Desde Almería, España

 
Graciela Vera  (Periodista Independiente)  Biografía

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"Premonición o realidad que no se quiso ver"

Manuel Pimentel renunció a su cargo como Ministro de Trabajo de España por no estar de acuerdo con la política gubernamental respecto a la inmigración; en las últimas elecciones nacionales lideró un grupo político que por idealista quedó en los idealismos y no obtuvo representación pero, como no es en esta oportunidad del Pimentel político de quién voy a hablar, dejo el análisis de los motivos o desconocimiento que tuvieran los votantes o de lo modélico de su propuesta y me concentro en lo que de premonitorio pueda leerse en algunas páginas del libro que escribió en el año 2003, en forma conjunta con Ismael Diadié: ‘LOS OTROS ESPAÑOLES – Los manuscritos de Tombuctú: andalusíes en el Níger’.

 

Lo que transcribo a continuación lo podemos leer en el capítulo: ‘REFLEXIONES DE UN VIAJE’, lo encontramos casi al inicio del libro que refiere al rescate que se viene realizando de antiquísimos escritos andalusíes que forman parte de una espectacular biblioteca (casi tres mil manuscritos escritos en árabe, hebreo y castellano aljamiado) que fue ubicada en Tombuctú, un remoto pueblo del Malí, perdido a orillas del Río Níger.

Me he permitido destacar en negrita algunos pasajes de estas páginas.

 Regreso a casa profundamente preocupado ante la evidente extensión del fundamentalismo islámico. Cada día se aprecian más símbolos externos de ese añorado retorno a los fundamentos iniciales del islam. Algunas ocasiones fueron especialmente violentas para nosotros, como en el caso de una negociación para conseguir un guía que realizamos en uno de los escasos comercios de Addel Begrou, un mísero poblado fronterizo entre Mauritania y Mali. Nuestro interlocutor se apoyaba sobre un póster con la imagen de Bin Laden. No era nada agradable tener que negociar bajo la mirada del terrorista idolatrado por aquel comerciante. Otro momento embarazoso fue cuando visitamos la aldea de la familia de Ismael, perdida en una de las infinitas islas de las marismas del Níger, Kirchamba, y me fue presentado un grupo de jóvenes. Uno de ellos lucía orgulloso una camiseta con la efigie del terrorista Saudí, que también observé en grandes pegatinas colocadas sobre motocicletas y vehículos. ¿Qué está pasando en el mundo musulmán para que un declarado asesino pueda ser considerado un auténtico héroe por los jóvenes? ¿Por qué universitarias de cuarto o quinto de carrera deciden ponerse el pañuelo cuando ni siquiera sus madres lo llevaban ya? Debemos intentar respondernos a esas preguntas sin descalificaciones iniciales, y sin desviarnos a la ya clásica cuestión de ¿por qué nos odian tanto?

            El deseo de retornar al islam inicial y considerar a Bin Laden como un valiente guerrero de Mahoma nace de un profundo sentimiento de orgullo herido, hábilmente utilizado por los predicadores integristas. La explicación de que el fundamentalismo se extiende a causa de la miseria y falta de educación no nos proporciona una suficiente respuesta, ya que la cuna de los fundamentalistas actuales, los países del Golfo, son riquísimas monarquías petroleras. Por otra parte, el integrismo suele prosperar en los ambientes universitarios. No. El fundamentalismo nace de un sentimiento, de un deseo de recobrar grandezas pasadas, de una autoafirmación cultural frente a lo que consideran un pensamiento occidental agresivo e imperialista.

            ¿Todo el mundo musulmán es integrista? Por supuesto que no. Muchos de ellos ni siquiera son religiosos, otros lo son en sus formas más moderadas. Pero desgraciadamente, los fanáticos van ganando influencia y poder, iniciando una sistemática persecución contra los templados. Todavía existe para los integristas un Satán más odiado que Occidente. Son los propios musulmanes no islamistas, a los que persiguen y combaten. No olvidemos que la apostasía o la blasfemia son castigadas con la pena de muerte en sharia. Sin embargo, esta ola de fundamentalismo social, religioso y político que se extiende por los países musulmanes no debe hacernos olvidar que en su interior conviven, con crecientes dificultades, muchísimos musulmanes moderados y reformistas que quisieran cambiar la realidad del mundo al que pertenecen.

            No debemos despreciar al mundo musulmán en su conjunto. Ese desprecio generalista, tipo Oriana Fallaci o Berlusconi, genera más rabia aún en los países árabes, y abona el campo a los integristas, debilitando las posibilidades y predicamento de las fuerzas reformadoras. Nuestro enemigo nunca debe ser ni el islam ni los musulmanes. Nuestro enemigo debe ser el fanatismo allá donde se encuentre. Y debemos denunciarlo con todas nuestras fuerzas: los integristas son unos peligrosos fanáticos que traerán mucho dolor al mundo. Pero Occidente los está combatiendo de la peor forma posible. Haciéndolos aparecer ante sus poblaciones como los defensores de su identidad cultural y social. Nuestra política de desprecio general hacia lo musulmán, la masacre consentida de los palestinos, el disparatado ataque a Iraq, generan aún más rechazo a lo que significa Occidente en el mundo musulmán, que necesita imperiosamente modernizarse, otorgándose a sí mismo libertad y progreso. Pero esa evolución, para ser posible, debe hacer desde su interior. No podremos imponérsela desde fuera. El pulso entre conservadores y reformadores es muy antiguo en el islam. Según un famoso hadiz, Mahoma exhortó a los musulmanes a aferrarse a la tradición musulmana con estas palabras: ‘Guardaos de las novedades, pues toda novedad es una innovación y toda innovación es un extravío’.

            ‘No hay razón alguna para que el islam no evolucione como lo han hecho el cristianismo o el judaísmo’, nos dice Mohamed Charfi en su libro Islam y libertad. Debemos colaborar lealmente con todas aquellas personas que desde la razón y la libertad quieren reformar la sociedad musulmana, guardando lo mucho que de bueno tiene, superando algunas de sus obsoletas normas y adaptando elementos de modernidad e sus principios. El mundo musulmán es una parte muy importante del planeta, y merece todo nuestro apoyo y respeto. Dentro de él conviven delirantes integristas y muchas personas moderadas que simplemente quieren vivir en paz y tranquilidad.

            El 16 de noviembre de 2002 llegué a España. Al leer las noticias, de las que había estado aislado durante semanas, no tuve duda al respecto. Atacaríamos, por una razón u otra, con ONU o sin ella, a Iraq. El tiempo me dio la razón a aquel presentimiento. Las bombas comenzaron a caer en marzo de 2003. También, cuando todavía estaba sobre las arenas del Sáhara comprendí que los viajes en solitario a través de los países musulmanes se irían haciendo más complicados. Cualquier exaltado podría atacarte, utilizando la oscuridad.

 

El 20 de abril de 2004 los temores a que hacía referencia Manuel Pimentel en su libro, se hicieron realidad.

Ya no es seguro para los españoles viajar a países musulmanes.

Ya no son seguros los países musulmanes para los occidentales.

El fundamentalismo islámico ha ido in crescendo y la sombra de la Yihad oscurece los cielos europeos y amenaza los americanos.

 

Desde Almería, el sur del norte, setiembre de 2004.

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