entre la falta total de comprensión,
al desistir de las señales usadas y acudir a otras
nuevas, y la
comprensión parcial, cuando repitieron los gestos
que habían tenido buenos resultados".
De acuerdo con el estudio, los orangutanes
modifican de
forma intencionada los movimientos de sus manos y otro
tipo de gestos en función del éxito obtenido en
su comunicación.
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