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Festejar el Día de Reyes sin conocer al menos la historia en la que
podemos, o no creer, y sin adentrarnos en la leyenda
que podemos, o no disfrutar, resulta casi imposible.
¿Quiénes eran?
¿Existieron realmente?
¿Eran Magos?
¿Pueden llegar, dos mil años después, cada noche entre el 5 y el 6
de enero a millones de hogares?
Algún lector podrá sonreír y yo le pregunto ¿porqué?. No importa
quién sea el portador del regalo, ni siquiera si lo
deja silenciosamente en la noche sobre un par de
zapatitos o si, horas antes lo entregó en mano como
contribución de un organismo de caridad, para el que
lo recibe es el ‘Regalo de los Reyes’, aunque la razón
le diga lo contrario: es el Milagro de Reyes que se
repite año tras año.
¿Qué otra cosa que un milagro puede unir en las calles a millones
de personas esperando el paso de tres personajes
caracterizando a tres seres que nadie puede decir como
fueron salvo que la leyenda les ha hecho a uno viejo,
al otro joven y al tercero negro, y a todos nosotros
nos da la seguridad de que estamos aguardando el paso
de Los Reyes Magos?
La mente puede reclamar sin éxito el equilibrio de la razón. Los
niños no se equivocan, y los niños creen y sólo eso
basta para que también nosotros lo hagamos.
Según el evangelio de San Mateo los tres Magos de Oriente eran
nobles peregrinos que poseían conocimientos
astronómicos y astrológicos y que, cada uno desde su
tierra, siguieron una estrella que los condujo a
Belén, al sitio donde había nacido Jesús.
En su sabiduría reconocieron a aquel niño como el Rey de todos los
hombres y le ofrecieron oro, presente conferido a los
reyes; incienso, empleado en el culto de los altares
de Dios y mirra, un compuesto embalsamador para los
muertos.
En el siglo VI San Cesáreo de Arlés les confirió la condición de
Reyes y desde entonces así se popularizaron entre los
cristianos.
Se sabe que procedían de Oriente y algunos antiguos testimonios de
la Iglesia de Siria afirman que procedían de Persia
donde existía una casta de magos y astrólogos pero
como toda leyenda con raíces de historia se disgrega
en supuestos y entonces se les dan otras procedencias
como Caldea, donde surgió la astrología e incluso se
juega con su número, ¿tres, cuatro, siete, acaso tan
sólo dos?; hasta doce Magos se han llegado a nombrar.
Pero fueron los nombres de Melchor, Gaspar y Baltasar los que desde
el siglo IX se popularizaron en la Iglesia.
Los mismos tres nombres que esta noche serán responsables de la
alegría de miles de niños.
Almería, el
sur del norte, 05 01 05 |