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No resulta el mejor momento para que los Ministros de
Relaciones Exteriores de España y de Uruguay se enfrasquen
en la negociación de un Tratado firmado hace más de 135
años.
Y no lo es, no porque no sea necesario sino porque en
Uruguay es verano, época de vacaciones; interrumpidas en
esta ocasión por el hasta ahora problema y quizás muy
pronto conflicto en toda regla, con la Argentina por la
instalación de las fábricas de papel.
En España el escenario político no necesita salir de
fronteras para encontrar situaciones discordantes y, si
mantener unida a España y tranquilos a los militares no
ocasionara ya suficientes dolores de cabeza al Gobierno,
desde el exterior los EEUU, entre comentarios
extraoficiales y vetos, mantienen sobre ascuas al
Canciller.
Definitivamente, no es el mejor momento para distraer a
los ministros; la situación exterior de los dos países
puede ponerse como excusa porque simplemente, cuando una
parte no tiene interés en dar solución a un problema, la
otra encuentra que es casi imposible coordinar la agenda
de reuniones.
Recordamos que en febrero del 2004 los cancilleres Ana
Palacio de España y Didier Operti de Uruguay, habían
acordado de buen talante iniciar una ronda de
conversaciones para dar solución al tema.
¿Solucionar la situación de los uruguayos que han venido a
España a trabajar y traer parte de su cultura traducida en
una educación que está por encima de la media nacional?
En este problema no hay nada que solucionar porque no hay
más que dos opciones: cumplir con el Tratado Internacional
de 1870, que ha sido reconocido por Jueces de distintos
Tribunales, incluidos los del Supremo de España; o no
cumplirlo aduciendo que en este momento no es posible
porque los intereses españoles no son los beneficiados.
El problema, si lo hay, es para España y radica en la
falta de credibilidad que en el futuro pueden reconocerle
cuando sus gobernantes firmen algún acuerdo o tratado
internacional. Sin embargo y por la actitud asumida por
este Gobierno, ‘el tema le cae flojo al presidente José
Luis Rodríguez Zapatero y sus asesores en inmigración.
PARLAMENTARIOS DE LOS DOS
PAÍSES AÚNAN ESFUERZOS
En el mes de diciembre los diputados uruguayos Jaime Trobo
(Partido Nacional) y Enrique Pintado (Frente Amplio)
mantuvieron una serie de contactos con legisladores
españoles. La recepción fue muy buena, especialmente entre
los representantes del Partido Popular.
Precisamente fue el diputado Jesús López-Medel del PP
quién presentó una proposición no de ley para que la
validez del Tratado de 1870 y la situación de los
uruguayos en la península figurara en el orden del día de
la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso de
Diputados de España.
La Comisión aprobó por unanimidad instar al Gobierno a
iniciar un proceso de negociación según el Tratado de
Cooperación y Amistad firmado en el año 1992 por los
presidentes Felipe González y Luis A. Lacalle, que prevé
la formación de una Comisión de Alto Nivel presidida por
los Cancilleres de ambos países.
La resolución parlamentaria instaba
“al
gobierno para que ante la controversia surgida acerca de
la interpretación del Tratado de Reconocimiento, Amistad y
Cooperación de 1870 con la República Oriental del Uruguay
y las implicaciones de la legislación española y las
implicaciones de España con la Unión Europea, así como de
la diversa jurisprudencia española en la materia, se
aborde en el plazo máximo de cuatro meses, conjuntamente
con las autoridades uruguayas, en el marco de la Comisión
de Alto Nivel prevista en el Tratado General de
Cooperación y Amistad de 1992 la cuestión del régimen de
entrada, trabajo y residencia de los ciudadanos uruguayos
mediante la aplicación de los criterios más favorables…”.
Ha pasado un mes y no se han iniciado contactos para la
formación de esa comisión.
Los Ministros de Asuntos Exteriores Miguel Ángel
Morantinos y Reinaldo Gargano no se han reunido y la
negociación podría ameritar un tiempo superior a los tres
meses que restan.
Es en este punto, cuando los uruguayos nos sentimos
indefensos ante la actitud del Gobierno de España, que
aparecen un amigo. No es el único que tenemos en el
Congreso.
Jesús López-Medel se ha autoasignado el papel de
vigilancia de que lo instado por deseo de los congresistas
españoles sea cumplido.
Su pregunta al Gobierno es directa: ¿Va a la Comisión que
se formaría con ánimos de negociación o dando por sentado
el no?
Este viernes, 20 de enero, López-Medel eleva a la Mesa del
Congreso de Diputados una nota preguntando por la
situación, reclamando respuesta escrita.
Por gentileza del mismo tenemos acceso al borrador del
documento que hoy será presentado con las firmas
correspondientes.
A LA MESA DEL CONGRESO DE LOS DIPUTADOS
D. Jesús LOPEZ-MEDEL, Diputado por Madrid, perteneciente
al Grupo Parlamentario Popular en el Congreso, al amparo
de lo dispuesto en el artículo 185 y ss., del Reglamento
de la Cámara, tiene el honor de formular la siguiente
pregunta al Gobierno de la que desea obtener respuesta por
escrito.
El 21 de diciembre, la Comisión de Asuntos Exteriores del
Congreso aprobó por unanimidad instar al Gobierno a que
entre la controversia surgida a la interpretación del
Tratado de Reconocimiento, Amistad y Cooperación en 1870
con la República Oriental de Uruguay se aborde en el plazo
máximo de cuatro meses conjuntamente con las autoridades
uruguayas, en el marco de la Comisión de Alto nivel
previsto en el Tratado General de Cooperación y Amistad de
1992, la cuestión del régimen de entrada, trabajos y
residencia en España de los ciudadanos uruguayos mediante
la aplicación de los anteriores más favorables.
Ante tal previsión, y teniendo en cuenta la
constante y reiterada jurisprudencia de diversos
Tribunales españoles estimando las demandas de ciudadanos
uruguayos, se formulan las siguientes preguntas:
¿En la reciente orden de expulsión del ciudadano uruguayo
Mykool Roul Pujal Medina, dictada por la subdelegación del
Gobierno en Toledo se ha tenido en cuenta o, por el
contrario, no se ha valorado el Acuerdo del Congreso y las
inminentes reuniones a alto nivel de ambos países para
solucionar el asunto general?
¿Dicha orden de expulsión, dictada con posterioridad al
acuerdo unánime de todos los grupos, significa que la
actitud del Gobierno español en dichas reuniones va a
seguir petrificada por una interpretación muy restrictiva
de dicho Acuerdo el cual tiene el rango de Tratado entre
ambos países?
Madrid,
22 de enero de 2006º Bº
EL SECRETARIO GENERAL Fdo.: EL
DIPUTADO
Desde Almería, en el sur del norte, a 20 de enero de 2006 |