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Dentro de un año los científicos, convocados por la
Unión Científica Internacional y la Organización
Mundial de Meteorología, comenzarán a analizar
concienzudamente más de mil proyectos destinados a
llegar a un mayor conocimiento de los polos y evaluar
lo que en el campo de la exploración y la
investigación se ha hecho allí en los últimos dos
siglos. Tendrán un plazo de dos años para decirnos que
está ocurriendo en la Antártida y en el Ártico.
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La
duda que nos asalta es si cuando tengamos los resultados
no será ya demasiado tarde.
El
Ártico tiene su suerte decretada por muchos despropósitos,
entre ellos una descontrolada actividad minera y la falta
de concienciación de la población no originaria, que ha
degenerado en la despreocupación por el medio de los
propios nativos.
La
contaminación del planeta ha enviciado el hábitat de los
pueblos árticos; las orcas que se encuentran en aguas del
Océano Ártico contienen altísimos niveles de sustancias
tóxicas, lo que no es más que una muestra de la enorme
contaminación que sufre este medio.
Las
corrientes marinas pueden transportar a grandes distancias
sustancias muy venenosas, vertidas (o captadas) por ríos y
vertientes que desembocan en los océanos.
Son
sustancias que a pesar de que ocasionan un daño
incalculable en la fauna y flora de distintas regiones, no
están prohibidas por casi ningún país.
Pero
a la Antártida aún podríamos salvarla.
¿Lo
creemos realmente?
Es
posible que necesitemos presumir que aún estamos a tiempo;
más allá de que si se cumpliera desde ya el Protocolo de Kioto
aún se mantendría por 60 años el enorme agujero de ozono
que los clorofluorocarbonos producidos por la actividad
humana han abierto sobre la Antártida, el Cono Sur
americano, Australia y Nueva Zelandia.
No
es con la emisión de gases contaminantes la única manera
en que el hombre agrede al continente que, en 1991 se
amparó a través de un protocolo de protección del medio
ambiente complementado por el tratado internacional que en
el año 1959 declaraba a la Antártida como ‘el continente
de la paz y de la ciencia’.
La
Antártida no es de nadie y es de todos. Desde hace 47
años está regido por el referido tratado internacional
que especifica, que no podrá ser administrado ni
controlado como un territorio sometido a una soberanía
nacional.
En
enero de 1998 entró en vigor oficialmente (en lo práctico
recién se cumplió en su totalidad tres años después) un
protocolo de protección del entorno antártico que entre
otras reglamentaciones obliga a los Estados que tienen
Bases Científicas en el continente a reparar los daños
ecológicos que provocan, incluso los anteriores a su
entrada en vigencia.
El texto establece
reglamentaciones muy rigurosas; se puede decir que hasta
el momento siguen siendo las reglas de conservación
medioambientales más estrictas y cubren (supuestamente)
la totalidad de las actividades humanas en el continente
blanco.
Instituyen el combate contra la contaminación marina y la
protección de la fauna y la flora y determinan que no se
autorizará ninguna actividad de prospección minera o
petrolífera hasta el año 2048.
Los
países con Bases permanentes (que no son todos los
firmantes del Tratado) son: Alemania, Argentina,
Australia, Brasil, Bulgaria, Chile, China, Corea del Sur,
España, Estados Unidos, Francia, India, Italia, Japón,
Nueva Zelanda, Perú, Polonia, Reino Unido, Rusia,
Sudáfrica, Ucrania, Uruguay; otros países operan solamente
en el verano austral.
Supuestamente en el Planeta Tierra hay gobiernos que
demuestran su interés por mantener a la Antártida libre de
contaminación y en ellos radica la esperanza de
conservación del medioambiente antártico.
El
protocolo de protección dispone que su reglamentación no
puede variarse sin el consenso de todos y cada uno de los
firmantes y ello podría dar cierta tranquilidad a todos,
si no fuera porque hay intereses tan importantes en juego
como puede ser el de un mal entendido turismo*1.
Desde hace décadas el número de turistas antárticos está
superando, y por muchos miles, al de los científicos y
personal de las bases que trabajan allí.
Tan
sólo desde España llegan en viaje turístico entre tres y
cuatro mil personas al año y España es sólo uno de los
países que promueve este tipo de viajes, que satisfacen
sin importar el coste, la creciente demanda existente por
lugares exóticos, y que en este destino tienen un precio
medio de 3.000 euros.
A
los turistas les atrae especialmente la fauna antártica y
la vida en las pingüineras y foqueras se ve alterada por
una presencia masiva de humanos que altera el
comportamiento de los animales.
Los
pingüinos no pueden distraer coste energético en
estresantes observaciones de los visitantes cuando la cría
de sus polluelos les reclama mucho desgaste para que
crezcan lo suficiente, antes del próximo invierno, como
para poder sobrevivir solos a temperaturas que pueden
superar los 70º por debajo de cero.
