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Es
una pregunta de respuesta tan obvia como si inquiriéramos
si la inmigración española del siglo pasado hacia los
países americanos les reportó a éstos algún beneficio.
España, que ha sido históricamente un país emisor de
emigrantes, reconoce al día de hoy más de dos millones de
españoles en el mundo.
A
América llegaron sin nada más que su disposición para
trabajar y trabajando crearon empresas y crecieron como
colectivo y nos hicieron crecer como países.
Los
inmigrantes son parte esencial de cualquier sociedad.
Ningún país económicamente solvente puede jactarse de no
haber necesitado del empuje migratorio –ahora, antes o
después-.
Europa es actualmente el continente que más necesidad
tiene de la inmigración. La necesita para mantener sus
tasas de población y actividad.
La
baja natalidad y la mayor longevidad de su población
autóctona ha hecho de Europa un continente envejecido.
En
el primer aspecto, España es uno de los países con las
tasas de natalidad más bajas del mundo y el crecimiento
actual de su población es posible por los nacimientos de
hijos de madres extranjeras.
La
necesidad de trabajadores inmigrantes para mantener las
economías de los países europeos es prácticamente
incuestionable.
Según el informe de Naciones Unidas del año 2000 sobre el
‘Estado de la Población Mundial’, la Unión Europea
necesitará 47,5 millones de inmigrantes antes del año 2050
si aspira tan solo a mantener el equilibrio del mercado de
empleo, garantizar sus sistemas de pensiones y
jubilaciones, las prestaciones de la Seguridad Social
estatal y los demás sistemas sociales que hoy disfruta.
La
necesidad europea de mano de obra extranjera es notoria e
incuestionable y no solamente para cubrir puestos no
especializados, muy pronto será imprescindible la mano de
obra calificada, especializada y técnica.1*
Pero
Europa se ha negado a toda lógica, primero a nivel
individual y ahora en forma colectiva los miembros de la
Unión Europea cierran fronteras y fijan la cuota cero para
el ingreso de trabajadores inmigrantes.
Pero
éstos siguen llegando, aún a riesgo de sus vidas y a pesar
de los medios tecnológicos con que se ha pretendido
impermeabilizar las fronteras y a sabiendas de que cuando
se les otorga el permiso para trabajar siguen negándoles
derechos esenciales.
Europa reserva a los inmigrantes los puestos de trabajo
rechazados por los europeos por sus condiciones de
dureza, precariedad y desregulación. En este aspecto,
España no es una excepción.
Un
importante número de empresas aspira a contratar mano de
obra extracomunitaria como mano de obra barata y
desechable. Algunas van más lejos y buscan inmigrantes en
condiciones de irregularidad porque saben que pueden
manejarlos a su antojo, explotándolos con condiciones
laborales abusivas.
Las
nefastas políticas gubernamentales en relación a la
inmigración facilitan las injusticias. Sin distinción de
ideología política, los gobiernos europeos se niegan a
reconocer las necesidades de mano de obra inmigrante y
cuando lo hacen es limitando los derechos de éstos.
Como
si pretendieran plagiar las artes de algunos empresarios
en materia de abusos, algunos gobiernos han propuesto
utilizar a los inmigrantes dándoles y quitándoles derechos
según las necesidades del momento con lo que demuestran
que para sí la Declaración Universal de Derechos Humanos*2
de las Naciones Unidas no es más que un documento firmado
en un escenario de candilejas, que exigen se cumpla pero
cuyas obligaciones son recortadas a conveniencias
propias.
La
política de no regularizar la situación de los inmigrantes
que ya están y trabajan no lleva a otra cosa que la
intención de mantenerlos en la economía sumergida que es
lo mismo que decir, en condiciones de semiesclavitud y
marginidad.
Negándoles los derechos de igualdad que a los trabajadores
regulares se les obliga a vivir sin asistencia médica ni
derechos sociales.
Desde toda Europa se amenaza a los que están ilegalmente
con la expulsión masiva y España lo hace un día sí, y otro
también pero, cabe preguntarnos si es posible cumplir esa
amenaza.
Según estimaciones más o menos oficiales, hay un millón y
medio de irregulares, cifra que puede duplicarse.
