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18 años, 20, 15, 43, 70, 29, 63, 25, 32….
Rocío, Vanesa, Rosario, Catarina, Lourdes, María,
Khadija, Mercedes, Idioia, María Elena, Benita,
Pamela, Julia, Emma, Dionisia, Carmen, Susana, Ana,
Isaura…
Los nombres se suman, las edades difieren pero las
historias tienen un final común: la muerte.
En España en lo que va del año han muerto 60 mujeres a
manos de sus parejas o ex parejas, la misma cifra que
en todo el año 2005. |
Entre el año 1999 y 2003 el flagelo asesinó a 246*1
mujeres y en el 2004 la cuenta no se
detuvo hasta llegar a las 72.
Por
edades, 26 de las víctimas del 2006 tenían entre 31 y 40
años; trece entre 21 y 30; siete entre 41 y 50, ocho
tenían más de 64 años, cuatro estaban entre los 51 y 64 y
dos entre los 18 y 20 años.
Los
números provocan escalofríos cuando además se informa que
en España, en los 21 Juzgados creados para la atención
exclusiva de la Violencia contra la Mujer (JVN) y en los
417 con competencias compartidas se han registrado durante
el primer año de funcionamiento de la Ley sobre violencia
de género (29 junio 2005-30 junio 2006) 148.448 asuntos
penales relacionados.
La
macabra historia de la violencia doméstica no es
particularidad española, ni rumana, ni alemana, ni
marroquí. No lo es ni uruguaya, ni boliviana, ni peruana,
ni americana.
Es
la historia del mundo.
Habla de mujeres que han muerto apuñaladas, baleadas,
quemadas vivas, atropelladas, descuartizadas, lanzadas al
vacío y que en muchos casos se llevaron a su tumba el
silencio de años de agresiones físicas y psíquicas.
Una
de cada cuatro mujeres mexicanas sufre violencia
doméstica, una de cada cuatro fue violada o ha sufrido un
intento de violación, una de cada cuatro es acosada
sexualmente en el trabajo.
En
Guatemala sólo se han pronunciado 20 sentencias en 2.796
asesinatos de mujeres.
Este
año la violencia doméstica segó la vida de 40 mujeres en
Chile, un país donde las estadísticas oficiales dicen que
siete de cada 10 ha denunciado ser víctimas de violencia
intrafamiliar.
Expertos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS)
aseguraron que la violencia de género sigue siendo un
problema de enorme magnitud en los países de la región.
En el 2005, un 39 por ciento de las mujeres encuestadas en
Colombia declararon haber experimentado violencia física y
un 12 por ciento dijeron haber sufrido violencia sexual.
Un año antes, en el 2004, en Perú el 42 por ciento de las
mujeres aseguraron ser víctimas de violencia física y el
10 por ciento de violencia sexual, mientras que en Ecuador
las cifras reportadas fueron del 39 y 12 por ciento.
En Francia por violencia conyugal muere una mujer cada
tres días, desde el primero de enero han perdido la vida
90 y, aunque siempre son más las mujeres que la sufren
también los hombres mueren por esta causa; uno cada
catorce días en el país galo.
En Suecia un promedio de 25 mujeres al año son asesinadas
por sus parejas y en Alemania 300 pierden la vida cada
año, tres cada cuatro días y una cada tres días en
Inglaterra, una cifra ésta algo superior a la de una cada
cuatro días de España.
Los últimos estudios realizados en Suiza, Finlandia y
Alemania indican que entre el 30 y el 35 por ciento de las
mujeres entre 16 y 67 años ha experimentado alguna vez
violencia física o sexual.
Se estima que mil europeas morirán víctimas de la
violencia doméstica.
El 23 por ciento de los checos ha sido partícipe de la
violencia de género ya sea como víctima, agresor o
testigo.
Más allá de las leyes y de tímidas tentativas de paliar la
situación, en Uruguay al igual que en Argentina, Brasil,
Costa Rica o la mayoría de los países del mundo –por no
unificarlos en un todo- el sistema patriarcal sigue
manteniendo a la violencia contra la mujer dentro de un
mal entendido amparo social que trata de que no trascienda
fuera del ámbito privado.
Se culpa a la mujer por no denunciar y se la culpa por
abandonar al agresor; se la culpa por no aceptar las
‘ayudas’ que le ofrece el Estado pero no se le da
protección adecuado cuando decide acogerse a ellas.
Las
cuestiones políticas han llevado el problema al
secretismo. Esto sucede en países como Bielorrusia donde
las mujeres que sufren violencia doméstica suman millones
que no denuncian porque en todo el país no existe ningún
refugio para las víctimas. Las tres mil denunciantes del
año pasado no tuvieron a donde ir para huir de sus
agresores.
Eslovaquia, Eritrea, Emiratos Árabes, Gran Bretaña,
Eslovenia, España, Uruguay o Estados Unidos, donde las
estadísticas señalan que cada 15 minutos una mujer sufre
violencia de género, tienen un grave problema en común y
su solución no se avizora con claridad.
*1
– 246 muertes según el Instituto de la Mujer, 315 por el
recuento de la Red Estatal de Organizaciones Feministas
contra la Violencia de Género, que toma como base las
noticias aparecidas en la prensa.
Almería, en el sur del norte, 23 noviembre 2006 |