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Como
si de una película del viejo oeste americano se tratara,
en el norte de la ‘generosa Italia’ se ofrecen 500 euros
de recompensa por cada inmigrante ilegal que se aprese.
No
se trata de una nefasta broma adelantando el ‘día de los
Inocentes’; no es un mal entendido que se arregle con
disculpas, borrón y cuentas nuevas.
Aunque parezca la trama de una truculenta película de
abusos de poderes y odios xenófobos, otra vez la realidad
supera cualquier ficción.
El
alcalde de Adro, un pueblo del norte de Italia acaba de
firmar un decreto municipal ofreciendo a los agentes un
incentivo de 500 euros de recompensa por cada extranjero
‘sin papeles’ que detengan.
Adro
es una localidad donde el visitante se siente fascinado
por la belleza y tranquilidad del entorno. No llegan a
siete mil los habitantes del pueblo que se extiende al
pie del ‘Monte Alto’ plasmando la historia de siglos en
testimonios del neolítico, reminiscencias romanas y la
presencia misma del medioevo para terminar soñando en
mansiones como el ‘Palazzo Bargnani Dandolo’.
Un
pueblo como tantos otros sitios de Italia; visitado por
turistas, admirado por sus vinos y ahora también conocido
por su xenofobia.
No
es el primer caso en el que Italia se muestra dura e
intransigente con los inmigrantes. Ha habido otras
propuestas tan absurdas pero que quedaron simplemente en
proyectos. Recordamos que hace dos años el coordinador de
la Liga del Norte, Roberto Calderoli propuso como
represalia por el secuestro de cuatro italianos en Irak,
la expulsión mil musulmanes al día.
En
el año 2001 los consejeros regionales del movimiento
habían pedido que se exigiera a los extranjeros que
quisieran afincarse en la región de Trentino, que se
realizasen análisis para detectar si eran portadores del
virus del SIDA.
Otro
integrante de la Liga del Norte, su líder, Humberto Bossi,
miembro del gobierno de Silvio Berlusconi, no tenía
reparos en proponer ‘recibir a cañonazos a los
inmigrantes’ y que ‘sin andar con tantas vueltas
debe dispararse después a la segunda o la tercera
advertencia’ asegurando que ‘deben ser disuadidos
por las buenas o por las malas maneras’.
Se
podrá aducir que se está ante actitudes confinadas a
determinados sectores y que La Liga del Norte es una
organización radical que propone la creación de un nuevo
estado a partir de la división de Italia.
¡A
los radicales tememos!
El
decreto que establece el pago de ‘extras’ a los agentes
que atrapen extranjeros en situación de irregularidad es
una realidad y nadie que se considere racional puede dejar
de preocuparse por este hecho.
El
Ayuntamiento de Adro, donde se censan 480 inmigrantes
regularizados, decidió poner precio a la cabeza de los
extranjeros sin papeles que viven en el pueblo. Para ello
sacó de la galera un incentivo
‘por
productividad’.
El
decreto establece que los agentes municipales recibirán
500 euros por cada extracomunitario clandestino al que
logren apresar. Oscar Lancini ha dicho que ‘se trata de
premiar a los empleados públicos que creen en su trabajo y
que, como es su obligación, porque así lo sanciona la
ley, se oponen a la clandestinidad’.
En
Italia viven más de tres millones de extranjeros
regularizados. Se estima que en el norte hay un inmigrante
cada 16 italianos y uno cada 15 en el centro. Actualmente
son más los inmigrantes que viven en Italia que los
italianos que emigran al extranjero.
¿Podría llegar a pensarse que esta situación puede dar
lugar a un odio desenfrenado contra los ilegales?
Parece absurdo tan sólo pensarlo, pero hoy en un rincón de
Italia, ayer en Suiza, mañana quizás en España, o en
Inglaterra o en Francia o Alemania… la xenofobia se
enmascara furtiva, en razonamientos más o menos
convincentes como el ‘proyecto por productividad’ de Adro.
Pero
no es para preocuparse.
¿O
ya lo es?
Aún
no aparecen los carteles con el consabido ‘vivo o muerto’
del lejano oeste pero, aunque Lancini niegue que se actúe
por motivos xenófobos, el Ayuntamiento que el precide ha
ideado una forma de evitar que los sin papeles se queden a
vivir en Adro: 50 euros más por redada que sirva para
descubrir viviendas en las que habiten más personas de las
que las normativas establecen.
Almería, en el sur del norte, octubre 27 de 2006 |