 |
|
|
Te abrí la
puerta porque estabas aguardando, pero no te di la bienvenida ni te invité a
quedarte; por eso, cuando terminemos esta conversación, sin siquiera
intentar oficiar de buena anfitriona, sin contemplación alguna, te sacaré de
mi casa y te señalaré el camino de regreso a tus sombras.
No eres
extraña. Soy consciente de que me has seguido durante todos los años de mi
vida.
Antes lo
hacías respetuosamente, dejando un espacio que a ambas nos permitía
ignorarnos pero, con el paso de los años te hiciste más atrevida y fuiste
acortando la distancia.
|
No obstante
lo disimulado de tu presencia, hubo ocasiones en que te creíste autorizada a
apurar el paso; no te permití que me alcanzaras entonces, como no lo hago
ahora. Siempre te he detenido, segura de que aún no es tiempo de
encontrarnos.
Acostumbras jugar con lo inesperado, procurando
que se haga tu cómplice para acelerar lo previsible y, reconozco que algunas
veces, más de las que me gustaría contabilizar a tu favor, la treta te da
resultado y lo cosigues. Entonces te sientes victoriosa, porque tú eres un
caníbal insaciable que se alimenta de imprudencias y se satisface con la
desesperanza.
En lo que a mi respeta te has equivocado. Puedes
ir perdiendo esa desdentada mueca que pretendes hacer pasar por sonrisa y
disponerte a una larga espera. No estoy dispuesta a aceptar tus imposiciones.
Hasta que el tiempo se haya agotado en la última
partícula del último segundo, no quiero que estés oteando como ave de carroña;
te prevengo que ni aún entonces quiero verte llegar envuelta en fúnebres
vestiduras, porque ese día no habrá aflicción y caminaré tranquila, con la
cabeza alta.
A mi no me acompañarás a ningún sitio de
penumbras. Ven entonces, cuando lo hagas, envuelta en la luz y la luz te abrirá
las puertas de mi casa.
Ven como ángel blanco y no como negra aparición y
te recibiré sonriendo. Quizás, hasta te invite a pasar y mientras pinto el
último rubor en mis mejillas y visto mis mejores galas te dé a beber el néctar
que aún reste de mi vida, para que saborees por una vez la felicidad como yo lo
he hecho y desde tu descarnada humanidad envidies el placer de los mortales.
Mientras tanto yo guardaré en una maleta enorme,
mi existencia ya plena y sin tareas pendientes, miraré mi pasado vivido con
plenitud y te diré: ¡vamos, apuremos el paso que quiero llegar!
¿Has comprendido bien lo que te he explicado?
¡Pues ahora vete!
Almería, 9 junio 2003 |