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Alguien disparó la flecha,
se acabó el tiempo,
la paloma plegó sus alas,
escondió la cabeza
y un pétalo rojo
se prendió a su pecho.
Alguien cerró el libro,
se acabó el tiempo,
de las manos del poeta
cayó el lápiz,
ya no quedan grafitos
y las palabras se visten de luto.
Nadie miró al niño,
se acabó el tiempo
y murió la esperanza,
lloró una sonrisa,
en sus ojos está Dios
y a Dios lo condenó el hombre.
Graciela Vera
17-03-03
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