Desde Almería, España

 
Graciela Vera  (Periodista Independiente)  Biografía

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"Palabras que dejan huellas"

Dijo Cecilia Meireles*1Hay personas que nos hablan y ni las escuchamos; hay personas que nos hieren y no dejan cicatriz. Pero hay personas que simplemente aparecen en nuestra vida y nos marcan para siempre.’ 

También hay veces en las que lo que una persona ha dicho en un momento crítico para el futuro de la humanidad, sigue tan vigente y actual décadas después, que nos quedamos con la duda de si el orador hablaba para su época o era un premonitor.  

Una de esas piezas declamatorias llegó hace poco a mi poder. No sé como; o quizás sí porque Internet nos deja revolver en su enorme trastero donde almacena el saber del mundo actual y como en un interminable rastro nos permite tener a nuestro alcance el arte y la vulgaridad, al genio y al mediocre, la paz y la guerra o poder recrearnos como en esta ocasión con una obra maestra del pensamiento de un grande, al que conocemos como tal por una actividad muy diferente a la que hoy me lleva a rescatarlo del recuerdo. 

En este caso la llave que abrió el cofre me llegó de manos de la asociación Poetas del Mundo y el contenido no pudo menos que hacerme pensar, cuestionar y lamentar. 

No me otorgo el don de  interpretar  hasta que punto las palabras pronunciadas hace 40 años ante una supuesta asamblea de la ONU, por Mario Moreno (Cantinflas)*2 pudieran haber influido en la forma de pensar de la humanidad.  

Por la continuidad de la historia sólo puedo creer que ni siquiera llegaron a obrar como fuerte sacudida a la conciencia de quienes rigen los destinos de las naciones, ya que hoy como entonces siguen manteniéndose intransigentes a las razones de los pueblos. 

El mundo actual no se divide en ‘colorados y verdes’, pero las catalogaciones e intereses políticos siguen primando sobre la cordura. La guerra fría dio paso a las luchas de guerrillas y a las contiendas más o menos ilegalizadas por el conocimiento de derechos y deberes cívico-humanitarios. 

Sin embargo, y a pesar del papel cada día menos decisorio que ejerce la ONU real, vale la pena recordar y actualizar lo que se dijo en la ficción en el año 1966 por un hombre acostumbrado a hacernos reír, pero que también fue un gran estadista que enmascaraba en cada carcajada una pregunta que en muchos casos sigue sin respuesta.

'Me ha tocado en suerte ser último orador, cosa que me alegra mucho porque, como quien dice, así me los agarro cansados.

Sin embargo, sé que a pesar de la insignificancia de mi país que no tiene poderío militar, ni político, ni económico ni mucho menos atómico, todos ustedes esperan con interés mis palabras ya que de mi voto depende el triunfo de los Verdes o de los Colorados.

Señores Representantes:
Estamos pasando un momento crucial en que la humanidad se enfrenta a la misma humanidad.

Estamos viviendo un momento histórico en que el hombre científica e intelectualmente es un gigante, pero moralmente es un pigmeo.

La opinión mundial está tan profundamente dividida en dos bandos aparentemente irreconciliables, que dado el singular caso, que queda en sólo un voto.

El voto de un país débil y pequeño pueda hacer que la balanza se cargue de un lado o se cargue de otro lado.

Estamos, como quien dice, ante una gran báscula: por un platillo ocupado por los Verdes y con otro platillo ocupado por los Colorados.

Y ahora llego yo, que soy de peso pluma como quien dice, y según donde yo me coloque, de ese lado seguirá la balanza.

¡Háganme el favor!...
¿No creen ustedes que es mucha responsabilidad para un solo ciudadano? No considero justo que la mitad de la humanidad, sea la que fuere, quede condenada a vivir bajo un régimen político y económico que no es de su agrado, solamente porque un frívolo embajador haya votado, o lo hayan hecho votar, en un sentido o en otro.

El que les habla, su amigo... yo... no votaré por ninguno de los dos bandos
[voces de protesta].

Y yo no votaré por ninguno de los dos bandos debido a tres razones:

Primera, porque, repito que no sería justo que el sólo voto de un representante, que a lo mejor está enfermo del hígado, decidiera el destino de cien naciones;

Segunda, estoy convencido de que los procedimientos, repito, recalco, los procedimientos de los Colorados
[los países comunistas] son desastrosos [voces de protesta de parte de los Colorados];

¡y Tercera!... porque los procedimientos de los Verdes
[Los Estados Unidos] tampoco son de lo más bondadoso que digamos [ahora protestan los Verdes].

