|
¿Qué es un acuerdo político?
No sé porqué me hago esta pregunta si conozco
perfectamente la respuesta.
Al menos en Uruguay, acuerdos políticos son lo
que han
experimentado los cientos de Proyectos de Ley
presentados en algún momento por Legisladores de todos
los sectores y Partidos; muchos de ellos hubieran podido
darle un buen empujón hacia el primer mundo a este país
que nos empeñamos entre todos – los políticos a la
cabeza – en dejar sumergido en el río
en
el que nadan, tratando de no ahogarse, los pueblos del
tercer mundo.
Están en otras tantísimas carpetas que se guardan
prolijamente archivadas en Secretaría del Palacio y
allí, quizás terminen convirtiéndose en polvo.
Y todo porque a alguien no le servía que salieran a la
luz en ese momento y entonces se buscó la negociación
política.
Y se acordó que no verían la luz como Ley; no se les dio
la oportunidad
de ser debatidos en el Plenario de las Cámaras y
ni siquiera estuvieron en el orden del día de las
Comisiones.
¡Y todo por un ‘acuerdo político’!.
Pienso que si alguien lleva la cuenta de las noticias
referidas a la actividad parlamentaria, ya habrá
comenzado a poner en tela de juicio la información
porque, del anuncio de que tal o cual legislador
presentó/ará un determinado Proyecto de Ley tendiente a
dar solución a tal o cual carencia, nunca más se
hablará. (Ni del hecho, ni de la propuesta).
No es culpa del periodista que informó.
Son los acuerdos políticos los que impiden que la gente
disfrute de muchas leyes que les permitirían progresar
como individuos y como país; son los acuerdos políticos,
(los que se hacen para realizar algo o los que se hacen
para bloquear algo), los que influyen en el destino de
una nación.
Y en política los acuerdos muy pocas veces tienen en
cuenta las necesidades del pueblo, al que aún hay quien
se atreve a llamarle ‘el Soberano’,
y muchas más se
hacen en base a las exigencias de los dividendos
partidarios.
‘Tú quitas si yo saco…. Tú no presentas y yo no me
inmiscuyo…”
Hace ya una década larga, un Diputado de nuestro
Parlamento me dijo en una conversación ‘en confianza’,
que para llegar
‘arriba’ un político no podía ser
endemoniadamente pudoroso; siempre habría algo en lo que
tendría que transar, aún pasando por sobre sus
principios.
Si a todo
lo anterior, que por propias vivencias he podido
comprobar, se agrega la incompetencia de los actores,
resulta que ya lo anecdótico para a ser siniestro.
Pero pensándolo bien los periodistas somos culpables.
Son pocas las veces en las que ‘saltamos como resortes’
para denunciar y cuando desaparece algo que anunciamos,
debido a uno de esos endemoniados acuerdos, dejamos que
la noticia muera por pura desnutrición.
Olvidamos que tanta importancia tiene lo que se hace
como lo que no se hace y lo que se crea como lo que se
hace desaparecer.
En unos casos lo que importa es resaltar el hecho, en
otros averiguar los porqué y los dónde y quienes.
Más arriba en este tablero están los políticos que
deberían ser ejemplo.
Y aquí los acuerdos ya no tienden ‘a dejar las cosas
como estaban’ sino que pueden dar al traste con un país
y con la ilusión de su gente.
Los acuerdos a este nivel tienen por objeto la necesidad
de cubrir ‘cuotas’ en pago de votos de sectores o
agrupaciones y los hay menores, o sea, más o menos
influyentes en la marcha del todo) o los hay con
‘A’
(mayúscula y en negrita).
Podemos aspirar a un milagro y que el setenta y cinco
por ciento de los acuerdos realizados resulten
productivos; podemos ser más realistas y ubicar nuestras
pretensiones no más allá de un cincuenta, o podemos
sacar el paraguas porque es seguro que habrá chaparrones
y aguaceros durante un lustro.
Nunca entendí porqué se ambiciona tanto llegar a la
dirección de un Ministerio.
No creo que sea por la carterita, ni porque se pase a
ser el señor o la señora ministro; ¿será entonces por la
posibilidad de contar con auto y chófer a cargo del
Estado, o por las recepciones a las que sabe será
invitado o quizás porque le es posible encerrarse en su
propio Despacho y hacer caso omiso de cuántos ‘súbditos’
pidan audiencia.
