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¿Nunca sentisteis ese sentimiento premonitorio de que
hemos perdido una batalla que aún no se ha definido?
Yo
personalmente siento como que Uruguay perdió el tren.
Llegó unos segundos tarde al andén y la máquina ya estaba
en marcha. Corrió detrás pero no pudo alcanzarla por más
que hayan habido manos extendidas para ayudarle a subir.
Podrían aducir que el tren jugó con malas artes y partió
antes de la última campanada de la hora fijada.
No
sería excusa, porque nuestro país no había siquiera
llegado al andén. No estaba dónde ni cuando debía.
Y
nuestro país somos todos.
Son
los uruguayos que pujamos por llegar a tiempo y lo son los
uruguayos que se ocuparon de pinchar las ruedas del coche
que nos llevó hasta la estación y que no contentos con el
retrazo conque nos obligaban a actuar, cuando se dieron
cuenta de que si corríamos podíamos lograr subir,
pusieron otras diez zancadillas en nuestro trayecto.
Pecamos de inocentes.
Inocentes porque competimos pensando en la limpieza del
juego.
Tuvimos poco tiempo para analizar estrategias que
previnieran los contratiempos porque confiamos y no
tuvimos presente que si existe algún modo de retrasar una
decisión importante, la buena burocracia, pública o
privada, lo encontrará. (Leyes de Murphy – Ley de
Parkinson) ¡y vaya si lo encontró!.
Nos
ganaron la burocracia y la desidia que, si unidas forman
un dúo de terror, cuando se aparean con los procedimientos
políticos se convierten en una real pesadilla.
El
asunto es que el tren partió sin nosotros y lo trágico de
todo ésto es que los que tendrían que haber subido
primero, ni siquiera se han dado cuenta.
El
tren tenía una ruta marcada pero alguien cambió el
itinerario y todavía no sabemos que fue lo que nos dieron
a cambio.
¿Lo
sabe usted, señor Ministro de Relaciones Exteriores del
Uruguay? Porque usted debía haber tomado ese tren y no lo
hizo.
¡Bueno!, según tengo entendido últimamente está
perdiéndose muchos viajes pero éste es el que a mi, y a
los uruguayos que vivimos en lo que la Cancillería
promociona como ‘la diáspora que conforma el vigésimo
departamento del país’, realmente nos interesa: el de
nuestros derechos.
En
este caso en particular, los legítimos derechos que nos
otorga un Tratado de rango internacional ¿sabe a que me
refiero?
Historia de un Tratado
¡Claro que lo sabe Señor Ministro!, como sabe que somos
muchos los uruguayos con derecho a emitir nuestro voto
(muchos los que podemos viajar para sufragar
personalmente y muchos más si se instaura el voto por
correo) ¡que pena para su Partido que haga usted tan poco
por su estrategia política!
Pero
sigamos con lo que realmente nos interesa. Con el viaje de
ese tren que, ya no llevándonos de pasajeros, ni siquiera
tuvo que detenerse en la siguiente estación.
Ahora sólo lleva viajeros conscientes de su ventaja. Una
prerrogativa que usted les dio.
Porque no podemos culpar a sus supeditados; la batuta la
lleva usted y la cabeza pensante es la suya.
Supongo que también es suya la autoridad para aceptar o
rechazar acuerdos antes de que otros estrechen la mano en
su nombre. Usted es el Canciller de la República ¿o estoy
confundiendo los cargos?
Ellos, estimado Ministro, los que sí ascendieron al tren,
ellos no van a darnos oportunidades.
Ellos saben lo obstinados que somos los uruguayos cuando
reclamamos derechos y lo infatigables que podíamos haber
resultado en nuestra lucha y ahora que lograron lo que sus
antepasados no pudieron hace 490 años
*1
no van a negociar con las joyas
de la corona cuando han comprobado que nosotros, los
uruguayos de hoy o parte de nosotros también nos
conformamos con las cuentas de colores.
¿Puede alguien asegurarme que solamente son las cuentas de
colores lo que nos hace perder tantos trenes?
Quiero seguir creyendo que no hay espejitos y todo se debe
a un problema de faltas: de sagacidad, de talento, de
agudeza y de espíritu de lucha.
¡Pobre de nosotros! Ellos conocen de algunas de nuestras
debilidades y
de
eso se aprovecharon.
Saben de la
incompetencia de algunos
uruguayos. Por suerte no son muchos pero lamentablemente
se ubican equivocadamente en sitios trascendentes, jugando
a representar los intereses de una nación cuando no tienen
categoría para representar los propios.
Dar
categoría de incompetente a alguien no implica analizar su
moralidad ni su inteligencia sino su incapacidad para
ocupar determinados puestos, sean públicos o privados.
Si
esas personas - no quiero generalizar porque el que haya
alguien más propenso a cometer errores (u horrores) que
otros, no lo dejan solo en la anarquía general que van
sembrando-, tienen poder de resolución, entonces sí
debemos comenzar a temer.
En
toda sociedad jerarquizada, sus miembros tienden a
ascender hasta alcanzar su propio nivel de incapacidad.
(Leyes Murphy – Ley de Peter). Algo que en materia
política ha quedado reiteradamente demostrado.
Ser
un buen opositor o un experimentado orador no garantiza la
pericia necesaria para ocupar cargos de mando en la
jerarquía de una nación.
Una
cartera, por más que lleve el anagrama ministerial, no
puede ser un cheque en blanco, en pago del sillón
presidencial.
Pretendemos seguir creyendo que no hubo mala fe, sólo
incompetencia.
Lamentablemente los incompetentes no trabajan solos, lo
hacen en equipo y esta vez tampoco pudimos salvarnos de
otra ley –universal- - que dice que cualquier error de
cálculo estará siempre en el sitio donde pueda causar más
daño.
¡Y
vaya si se han cometido errores de cálculo en las
negociaciones con España!
Se
dejó que el tiempo, fundamental para la salud de un
entendimiento fue manejado diestramente por el
contrincante que incluso fijó la hora de partida del tren.
*1
Cuando los europeos llegaron a América tuvieron la suerte
de desembarcar en las islas y el istmo que conocemos
actualmente como América Central. Fue una suerte porque
allí se toparon con tribus indígenas pacíficas que los
recibieron como ‘a los dioses blancos predichos en sus
creencias’ , si en el globo terráqueo España hubiera
estado ubicada más al sur, posiblemente hubieran topado
con habitantes más belicosos, como los indios charrúas o
guaraníes que habitaban nuestras tierras.
En
1516, cuando Juan Díaz de Solís desembarcó en la margen
norte del que llamó ‘Mar Dulce’ no tuvo tiempo de cambiar
espejitos. Él y sus hombres fueron brutalmente masacrados
por indígenas de la etnia charrúa.
Hoy
podría parecer una barbarie, pero mirándolo bien, fueron
los primeros en expulsar inmigrantes no deseados.
*2
- En Canarias y en pocas semanas en Barcelona las
asociaciones de uruguayos presentan recursos en forma casi
masiva tratando de que se aplique el derecho por vía de
la repetición de sentencias favorables.
Almería, en el sur del norte, octubre 6 de 2006 |