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El testamento de Tuvalu se leerá mucho antes de lo que
los más agüeros pronósticos de hace poco más de un
quinquenio, nos hacía suponer.
Porque cuando Tuvalu desaparezca de nuestro planeta
nos habrá dejado una herencia que no todos sabrán
aprovechar. |
La
herencia de Tuvalu es su propia desaparición y el grito
desesperado con el que en este último momento trata de
concienciarnos ¿estamos aún a tiempo de oírlo?
Tuvalu es la cuarta nación más pequeña, se ubica en la
Polinesia a mitad de camino entre Hawai y Australia.
Consta de 4 arrecifes de coral*1
y 5 atolones*2
que le dan un área total de 26 kilómetros cuadrados.
Es
también el miembro número 189 de las Naciones Unidas; y es
un sitio paradisíaco que ha sido condenado por el
calentamiento global que afecta a la Tierra.
Está
integrado por nueve islotes o atolones de los que sólo
ocho están habitados, este hecho le da su nombre, ya que
en tuvaluano, Tuvalo significa ‘ocho islas’.
Su
historia como lugar habitado se remonta aproximadamente
2000 años cuando llegaron los primeros pobladores; en 1568
fue descubierta por el navegante español Álvaro de Medaña
y Neyra y desde entonces visitada en reiteradas
oportunidades por tratantes de esclavos y balleneros.
En
1764 fue redescubierta por el británico capitán Byron y en
1820 se afincaron en el
los
primeros comerciantes europeos, lo que dio inicio a un
cambio en la sociedad tradicional.
En
1860 la llegada de misioneros protestantes afianzó ese
cambio, ya que casi toda la población abrazó la fe
cristiana.
En
1892 las islas pasaron a integrar el protectorado
británico de Gilbert e Islas Ellice convirtiéndose en 1915
en colonia, régimen bajo el cual existió hasta 1975 en el
que, luego de un abrumador referéndum, la población
decidió convertirse en monarquía constitucional
independiente.
Pero
la existencia de Tuvalu estaba marcada.
Ya
en el año 2001 el gobierno de Tuvalu anunciaba que las
islas, cuya máxima altura es de cinco metros, deberían
ser evacuadas si continuaba el aumento en el nivel de los
océanos*3.
Los
tavaluneses se convertirán en los primeros refugiados
ambientales.
Tienen ya firmado un acuerdo con Nueva Zelanda que acepta
un contingente anual de 75 evacuados. ¿Dará tiempo el
tiempo a esta transición ordenada o deberán saltarse los
convenios estipulados?
Tienen donde ir cuando no exista su país. ¿Pero alguien
más los recibirá cuando lleguen sin un pasado al que
volver? Australia les negó esa posibilidad, quizás porque
junto con EEUU, ésta rechaza el protocolo de Kioto*4
que pretende paliar los efectos de una de las causas
principales de la desaparición de las islas: el
calentamiento del planeta por emisiones incontroladas de
gases.
Pocos gobiernos se ven en la necesidad de preparar el fin
de su propia nación, es sin embargo la tarea de los
funcionarios gubernamentales de Tuvalu que, no obstante
ser conscientes de que un día terminarán por perder su
cultura y su identidad, reconocen y priorizan la
necesidad de abandonar su país y por ello, en ningún
momento han tomado como una evacuación la partida de 75
personas (aceptadas) por año a Nueva Zelanda, sino como un
plan de emigración controlada para los 11.300 habitantes
de las islas.
El
futuro se les presenta como una gran incógnita pero el
presente les dice que los charcos que se forman en la
pista de aterrizaje del aeropuerto ya no se evaporarán con
el sol.
Por
pequeños agujeros del suelo*5
comienza a manar agua de mar impulsada por la marea alta
desde el centro mismo de las islas.
Los
muros de protección en torno a los atolones carecen de
practicidad como tampoco es ya práctico seguir sembrando
pulaka (un tubérculo comestible), porque cosechas enteras
se han echado a perder debido a las filtraciones de agua
salada.
Tuvalu comenzó a recorrer un camino en el que no estará
sola. En cincuenta años desaparecerán muchas regiones
costeras bajas.
¿Cincuenta?, ¿Cuándo se hizo el último estudio?
A
Tuvalu se le acaba el tiempo, lo sabe y escribe su
testamento, depende de nosotros que sepamos leerlo.
Sabemos que es hora de tomar muchas fotografías. Después
el paisaje será muy diferente. Serán los recuerdos que nos
permitirán asistir a una lección que no aprendimos a
tiempo.
Sólo
si logramos entender y aplicar el mensaje que nos deja
Tuvalu podremos presentarnos al examen con aspiraciones de
salir exitosos.
Para
combatir el cambio climático debemos reducir el consumo
energético y sustituir los combustible fósiles (carbón,
petróleo, gas) por energías renovables (viento, sol,
plantas, agua) que no emiten gases de efecto invernadero.
Tuvalu tiene hoy su propia bandera, su escudo, su himno,
sus leyes que mañana serán sólo curiosidades para algún
coleccionista; tiene marcado un destino al que todos hemos
contribuido ¿importará lo suficiente como para sacudir la
conciencia de muchos en un mundo industrializado hasta la
insensibilidad?
Desde Almería, en el sur del norte, diciembre 12 de 2006
*1
– Los arrecifes de coral son un tipo de arrecife biótico
que se forman y crecen en aguas tropicales; a pesar de que
ocupan menos del uno por ciento del área total de todos
los océanos del mundo, proporciona refugio a más de un
cuarto de toda la vida marina.
*2
– Un atolón es una isla madrepórica en forma de anillo más
o menos circular. Hay unos 400 atolones en el mundo, la
mayor parte en el Océano Pacífico.
*3
- En los últimos 20 años la superficie helada del Ártico
ha decrecido un 9%. Se están derritiendo los glaciares. El
nivel del mar Cantábrico y Atlántico está subiendo
anualmente entre 1 y 1,5 cm. El del Mediterráneo 0,7 cm/año.
Ha comenzado un desplazamiento latitudinal medio de los
hábitats de 6 km. por década hacia los polos o de 6 metros
hacia mayores altitudes.
*4
-
El
Protocolo de Kioto sobre el cambio climático es un
instrumento internacional que tiene por objeto reducir las
emisiones de seis gases provocadores de calentamiento
global (dióxido de carbono (CO2), metano (CH4) y óxido
nitroso (N2O), además de tres gases industriales
fluorados: hidrofluorocarbonos (HFC), perfluorocarbonos (PFC)
y hexafluoruro de azufre (SF6)), en un porcentaje
aproximado de un 5%, dentro del periodo que va desde el
año 2008 al 2012, en comparación a las emisiones al año
1990. Este instrumento se encuentra dentro del marco de la
Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio
Climático (CMNUCC), suscrita en 1992 dentro de lo que se
conoció como la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro
*5
– El suelo está formado por rocas de coral sumamente
porosas por donde mana el agua. Incluso con la marea baja
el nivel en muchas zonas del interior de las islas sigue
sobre los 30 cms. |