Y si no se callan ya yo no sigo, y se van a quedar con la sensación de no saber lo que tenía que decirles.

Insisto que hablo de procedimientos y no de ideas ni de doctrinas.

Para mí todas las ideas son respetables aunque sean 'ideítas' o 'ideotas' aunque no esté de acuerdo con ellas.

Lo que piense ese señor, o ese otro señor, o ese señor
[señala], o ese de allá de bigotico que no piensa nada porque ya se nos durmió, eso no impide que todos nosotros seamos muy buenos amigos.

Todos creemos que nuestra manera de ser, nuestra manera de vivir, nuestra manera de pensar y hasta nuestro modito de andar son los mejores; y el chaleco se lo tratamos de imponérselo a los demás y si no lo aceptan
decimos que son unos tales y unos cuales y al ratito andamos a la greña.
¿Ustedes creen que eso está bien?

Tan fácil que sería la existencia si tan sólo respetásemos el odo de vivir de cada quien.

Hace cien años ya lo dijo una de las figuras más humildes pero más grandes de nuestro continente: 'El respeto al derecho ajeno es la paz'
[aplausos].

Así me gusta... no que me aplaudan, pero sí que reconozcan la sinceridad de mis palabras.

Yo estoy de acuerdo con todo lo que dijo el representante de Salchichonia
[alusión a Alemania] con humildad, con humildad de albañiles no agremiados debemos de luchar por derribar la barda que nos separa, la barda de la incomprensión, la barda de la mutua desconfianza, la barda del odio, el día que lo logremos podemos decir que nos volamos la barda [risas].

Pero no la barda de las ideas, ¡eso no!, ¡nunca!, el día que pensemos igual y actuemos igual dejaremos de ser hombres para convertirnos en máquinas, en autómatas.

Este es el grave error de los Colorados, el querer imponer por la fuerza sus ideas y su sistema político y económico, hablan de libertades humanas, pero yo les pregunto: ¿existen esas libertades en sus propios países?

Dicen defender los Derechos del Proletariado pero sus propios obreros no tienen siquiera el derecho elemental de la huelga, hablan de la cultura universal al alcance de las masas pero encarcelan a sus escritores porque se atreven a decir la verdad, hablan de la libre determinación de los pueblos y sin embargo hace años que oprimen una serie de naciones sin permitirles que se den la forma de gobierno que más les convenga.

¿Cómo podemos votar por un sistema que habla de dignidad y acto seguido atropella lo más sagrado de la dignidad humana que es la libertad de conciencia eliminando o pretendiendo eliminar a Dios por decreto?

No, señores representantes, yo no puedo estar con los Colorados, o mejor dicho con su modo de actuar; respeto su modo de pensar, allá ellos, pero no puedo dar mi voto para que su sistema se implante por la fuerza en todos los países de la tierra
[voces de protesta].

¡El que quiera ser Colorado que lo sea, pero que no pretenda teñir a los demás!
- los Colorados se levantan para salir de la Asamblea-.
¡Un momento jóvenes!, ¿pero por qué tan sensitivos?

Pero si no aguantan nada, no, pero si no he terminado, tomen asiento.

Ya sé que es costumbre de ustedes abandonar estas reuniones en cuanto oyen algo que no es de su agrado; pero no he terminado, tomen asiento, no sean precipitosos. . todavía tengo que decir algo de los Verdes, ¿no les gustaría escucharlo?

Siéntese
[va y toma agua y hace gárgaras, pero se da cuenta que es Vodka].

Y ahora, mis queridos colegas Verdes,¿ustedes qué dijeron?:

'Ya votó por nosotros', ¿no?, pues no, jóvenes, y no votaré por ustedes porque ustedes también tienen mucha culpa de lo que pasa en el mundo, ustedes también son medio soberbios, como que si el mundo fueran ustedes y los demás tienen una importancia muy relativa, y aunque hablan de paz, de democracia y de cosas muy bonitas, a veces también pretenden imponer su voluntad por la fuerza, por la fuerza del dinero.

Yo estoy de acuerdo con ustedes en que debemos luchar por el bien colectivo e individual, en combatir la miseria y resolver los tremendos problemas de la vivienda, del vestido y del sustento.

Pero en lo que no estoy de acuerdo con ustedes es la forma en que ustedes pretenden resolver esos problemas, ustedes también han sucumbido ante el materialismo, se han olvidado de los más bellos valores del espíritu pensando sólo en el negocio, poco a poco se han ido convirtiendo en los acreedores de la humanidad y por eso la humanidad los ve con desconfianza.