No equivoqué el término correcto. La democracia al
llegar a este punto se diluye entre acuerdos y a partir
de aquí la formación de un Ejecutivo tiene mucha
similitud con los decretos reales.
En el Uruguay de todos los tiempos ha habido buenos
políticos, regulares políticos y malos políticos.
Generalmente –no siempre-, son políticos los que salen
del despacho presidencial con ‘la cartera’ bajo el
brazo.
Pero un buen político puede resultar un mal ministro, no
importa el color que lleve en el corazón –el bolsillo o
la mente-.
No hablemos del pasado, utilicemos para ejemplo tan sólo
el presente que, no podemos obviar que nos ofrece mucho
material.
Un ministro debería tener, como mínimo, una débil idea
sobre qué temas deberá
decidir.
No vale que tenga muchos consejeros o expertos
rodeándolo, porque quizás no sean tan idóneos como cree,
o sus capacidades tengan un límite muy bajo y ocupen los
puestos por otros simples acuerdos.
Y aunque tenemos muchos modelos en los que sustentar
nuestra tesis, por ahora –nada prometemos- nos
dedicaremos exclusivamente a la incapacidad manifiesta
con que desde Relaciones Exteriores
y Turismo y
Deportes se juega con el futuro de los uruguayos.
A los desaguisados y desinformación emanada desde esta
última Cartera nos referiremos en un próximo artículo;
ahora nos interesa saber si el señor Ministro de
Relaciones Exteriores del Uruguay,
ha pensado que
va a hacer por, y para los miles de uruguayos que se
encuentran en España viviendo como ilegales; trabajando
por salarios míseros porque cuando no se tiene
documentación válida , sucede que se debe aceptar lo que
llueva del cielo y como llueva.
Hasta que al señor Ministro se le ocurrió aceptar la
integración de una condicionada Comisión Binacional en
la que colocó en representación de nuestros intereses a
una persona que incluso llegó a declararse satisfecho,
después de la primera –y única reunión en un año-, de
haber conseguido: NADA a cambio de muchos pasos atrás en
nuestros derechos, esos uruguayos poseían algo muy
importante: esperanza.
http://letrasvspalabras.googlepages.com/incompetencia
Y entonces preguntamos por qué si el ministro Reynaldo
Gargano, del que conocíamos un buen trabajo como Senador
de la más dura oposición, no sabía como negociar con un
país sobre el que teníamos la ventaja del derecho
otorgado por un Tratado de Orden Internacional, no
designó como encargado de hacerlo a un idóneo que, entre
otras cosas no hubiese aceptado tanto.
Porque en eso de aceptar también se llegó con España a
un acuerdo (o varios acuerdos).
Se aceptó ‘inventariar’ por parte de las autoridades
uruguayas, a los compatriotas que vivían en forma
irregular en territorio español.
¿Alguien le ha dicho al señor Ministro que actualmente
son varios miles más más y lo que es más importante, qué
hizo el Estado español con aquella información?
Se aceptó que las autoridades de Migración española
analizaran
‘caso por caso’ la situación de los compatriotas y sólo
se logró que
les dieran igual trato que a cualquier otro
inmigrante proveniente de un país con el que España no
tuviera un Tratado que cumplir.
¿Se le informó al señor Ministro de cómo fue ese estudio
‘caso por caso’ y supuestamente ‘favorecedor’?
Se aceptó renunciar a las prerrogativas derivadas
de las muchas sentencias favorables de varios
Tribunales Superiores.
¿Sabe el señor Ministro que después de la sentencia
dictada por el Tribunal Supremo a un Recurso de Casación
interpuesto por el Gobierno español,
ante su total
‘tranquilidad’ nos hemos quedado sin esa valiosa ‘arma’
con la que habíamos llegado a ganar incluso en el
mismísimo Tribunal Supremo de España y que usted, señor
Ministro dejó inservible quedándose
tan impasible
que no interpuso ‘ni un estornudo’ ante esa decisión.
Y sabe usted que no puede alegar desconocimiento de
causa.
Entonces pregunto, sin pelos en la lengua, ¿Estamos ante
un ‘acuerdo político internacional’?
Necesito que me lo aclare porque sobre los de esta
categoría no había aún comenzado a estudiar y, como los
exámenes son cada día más difíciles de aprobar, quizás
deba pedirle alguna clase particular.
Desde Almería, el sur del norte, abril 12 de 2007
|