Los
lobos y elefantes marinos, en la rutina de defender sus
harenes se encuentran con otros seres extraños que,
ignoran hasta que punto pueden amenazarles.
Y
deben inquietarlos porque amenazan su hábitat. Los
turistas pisan y destruyen los delicados musgos y
líquenes que conforman la flora antártica y aunque saben
que está prohibido, suelen guardarse algunos recuerdos y
no nos extrañaría que pronto los hielos eternos comenzaran
a verse violentados por graffitis.
Los
animales deben soportan miles de fashes de las cámaras
fotográficas ante una avalancha que en lugar de detenerse
se incrementa. Las visitas*2
son cada vez más frecuentes y más numerosas. La
Asociación Internacional de Operadores de Turismo
Antártico IAATO estima que en la temporada 2006/07
llegaran al territorio no menos de 28 mil personas.
Y
las personas son portadoras de gérmenes o parásitos y en
los barcos suelen viajar como polizones especies no
nativas que de establecerse en la Antártida se
convertirían en plagas sumamente devastadoras*3.
Simplemente el viaje en barco es un atentado ecológico que
se demuestra con cifras: un crucero produce por día siete
toneladas de basura, 114 mil litros de excrementos y más
de 900 mil litros de agua sucia a más de 57 de
desperdicios tóxicos y emisiones diésel.
El
efecto contaminante y destructivo de ecosistema antártico
está garantizado. Sistemas menos delicados, como los
parques naturales terrestres y marinos ya los han
sufrido.
La
Antártida conserva en la imaginación de todos, el mito de
ser el último lugar del planeta donde se puede convivir
con un medio ambiente sin contaminación.
Es
hora de tomar conciencia de que para conservarlo la
primera regla es no convivir con él.
Desde Almería, en el sur del norte, agosto de 2006-08-03
*1 –
Siempre he defendido el turismo como el derecho universal
que tienen todas las personas de disfrutar de sus
vacaciones, viajar, conocer lugares. Pero el turismo no
puede nunca convertirse en un destructor de lo que
pretende mostrar. Los viajes masivos a la Antártida es un
grave error que ha escapado de la regulación del protocolo
de regulación del entorno antártico.
*2 –
Por
Internet se publicitan varios cientos de páginas con
avisos de cruceros hacia la Antártida. Lo siguiente es
solamente una muestra de porqué nuestra preocupación.
Ushuaia - Península Antártica, Pasaje Drake e Isla
Decepción...
AVENTURA CLASICA EN LA ANTÁRTCA
Cruceros
a la Antártida ya la Patagonia
Viajes a la Antártida. Viaje a la Antártida.
Cruceros de investigación del ecosistema Antartico
ANTÁRTIDA-
MALVINAS, ISLAS GEORGIA - 20 DIAS ·
Cruceros
a la Antártida ¡Bienvenidos a la Antártida!
Un inmenso continente helado que nos ofrece en gran parte
de sus costas, contrastantes paisajes de ...
ITINERARIO EXPEDICIÓN CLASSIC ANTÁRTIDA ...
En la Península Antártica, desembarcaremos en Bahía
Paraíso
La
sorprendente Antártca, atrae al turista con sus
hielos, islas, iceberg y rica fauna marina. Vea aqui
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operadora especialista en cruceros al Artico y la
Antártida ...
El viaje a la Antártida que te proponemos incluye un
crucero hasta el continente helado desde la ciudad más
austral del mundo, Ushuaia, incluye además
Y
hay hasta quién publicita el número de cruceros que ya han
viajado. Pero quizás el siguiente aviso nos de una idea
más precisa de lo que puede llegar a ser este ya
descontrolado turismo antártico y lo antagónico de la
oferta con los resultados. Se habla de blancura y frontera
(ecológica) intacta que seguramente no se ayuda a
conservar.
Se
pretende mostrar la renovación de la vida sin advertir que
quizás se esté decretando el fin de muchas especies.
Las maravillas del Antártico sólo pueden ser apreciadas en
su totalidad a través de un Viaje en Crucero. Descubra la
blancura salvaje de la última frontera que aún permanece
intacta.
Durante el verano austral podrá ver como se renueva la
Vida en este lugar. Esta es la tierra de las Magníficas
Ballenas, los Icebergs de tamaño Descomunal y los
Impresionantes Glaciares Colgantes; de los albatros
legendarios y de los cómicos Pingüinos. El Maravilloso
Paisaje y la Vida Salvaje del Antártico hacen de él un
Magnífico Destino para todo Aventurero.
Si usted visita la Antártica sin tomar un Crucero, se
perderá de gran parte de sus Atractivos
*3 -
Un solo ejemplo, por demás contundente: el cangrejo araña,
oriundo de los mares del norte, están colonizando con
éxito, la Antártida. |