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¿Cuántos emigrantes hay en España?
¿Cuántos emigrantes hay en Andalucía?
¿Cuántos emigrantes hay en Almería?
Las preguntas no tienen respuesta. Las autoridades no pueden llevar
registros de los miles de emigrantes indocumentados que tratan de subsistir,
muchas veces en condiciones inhumanas, en suelo español.
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En Almería se estima que hay tantos irregulares como legalizados. ¿Cómo ve
al emigrante la sociedad nativa?
Es por compasión o por autodefensa de intereses propios que en un foro de 18
mujeres de clase media, amas de casas, empleadas, mujeres de Almería se
dijo, y quizás con razón, que “aquel al que no se le pueda garantizar un
pasar digno, no se puede quedar aquí” |
Martirio Tesoro, integrante del área de la mujer del ‘Equipo Alter Idea’, de
formación, concientización y apoyo, guió el debate en el que se pretendió dar
respuestas al complejo fenómeno de la emigración.
Las preguntas de Martirio tampoco tienen una fácil respuesta:
¿Por qué vienen?
¿Quiénes son los que vienen?
¿Cuáles son las causas de la emigración?
¿Cuáles son sus consecuencias en la tierra a la que llegaron?
En Almería los emigrantes llegan para ocupar puestos en la agricultura de
invernaderos. Puestos de mano de obra y muchas veces con contratos sujetos a las
necesidades de brazos para recoger cosechas en un tiempo especificado
previamente.
Generalmente cuando se piensa en emigración se piensa en el hombre que llega en
patera (ilegalmente) o en el que trabaja en el invernadero.
Nuestra anfitriona nos va guiando por una serie de interrogantes que no hacen
más que formar un gigantesco puzzle que difícilmente podamos completar dejando
satisfechas a todas las partes.
RECIBIMIENTO
Andalucía y Almería en especial son lugares donde el emigrante es bien recibido
porque tanto una como otra son tierra de emigrados. Por esta razón lo que
pudimos observar en esta reunión resulta sumamente ilustrativa. Aquí no hay
xenofobia, no hay discriminación, pero sí hay una pátina de temor.
Prácticamente todas las familias almerienses tienen un integrante, un amigo
cercano, que ha debido emigrar a Alemania, a Francia, a Suiza, a los países
latinoamericanos o, más cerca, a otras comunidades más prósperas como por
ejemplo Cataluña. Ser emigrante no es discriminatorio.
La emigración, como toda la existencia de una sociedad democrática, está
regulada por leyes, sin embargo no siempre la realidad y la legalidad casan.
Éste es uno de esos casos, señala Martirio Tesoro que no hace más que poner
sobre la mesa la discusión respecto a una realidad que se puede comprobar en el
diario vivir en cualquier barrio de la ciudad: ‘una cosa son las leyes
referidas a los emigrantes y otra lo que pasa en nuestro barrios y porque la ley
está cuajadita dentro de la cáscara de las letras, la realidad y la legalidad no
pueden ser una sola cosa’.
Los ejemplos, los comentarios, los análisis se suceden y de los primeros
comentarios de la concurrencia, realizados en una actitud abierta a los
emigrantes ¿compasión? se pasa al recelo ¿autodefensa de intereses? y a la
convicción de que no se puede recibir más extranjeros que los autorizados en los
cupos anuales.
Muchos lectores no tendrán idea de que son ‘los cupos’, en palabras fáciles de
comprender, representan el número de emigrantes que se consideran necesarios
para cubrir las necesidades laborales en determinadas áreas, y deben ser
sectores laborales en los que no haya españoles dispuestos a competir por esos
puestos.
Generalmente (o casi exclusivamente en esta zona) son los sectores del agro y la
construcción.
Con los cupos establecidos los contratos se realizan en origen. Los trabajadores
deberían llegar todos con sus contratos en la mano, generalmente en el agro
almeriense se trata de contratos zafrales y al término el trabajador deberá
regresar a su país.
Últimamente se han dado muchos problemas con estos sistemas. Hasta hace unos
años para campañas importantes como puede ser la recolección de la fresa,
llegaban y se contrataban marroquíes. Desde hace unos años los empresarios
apuntan a la contratación de trabajadores en sus países de origen, especialmente
mujeres ucranianas y rusas.
