|
En este
espacio iba a escribir un artículo lleno de esperanza, de
vida, de integración.
Iba a contar sobre una
fiesta intercultural; iba a descubrirles la emoción que
sentí esa noche de hace casi una semana al ver mi bandera,
la bandera uruguaya ondeando al viento en tierra
almeriense y porqué estaba allí, tan linda como siempre.
Pero todo ello es hermoso,
incita a la sonrisa y el día de hoy ha sido demasiado
triste y no ha dejado huellas de risa en los rostros de la
gente de bien de ningún rincón de España.
No puedo hablar de bailes ni
de cantos cuando lo que siento es bronca. Una dolorosa
bronca con sabor a impotencia.
Me desperté con la noticia
de los atentados.
La televisión trasmitía ya,
a primeras horas de la mañana, imágenes de la barbarie y
con el corazón aterido he seguido las trasmisiones.
Cambio los canales, quizás
subconscientemente esté esperando que alguien diga que no
sucedió. Que este 11 de marzo aún no despuntó en el alba y
que la pesadilla ya pasó y los trenes están seguros y la
gente seguirá viviendo mañana.
Pero no, son las dieciocho
horas. El sol ya ha cruzado casi todo el cielo de este a
oeste y las noticias se centran en los familiares, los
amigos, los que buscan sin saber o temiendo saber lo que
pueden encontrar.
Los médicos, los enfermeros
ya no son necesarios en las estaciones ferroviarias
afectadas.
Ni en Atocha, ni en El Pozo
del tío Raimundo, ni en Santa Eugenia quedan heridos, han
sido todos trasladados a los hospitales; pero todavía
trabajan sin descanso los bomberos y la policía en la
macabro trabajo de retirar cadáveres y restos humanos.
Dante seguramente no pudo
llegar a imaginar para su Infierno escenas tan
desgarradoras como las que se han desarrollado hoy a lo
largo de todo el día. Los muertos son estudiantes,
trabajadores, gente humilde; españoles y emigrantes;
hombres y mujeres; viejos y jóvenes.
La población de Madrid ha
dado un ejemplo de civismo y de solidaridad. Se volcó a
donar sangre, redujo el tráfico como se le pidió, se
multiplicaron los voluntarios para ayudar y todo esto lo
hizo apretando los dientes pero sin gritar.
Desde el interior de los
restos de los trenes vemos sacar cochecitos de bebes. Nos
enteramos que la pequeña de siete meses que fue encontrada
sola en el piso de un vagón, que fue pisoteada pero que
sobrevivió, encontró un familiar que se hizo cargo de
ella; pero también sabemos que no fue posible salvar la
vida de la mujer con un embarazo casi a término ni la del
niño que ya nunca sabrá que algunas veces, cuando los
monstruos se retiran al averno, el cielo es azul.
A los hospitales han llegado
más de diez mujeres embarazadas y como Dios también hace
milagros esos bebes no corren ya peligro y serán de los
que buscarán el sol sin saber que un día de marzo
estuvieron muy cerca de perderlo.
Entre los más de mil heridos
hay una veintena de infantes pero también están los otros
niños. Los que no fueron directamente afectados y bajaron
del tren con las mochilas a la espalda, corriendo hacia
alguna parte, asustados, con miedo y con todas las
inseguridades que los terroristas quieren cargar sobre las
espaldas de la gente de bien.
18:20 horas del 11 de marzo.
Las cifras hablan de ciento ochenta y seis muertos. Muchos
cadáveres son irreconocibles. Los médicos forenses y los
voluntarios trabajan conscientes de que en la calle hay
padres y hay madres, hay esposos y esposas, hay hijos e
hijas, hay novios y novias, hay amigos y amigas que
esperan que se confirme lo que no quieren que sea
confirmado.
Quienes entraban a los
vagones en tareas de rescate han señalado que sentían
escalofríos ante el sonido de decenas de teléfonos móviles
que ya nadie responderá.
Hoy es un día difícil de
olvidar. España fue sacudida por el atentado más
sangriento perpetrado por la banda terrorista ETA. Sucede
apenas a tres días de las elecciones presidenciales y los
partidos políticos todos han dado por finalizada la
campaña electoral y mañana, a las siete de la tarde, todos
los españoles y los extranjeros sin distinción de
ideologías ni de razas saldrán a la calle en todas las
ciudades del país.
España ha dado un ejemplo de
madurez.
El viernes no habrá sonidos, no habrá ni siquiera gritos
de rabia, seremos muchos los que con un silencioso NO
atronaremos el espacio para que de una vez por todas el
mito caiga y los asesinos sean en todo el mundo conocidos
como asesinos.
En muchos países, lejos de
España, se ha idealizado una lucha que no es tal.
ETA mata, Y mata a traición. Mata sin dar la cara,
escondiéndose cobardemente detrás de una carga de
dinamita, de una bomba trampa o de un revólver.
Mata niños cuando están
jugando tranquilamente en sus hogares. Mata estudiantes
cuando asisten a sus clases. Mata padres cuando salen a
trabajar. Mata españoles por el hecho de ser españoles y
mata vascos por el hecho de querer ser españoles y ahora
también mata emigrantes.
POR LAS VÍCTIMAS, POR LA
DEMOCRACIA, CONTRA ETA este 11 de marzo del 2004, como en
tantos edificios de España, en el balcón de mi casa
también cuelga un crespón negro.
Almería, 11 de marzo 2004 |