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No importa quién comienza una guerra. Ni siquiera importa
si se supone que hay una razón para comenzarla.
Nadie tiene derecho a matar en nombre de una idea, ni a
manchar el honor de una bandera con el horror de la
represión.
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La Asamblea General de la Organización de las Naciones
Unidas designó al período 2001-2010 como la
Década para una
Cultura de paz y de No Violencia para los Niños del
Mundo.
Puede resultar demasiado intrincado seguir un camino
tan laberíntico como el que se le presenta a la paz.
¿Dónde hay paz? ¿Qué país podemos pintar en un
mapamundi del color de la paz? ¿Dónde no se ejerce
algún tipo de violencia? |
¿Qué
es la paz?
El
informativo de la televisión pasaba imágenes de las tropas
israelíes patrullando los territorios ocupados de la
Franja de Gaza y mostraban un grupo de niños arrojando
piedras contra los tanques del ejército judío.
La
reiteración de sucesos en las que sólo cambia el rostro de
los protagonistas y la ubicación geográfica, que no
obstante insiste en reiterarse cien mil veces, nos ha
privado del placer del diálogo porque los comentarios
quedan atascados, inertes en la desesperación de sabernos
parte de un mundo que está en guerra.
Y me
pregunté si esos niños lo saben. Si saben que viven en
guerra cuando nunca han conocido la paz.
Generaciones enteras que han nacido, crecido y muerto sin
saber lo que significa la palabra PAZ.
Hoy
me propuse hablar de los niños de la Intifada y me
encontré mirando un teclado que se negaba a funcionar, no
por problemas mecánicos sino porque mis dedos estaban tan
entumecidos como esos cuerpos de niños-hombre en las
noches sin techo de ruinas sin sosiego.
Los
gobiernos del planeta representados por la bandera de la
ONU proclaman paz y
no violencia para los niños del mundo.
¿Pueden ser tan hipócritas los gobernantes de todos los
países para firmar y afirmar lo que saben no pueden
proteger?
Ningún hombre tiene derecho a matar en nombre del derecho
a la vida.
Ningún hombre está capacitado para juzgar los derechos de
los otros hombres y ningún Jefe de Estado tiene derecho a
declarar la guerra a otro Estado.
No
hay motivos con fuerza suficiente para justificar el
asesinato y si se mata para vindicarlos se está humillando
a la humanidad toda.
La
guerra no debe existir. No importa quién se considera con
la razón porque seguro que el otro bando cree también
tenerla; mientras haya gobernantes que se sepan tan
inseguros como para necesitar la protección de la muerte,
habrá niños muertos y niños que maten.
¿Porqué elegí la Intifada para concentrar a los niños que
sufren?
Quizás porque estaba viendo rostros de adultos que nunca
vivieron la paz y pensé en esos niños que quizás no
lleguen a saber como se vive sin temor a la muerte
presente en cada momento.
La
Intifada comenzó el 9 de noviembre de 1987. En casi veinte
años un niño se gestó, nació y se convirtió en adolescente
sin siquiera aprender a ser niño.
Pero
la historia de estos niños comenzó mucho antes. Empezó
cuando se les arrebató el hogar a sus abuelos, hace más de
cincuenta años.
Empezó antes, entre los cuerpitos desnudos bajo una
hipotética ducha en un galpón de Auschwitz. Antes que la
maldita noche de los cristales rotos.
¿Quién habla de los derechos de los niños sin sentir sabor
a hiel en la boca?
Hoy
quiero hablar de los niños de Gaza, y también de los de
Cisjordania porque quiero hablar en voz alta por los niños
que no tienen voz.
Y no
son solamente niños palestinos, también son niños judíos.
Unos viven en guerra, otros crecen sin paz.
Quise
buscar un día de paz y las noticias de la noche me
trajeron los rostros asustados de los niños que desafían
la muerte en una embarcación que más veces de lo sabido se
convierte en ataúd.
Las
imágenes se repetían en otros sitios. Tanques, disparos de
mortero y hogares sin niños y niños sin hogares.
Este
es el tercer año de esta
Década para una Cultura de
paz y de No Violencia para los Niños del Mundo.
¿Lo
sabía usted?, ¿lo sabía yo apenas ayer?, ¿lo saben los
niños del mundo?, los que mueren sin llegar a adultos, los
que se convierten en adultos sin saber ser niños.
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Un juguete es una piedra levantada contra un tanque de
guerra. Suerte es no estar en el camino del proyectil
disparado por ese tanque.
Quiero hablar por los niños, por todos, por los niños
de Najaf y por los de Bagdad, por los de Nassiriyah,
por los de Basora y por los de Al Hillah.
Quiero hablar por los niños de Biafra, por los
subsaharianos, por los de Ruanda. Quiero sentir el
dolor de cien millones de niños con hambre, gritar por
cada uno de esos cuatrocientos niños que cada media
hora mueren por desnutrición. |
De
respirar tanta sordidez quedé sin fuerzas para orar por
los trescientos mil niños que tienen en sus manos un
fusil.
Cultura de paz y de No Violencia para los Niños del
Mundo.
Están
en cada rincón esperando que alguien se acuerde que un día
firmó por los niños del mundo.
Catorce millones de niños viven en campos de refugiados;
miles en las calles, explotados sexualmente, raptados y
asesinados.
Quiero gritar por los niños de América, por los de
Nicaragua y por los de Argentina, por los niños de Uruguay
y por los de México, por los barrios negros de Manhatan y
por el negro futuro de los niños de Haití.
Por
cada uno de los niños que no entienden porqué tienen
hambre ni porqué van a morir sin haber aprendido a jugar.
20 de
noviembre, Día Universal de los Niños.
¿De
qué niños?
Almería el sur del norte, 10 noviembre 2004 |