Los marroquíes llegan como es su costumbre y encuentran los puestos (y los
alojamientos que los empresarios deben poner a disposición de los trabajadores
temporales) ocupados. Podemos pensar que lo lógico sería que regresaran a su
país pero hacerlo les significa perder los sueldos que están esperando sus
familias. Se quedan con la esperanza de conseguir ‘algo’ y terminan
marginándose, creando campamentos miseria, pasando hambre y debiendo ser
asistidos por asociaciones de caridad.
Y ya aquí tenemos tres clases de emigrantes. Los legalizados (con permisos de
trabajo) temporales o efectivos, que por su trabajo aportan a la Seguridad
Social y que tienen derechos como cualquier ciudadano a salud y educación.
Los irregulares, los que no han conseguido trabajo y están irregulares. Se
ocultan de las autoridades y muchas veces no se acercan, aún necesitándolos, a
los servicios de salud, por temor a ser expulsados del país.
Los irregularidades que han conseguido trabajo. Están trabajando con empresarios
que cometen fraude al contratarlos sin darlos de alta a la seguridad social y
están totalmente desvalidos, sin derechos y sin apoyo sindical ni de ningún
orden. También se ocultan para no ser descubiertos y expulsados.
Ser emigrante no es un oprobio en esta tierra. Pero ¿Qué tipo de emigración
acepta la sociedad?. No estamos analizando lo que las autoridades decretan sinó
lo que los españoles, hombres y mujeres, opinan de este fenómeno, nuevo, en
crecimiento y que todos saben que no se detendrá.
‘Estábamos acostumbrados en nuestra sociedad, que eran nuestros familiares,
nuestros vecinos, nuestros compatriotas los que se iban a Barcelona, a Alemania,
a Suiza, a los países latinoamericanos… en algunos lugares nos recibieron mejor
que en otros… en México, especialmente y en Argentina nos abrieron las puertas
sin restricciones…’
y la disertante deshace un mito que a pesar de tal, es cada vez más utilizado
para justificar pensamientos y acciones: el de que los españoles cuando
emigraban lo hacían con un contrato (siempre con un contrato) bajo el brazo.
La enorme cantidad de andaluces y almerienses que emigraron, después de
terminada la guerra, a una Alemania necesitada de mano de obra cualificada, no
cumplían los requisitos exigidos, apenas tenían estudios primarios y lo que los
países en reconstrucción necesitaban eran obreros especializados.
Ellos también desafiaron los filtros impuestos y arriesgaron llevando solamente
sus manos para salir adelante.
Los españoles emigraron porque aquí había miseria. Los emigrantes de hoy vienen
a España porque en sus países hay miseria.
Problemas económicos, políticos o ambos, pero ningún emigrante, nos hace
observar Martirio, deja su país si no es por necesidad y todos lo hacen pensando
que algún día volverán.
Y terminamos razonando que: ‘en el futuro todas las sociedades van a ser
multiculturales porque el fenómeno de la emigración es imparable’;
‘todo el mundo tiene derecho a buscarse un camino donde mejor cree que se le
puede dar’;
‘si estuviéramos en la misma situación ¿acaso no subiríamos a las pateras por
darle una vida mejor a nuestros hijos?’
INTEGRACIÓN
Hay ideas, dice nuestra anfitriona, que se multiplican muy rápidamente.
De allí la importancia de estas reuniones informativo-participativas.
Curiosamente y a pesar de que ésta estaba destinada a mujeres emigrantes, de los
asistentes solamente yo puedo considerarme en ese estatus.
Donde hay emigración hay desajustes porque, bien lo dicen, ‘son miembros de
otras culturas y otro modo de comportarse que vienen a dónde ya estábamos
acomodados’
Y aquí surge la discusión sobre quién debe amoldarse a quién.
En una sociedad ordenada hay reglamentos que todos debemos cumplir para llegar a
una convivencia satisfactoria.