El día de la inauguración de la Asamblea, el señor embajador de Lobaronia dijo que el remedio para todos nuestros males estaba en tener automóviles, refrigeradores, aparatos de televisión;... y yo me pregunto: ¿para qué queremos automóviles si todavía andamos descalzos?, ¿para qué queremos refrigeradores si no tenemos alimentos que meter dentro de ellos?, ¿para qué queremos tanques y armamentos si no tenemos suficientes escuelas para nuestros hijos?
[aplausos].

Debemos de pugnar para que el hombre piense en la paz, pero no solamente impulsado por su instinto de conservación, sino fundamentalmente por el deber que tiene de superarse y de hacer del mundo una morada de paz y de tranquilidad cada vez más digna de la especie humana y de sus altos destinos.

Pero esta aspiración no será posible sino hay abundancia para todos, bienestar común, felicidad colectiva y justicia social.

Es verdad que está en manos de ustedes, de los países poderosos de la tierra, ¡Verdes y Colorados!, el ayudarnos a nosotros los débiles, pero no con dádivas ni con préstamos, ni con alianzas militares.

Ayúdennos pagando un precio más justo, más equitativo por nuestras materias primas, ayúdennos compartiendo con nosotros sus notables adelantos en la ciencia, en la técnica... pero no para fabricar bombas sino para acabar con el hambre y con la miseria
[aplausos].

Ayúdennos respetando nuestras costumbres, nuestras costumbres, nuestra dignidad como seres humanos y nuestra personalidad como naciones por pequeños y débiles que seamos; practiquen la tolerancia y la verdadera fraternidad que nosotros sabremos corresponderles, pero dejen ya de tratarnos como simples peones de ajedrez en el tablero de la política internacional.

Reconózcannos como lo que somos, no solamente como clientes o como ratones de laboratorios, sino como seres humanos que sentimos, que sufrimos, que lloramos.

Señores representantes, hay otra razón más por la que no puedo dar mi voto: hace exactamente veinticuatro horas que presenté mi renuncia como embajador de mi país, espero me sea aceptada.

Consecuentemente no les he hablado a ustedes como Excelencia sino como un simple ciudadano, como un hombre libre, como un hombre cualquiera pero que, sin embargo, cree interpretar el máximo anhelo de todos los hombres de la tierra, el anhelo de vivir en paz, el anhelo de ser libre, el anhelo delegar a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos un mundo mejor en el que reine la buena voluntad y la concordia.

Y qué fácil sería, señores, lograr ese mundo mejor en que todos los hombres blancos, negros, amarillos y cobrizos, ricos y pobres pudiésemos vivir como hermanos.
Si no fuéramos tan ciegos, tan obcecados, tan orgullosos, si tan sólo rigiéramos nuestras vidas por las sublimes palabras, que hace dos mil años, dijo aquel humilde carpintero de Galilea, sencillo, descalzo, sin frac ni condecoraciones:

'Amaos... amaos los unos a los otros', pero desgraciadamente ustedes entendieron mal, confundieron los términos, ¿y qué es lo que han hecho?, ¿qué es lo que hacen?: 'Armaos los unos contra los otros'....

He dicho...'.
 


Y nos preguntamos, no podemos dejar de hacerlo, ¿hay algún Embajador que haya tenía la grandeza de hablar como lo hizo Cantinflas?, ¿Qué hubiera pasado en el mundo si su actuación hubiera sido tan real como los más de cuarenta conflictos internacionales siguientes en los que se utilizaron armas para intentar imponer la razón.
 

*1 Cecilia Meireles Una de las mayores poetisas de la lengua portuguesa nacida en Brasil en 1901, falleció en 1964 dejando tras sí una prolífera labor cultural que la llevó a la fama tanto por su técnica como por su riqueza formal y humana. Integró la vanguardia del modernismo poético brasileño junto con Drummond de Andrade y Bandeira.  

*2 Mario Moreno Reyes, más conocido como ‘Cantinflas’. Nació el 12 de agosto de 1911 en la ciudad de México, falleció en 1993. En el arte cinematográfico fue el maestro de las evasivas, del decir sin concretar las ideas, evitando siempre comprometerse según el argumento pero no a decir de la vida misma en la que dejaba un mensaje tan incoherente que era posible entenderlo en su totalidad. En 1966 filmó ‘Su Excelencia’, película de la que extraemos el supuesto gran discurso pronunciado ante las máximas potencias del mundo.  

Almería, en el sur del norte, noviembre 22 de 2006

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