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¿Cuánto hace que se comenzó a escribir la historia de la
tercera guerra mundial?
Es
una historia de la que no quisiéramos escribir pero que no
es posible obviar porque formamos parte de ella.
Por
un lado tenemos a quienes opinan que ya se ha atravesado
la línea y por el otro a quienes consideran que aún se
está en sus umbrales, pero incluso para éstos las cartas
ya están sobre la mesa.
Una
mesa que otra vez toma la forma del continente europeo, en
esta ocasión, por pura ubicación geográfica.
¿Quienes son los contendientes, las partes involucradas en
una guerra que aunque no ha sido declarada ya se alimenta
en canales de sangre?
La
última cuenta agregada a un rosario inconcluso fue el tema
de las viñetas de Mahoma; una serie de dibujos que se
publicó por primera vez el 30 de septiembre del 2005 en
el diario Jyllands-Posten de importante tiraje, en esa
ocasión no suscitó la repulsa que provocó su publicación
meses después en una revista de tiraje bastante más
reducido.
La
sociedad occidental, demasiado preocupada por el presente,
no acostumbra analizar los motivos cuando precisamente de
los motivos debe surgir su preocupación.
La
religión islámica no acepta la reproducción de imágenes
del Profeta y la caricaturización del mismo, fue
considerada como una ofensa personal por la inmensa
mayoría de los mahometanos. ¿Cómo se extendió una
información en lugares donde las noticias de occidente son
veladas y prácticamente no existen?
Las
exigencias de los gobiernos de condición islámica
resultaron inadmisibles para Europa: su disculpa
traducida casi a una sumisión pidiendo perdón de rodillas.
Los
mismos principios democráticos que tanto sacrificio de
vidas se cobraron para ser consolidados como valores
fundamentales de las sociedades occidentales tienen como
prioritaria la libertad de prensa.
Libertad no significa libertinaje y la prensa del mundo
libre debe utilizar su independencia para consolidar
valores y no para destruirlos. No obstante aceptar
imposiciones significa estigmatizar esos valores.
Las
masivas protestas del mundo islámico, eventualmente
coordinadas por algo o alguien, no hubieran causado en
septiembre del año pasado el mismo efecto que en este
momento, en plena crisis del uranio iraní.
La
táctica empleada ha sido muy bien estudiada y Europa ha
caído en la tonta idea de sentirse culpable, algo que
posiblemente le pase su factura.
La
guerra de Irak, el control que los EEUU pretenden sobre
Afganistán y el, por décadas, convencimiento de los países
europeos de su supremacía cultural y social llevada al
colonialismo de extensos territorios africanos donde viven
poblaciones en su mayoría de origen musulmán, son mechas
de lenta combustión pero de segura trayectoria.
Occidente ha comprobado con aprensión, pero sin mayor
concienciación de la situación, que el enemigo no necesita
movilizar ejércitos para dañarlo. El 11S de Nueva York
logró un objetivo de incuestionable valor estratégico:
creó inseguridad y temor y alertó a un país que se creía
inexpugnable sobre su fragilidad.
El
11M de Madrid y el 7J de Londres dieron el aviso a Europa
de que así como sus fronteras hace mucho que han sido
traspasadas, el tiempo también ha comenzado una cuenta
atrás que se hace más patente con cada nuevo elemento que
entra en juego.
Los
gobiernos de occidente están demasiado ocupados en
trivialidades, buscando protocolos que no ofendan a
quienes muchas veces agravian, sin al parecer detenerse a
pensar que en la próxima guerra, sólo habrá ejércitos
organizados de un lado y quizás resulten inútiles ante la
táctica empleada por el enemigo, ya probada y ciertamente
efectiva.
La
democracia, como forma de convivencia, parece ser incapaz
de prevenirse contra la amenaza que representa una
realidad que echa raíces en la mayoría de los
países musulmanes*1.
Occidente comienza su
defensa en franca desventaja porque los mismos valores
que defiende, le ubican en un papel de inferioridad.
Los civiles sacrificados en las guerras –declaradas o no-
de Irak y Afganistán, no cumplieron el cometido de
convertirse en mártires ideológicos.
Los mártires son necesarios para justificar lo
injustificable.
No importa si se han inmolado por un motivo concreto; la
causa surgirá pronto porque está esperando ese algo que la
justifique.
Para detonar la primera guerra mundial fue necesario un
mártir con nombre: archiduque Francisco Fernando, heredero
del trono de Austria; para declarar la segunda había
demasiados crímenes como para escoger sólo uno y quizás
para la próxima ni siquiera sea necesario comenzar una
nueva cuenta.
Para llegar a la tercera no hacen falta nuevas excusas. Se
puede, si se quisiera, tomar como punto de partida, el
primer muerto por el conflicto de las viñetas y acabaría
de consolidarse con el asesinato –por los propios
manifestantes ¿ha importado alguna vez de que lado estaba
la mano que disparó?- de un niño de apenas 8 años.
La pregunta no es cuando comienza la historia sino ¿hasta
cuando podremos escribir la historia que no queremos tener
que escribir?
*1
PARA CONOCER A LOS
PAISES MUSULMANES
El
instituto alemán de investigación Oekom realizó un estudio
sobre el grado de democracia existente en cuarenta y cinco
países considerados entre los más importantes del orbe.
El
grado de democracia se mide analizando factores de
diferente índole. Para llegar al resultado final se
pondera la realización de elecciones libres, la separación
de Poderes o las medidas adoptadas contra la corrupción
ente otros elementos, pero también se tienen en cuenta
datos como libertades de reunión de sus ciudadanos,
existencia de torturas, discriminación contra la mujer y
muchos más etcéteras.
Precisamente los países con fuerte incidencia islámica no
sortearon estos escollos.
Más
allá de la falta de libertades condicionadas por
dictaduras como la de Libia o monarquías semifeudales como
la de Arabia Saudita, otros países como Turquía, Malasia,
Indonesia, Filipinas, Pakistán se encuentran entre los
últimos de la lista porque, entre otras cosas, resulta
muy difícil coordinar democracia con algunos de los
principios de un sistema político basado en el Islam.
Principios que se consideran inamovibles y que son
esencialmente tres:
El
Tawhid, que ‘significa la aceptación de que Allah es uno
sólo y creador y que de él nace toda unidad de la fe’.
El
Risalat, que ‘es el respeto a lo trasmitido por Mahoma en
el Corán y que se encuentra transcripto en la Sharía’.
El
Khilafat, que ‘observa la obediencia o adecuación de la
vida de todo hombre a lo establecido por las leyes
sagradas’.
La
Sharía legisla la vida social e intelectual de todo
creyente, recoge el mensaje de Mahoma escrito dos siglos
después de que éste lo pronunciara y es la única realidad
que el Islam tradicional acepta.
En
la Sharía ‘el individuo es, por sobre todo, un creyente y
como tal está obligado a un código muy preciso que le
exige la sumisión a una autoridad sabia que le guiará en
sus derechos y deberes’.
La gran diferencia entre los países islámicos y occidente
puede explicarse con estos sencillos ejemplos:
-
Para los occidentales cristianos, protestantes o ateos,
su ciudadanía es una identidad totalmente separada de su
condición como creyente.
-
En
la religión islámica no se es ciudadano de un país y
musulmán, la condición es un todo representado por la
subordinación total de la ciudadanía a la religión.
Posiblemente, el mundo occidental no sea consciente de que
no puede imponer su concepto de democracia en los países
islámicos, la pregunta es si los países islámicos se han
planteado llevar sus creencias al resto del mundo.
Desde Almería, el sur del norte, a 15 de febrero de 2006 |