¿Se
pueden expulsar de un país a un millón y medio de
personas?
Existe una tendencia a mostrar la inmigración como una
avalancha de personas de inferior condición socio
económica que llegan víctimas de la desesperación y
dispuestas a todo.
Una
propaganda que subliminalmente induce al racismo e incluso
a la xenofobia.
En
España el hecho de que la regularización masiva de
inmigrantes del año 2005 hubiera servido para salvar un
colapso de la Seguridad Social no se publicitó y la
población no se enteró puesto que la noticia apenas ocupó
algún que otro párrafo entre otros asuntos.
En
la noticia, los delitos cometidos por nativos no
condicionan la nacionalidad del sujeto, en cambio cuando
se trata de un extranjero se universaliza su condición.
Algunos medios muestran al inmigrante como un competidor
por los puestos de trabajo.
Una
suma de estos insucesos han calado en la población creando
recelo y llevando la inmigración al primer lugar de las
preocupaciones de los españoles, por encima del desempleo
y del terrorismo.
Los
países del norte han sido los primeros en los que la
población ha decidido el endurecimiento de las políticas
inmigratorias. En Suiza el 67,8% de los votantes apoyó la
Ley de Asilo presentada por el partido de extrema derecha
(más allá del nombre) Unión Democrática de Centro que
permite acelerar la repatriación de los demandantes de
asilo cuyas peticiones hayan sido desestimadas eliminando
para ellos en forma casi inmediata la ayuda social (sólo
queda la humanitaria).
Con
algo más, 68%, también votaron aprobando una Ley de
Extranjería que limita la inmigración de ciudadanos
extra-comunitarios a personas altamente cualificadas y que
demuestren que su actividad servirá a los intereses
económicos suizos.
¿Es
la sociedad suiza una sociedad xenófoba o existe pánico
ante un fenómeno que no comprende y que nadie ayuda a que
se comprenda?
¿Es
consciente la población europea de que su futuro de
bienestar depende de la contribución que hagan los
inmigrantes con su trabajo y sus aportaciones?
1*
- En España los sectores de trabajo que mayoritariamente
agrupan a la población inmigrante son los de Hostelería,
Agricultura-ganadería, Construcción, Servicios (incluyendo
al servicio doméstico, cuidado de mayores, de enfermos y
de menores) y el Comercio al por menor.
Los
servicios domésticos y de cuidadores en un 80% son
realizados por mujeres, ocupados en un 41.9% por
trabajadoras de América.
Los
africanos ocupan el 94% de los puestos en la agricultura y
el 74,5 en la construcción.
El
60,6l% de los trabajadores inmigrantes tiene Permiso de
Trabajo para ocupaciones no cualificadas. De éstos un
33,6% son empleados del servicio doméstico y un 18,7%
peones de agricultura-ganadería.*a
*2
- Los términos de la declaración reconoce que todas las
personas (seres humanos de todo el mundo) son iguales sin
que les distingan razas ni condiciones momentáneas.
Con
los mismos derechos por lo tanto los negros y los blancos,*
los
regulares y los irregulares, los que tienen y los que no
tienen papeles.
Derechos que implican entre otros el respeto a sus
personas, el acceso al trabajo en condiciones de igualdad*b
y la integración plena en la sociedad.
*a
– Por lo general son los trabajos que se niegan a hacer
los nacionales y están entre las ocupaciones más duras,
peor retribuidas, muchas veces por debajo de las
condiciones laborales pactadas en convenios colectivos y
sin tener garantías de continuidad ni servicios sociales.
*b
– En la agricultura española a los trabajadores
inmigrantes se les imponen situaciones lamentables con
condiciones salariales que llegan a la mitad del salario
legal. Asimismo la vivienda suministrada (por ley) en
buena parte de los casos no pasan de ser barracones mal
acondicionados, sin ventilación adecuada o carentes de los
más elementales servicios.
Por
otra parte cientos de inmigrantes ilegales prestan
servicios en casas de familia sin contratos laborales y en
condiciones no siempre adecuadas.
El
sector servicios en la actividad turística es otro de los
que deja en claro las notorias diferencias que existen
entre los trabajadores europeos y los extranjeros no
comunitarios.
Almería, el sur del norte, octubre 6 de 2006 |