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No está mal que mil jóvenes uruguayos puedan acceder a
trabajar en España.
¿Recuerdan cuando al ejército español podían aspirar a
ingresar los americanos nietos de españoles y entre ellos
lo hicieron muchos uruguayos? ¿será ésta una opción
similar pero más abierta?
La Secretaria para Emigración – Inmigración de España,
Consuelo Rumí, pasó hace unos días por Montevideo en un
viaje oficial pero oficioso.
Vamos a ser claros, fue un viaje oficial para los
emigrantes españoles radicados en Uruguay con los que
tenía intereses que tratar pero llegó por la puerta de
atrás si debemos decir que se fue sin siquiera reunirse
con las autoridades con las que el gobierno español,
suponemos que está en ello, viene negociando un acuerdo
sobre el Tratado de 1870, ése que tanto tiene que ver con
los intereses de miles de uruguayos que viven en España y
cuyo futuro en un altísimo porcentaje depende de la
resolución que los dos Gobiernos den al asunto.
La Secretaria no se reunió ni con el Ministro de
Relaciones Exteriores, ni con el director del
Departamento20, y creemos que en esto de uruguayos en el
exterior son las personas más idóneas para representarnos
ante autoridades extranjeras.
Aunque algo bueno sí se sacó del viaje: mil puestos de
trabajos acordados por Rumí con el ministro de Trabajo y
Seguridad Social de Uruguay, Eduardo Bonomi.
Según un convenio aún sin firmar, España –siempre abriendo
puertas sin terminar nunca de acomodar a los que ya están
dentro- dará permisos de residencia y trabajo para mil
uruguayos (no importa si no tienen ascendientes
españoles), contratados en origen y que cuenten con
formación en hotelería y gastronomía.
Al respecto Rumí aseguró a nuestro Ministro que lo que se
ofrecía a estas personas –aún no se dijo si solamente por
la temporada o en forma permanente – es 'vivir
legalmente y percibir el salario que correspondería a
cualquier ciudadano español por la tarea.'
Un trabajo entre marzo y septiembre que realizarán
especialmente en la Costa del Sol. ¿Son acaso contratos a
término de temporada?
Importa mucho eso de la periodicidad porque será bueno
aclarar a los interesados si los permisos seguirán
vigentes después de esos cuatro meses o, como todo
'contingente' de trabajadores contratados a término en sus
países de origen estarán obligados, para no pasar a la
clandestinidad, a retornar a Uruguay… porque la Secretaria
de Estado quizás no ha tenido en cuenta las distancias.
No es lo mismo un contingente de trabajadores provenientes
de Marruecos, Lituania, Rusia, Rumanía que toman un bus
para retornar a su país una vez completado el periodo de
trabajo que hacer las valijas en el Atlántico Sur.
Ésta es la pega que ponemos, creemos que importante y
quizás la única porque en cuanto a requisitos, si bien los
interesados deberán concursar por los cargos y recibir
capacitación específica para trabajar de acuerdo a las
normas turísticas españolas, tenemos sobrado conocimiento
para afirmar que los egresados de las escuelas de turismo
uruguayas, hotelería y gastronomía tienen un nivel que,
en su más bajo exponente queda muy por encima del expuesto
en el mercado de España.
En la calidad de trabajo que los uruguayos aporten a su
país puede estar segura Rumí, pero los que no quedamos tan
tranquilos con sus declaraciones somos nosotros.
-'Queremos que sigan queriendo venir a trabajar en
nuestro país y supongo que así será porque el trabajo
conjunto está dando sus frutos'; a quienes la
Secretaria de Estado se refería al decir que quería que
siguieran viniendo, era a los uruguayos hacia España y
quienes están trabajando con buenos resultados, siempre a
entender de la representante del Gobierno de José Luis
Zapatero, son los Mandatarios de Uruguay y España.
Y es aquí donde nos metemos en un túnel en movimiento del
que salimos, no simplemente mareados sino convencidos de
que el mundo está totalmente al revés.
¿Nadie le ha dicho a la Rumí que no hay ningún 'fruto' que
beneficie a Uruguay y sí imposiciones que pueden estar
representadas por buenas inversiones en el país o ¡vaya
uno a saber si alguna otra cosilla hablada entre
presidentes!? ¿Acaso pretende que nos conformarnos otra
vez con cuentas de colores?
¡Perdón!, las cuentas de colores se están transformando en
papeles… y los papeles en humo….. ¿La pipa de la paz?;
¡NO!, simplemente las cenizas de un tratado internacional,
el de 1870 que, por otorgar derechos a los uruguayos en
España el gobierno de ZP, viendo que ahora los españoles
en Uruguay ya no necesitan acogerse al mismo, se apresura
a… ¿negociar? ¿imponer? su anulación.
Pero España no puede cometer sóla este atropello y como
dije ¿Qué le prometió al oído ZP a Tabaré durante la
última visita de nuestro presidente a la Madre Patria?
Seguro que tienen que haber sido muchas cuentitas rojas,
azules, verdes, naranjas, doradas…., suficientes para
cubrir las cenizas del uno que otro tratado y dejar en la
vía a tantísimos uruguayos que ya están en España y a los
que nuestro Presidente no quiere –por el momento- en
Uruguay.
Pero puede estar segurísimo el Doctor Tabaré Vázquez, que
cuando las condiciones sean las apropiadas, será muy alto
el porcentaje de los que regresarán a poner su hombro por
el país.
Ahora bien, que mientras esas circunstancias no se
presenten quizás venga bien recordar la importancia que el
Poder Legislativo tiene en el Gobierno de nuestro país y
la posición adoptada por nuestro Parlamento cuando reclamó
a su par de España el cumplimiento del Tratado de Amistad
de 1870.
Considerando que poco puede importar al Parlamento español
el cumplimiento de ese Tratado, más que el principal
partido de la oposición fue en su momento detractor del
mismo y por lo tanto poco o nada se puede esperar de este
ámbito; sería bueno quedarnos en casa pero… recordando que
tanto en la Cámara de Senadores como en la de Diputados su
Partido tiene mayoría absoluta me cabe preguntarle a
nuestro Primer Mandatario… ¿Después de su nada eficaz
negociación de la vigencia del Tratado de 1870 con ZP,
cambió la opinión de los legisladores uruguayos respecto a
los derechos de los compatriotas en España?.
Desde Almería, el sur del norte, noviembre 18 de 2005. |