El velo, un problema que escapa ya a España y que está dando muchos dolores de
cabeza a las autoridades escolares de Francia. El padre que en Almería se negó
el año pasado a que su hija hiciera gimnasia en el instituto a que concurría
cuando todas las niñas de catorce años, salvo que tengan problemas de
minusvalía, practican gimnasia. La ablasión, otro problema (costumbre o
tradición) que a pesar de ser delito en este país no ha podido ser totalmente
erradicada de las costumbres de quienes están ahora viviendo aquí y deberían
acatar en su totalidad las leyes del país de acogida.
No se habla de racismo ni de xenofobia porque no es un fenómeno arraigado en
Andalucía pero de este pequeño grupo, representativo de la clase media, surgen
las discrepancias con la integración escolar de los niños emigrantes.
Una maestra para diecinueve chicos, nueve de ellos extranjeros, no parece
suficiente para muchas madres. Según ellas, los diez restantes pueden verse
afectados y atrasarse en sus estudios.
¿Es éste un fenómeno de rechazo similar al que se dio hace unos años cuando en
las escuelas se integraron los alumnos discapacitados? Tesoro opina que sí. Las
demás se llevan esta pregunta para razonarla y respondérsela después.
No se pretende que de la reunión salga una opinión unificada. Lo que se quiere
es que se piense en esa gente que tiene rostro, tiene cara, tiene sentimientos
pero no existe.
Sin papeles no hay registros, sin registros no hay seres humanos, como tales, al
menos para la administración.
La ley dice que no se puede negar la asistencia sanitaria a nadie. Han sufrido
emigrantes porque no han sido atendidos por falta de documentación que los
legalice. ¿Se puede atender a alguien que no existe?
¿Qué pasa con esas personas cuando fallecen?
Y la pregunta queda en el aire, sujetada por comentarios y unos ‘se dice’ que
estremecen.
¿Y cuando se pretende atenderlos? ¿están dispuestos a ser ayudados?
Las Asistentes Sociales que visitan los cortijos semi derruidos, sin luz, donde
viven y se ocultan muchos ilegales, no logran convencer a las mujeres que vayan
a dar a luz a los Centros de Salud. Sería bueno que todos los niños fueran
vacunados, pero hay temor a que un organismo de ayuda sea el puente para que
otro de represión, dé con ellos.
LA TORTA QUE SE ACHICA
Hasta aquí la compasión, el espíritu generoso de los almerienses: recibir y
acoger ha estado latente en casi toda la conversación. Pero la nueva pregunta va
unida a una exacta reflexión que sacude y cambia el concepto de acogida por la
reticencia que induce a un (imposible) cierre de fronteras.
Martirio Tesoro hace observar a las participantes, que el sistema público
español de Seguridad Social es de solidaridad intergeneracional: ‘no cobramos
la jubilación actual porque cotizamos sinó porque actualmente hay alguien que
cotiza para nosotros’; ‘así como nosotros estamos pagando para los pensionistas
actuales a nosotros nos pagarán con lo que aporten los trabajadores de mañana’.
Y aquí comienza el problema.
La quiebra de la Seguridad Social se da cuando se ingresa menos de lo que se
gasta.
Cuando hay muchos ilegales pero no cotizan y hacen uso de los servicios de
salud, sale más de lo que entra.
Las respuestas no se hacen esperar. Deben regularizarse todos los emigrantes
para que puedan acceder a trabajo y cotizar a la seguridad social.
¿Y si hay mil cupos de trabajo (por ejemplo) y llegan dos mil? ¿Si no hay
trabajo para ellos, si ocupan puestos cuando los españoles están sin trabajo?
Y los brazos abiertos se empiezan a cerrar y las respuestas no se hacen esperar:
‘que sólo vengan los que el cupo permite’.
El reparto de la tarta lleva a tomar decisiones de autodefensa. ¿y los que ya
están aquí?, se van?
La nueva ley de extranjería estaría permitiendo que aquellos que tengan tres
años de arraigo cumplan los requisitos para ser regularizados…¿y los otros?.
“Al que no se le pueda garantizar un pasar digno, no se puede quedar aquí”
o quizás lo que se pretendió decir fue: el que no cotice no se puede quedar
aquí.
Pero hay otros extremos que quedaron definidos.
La emigración que es aceptada es la de mano de obra no cualificada.
El Ministerio de Relaciones Exteriores de España, según se nos ha dicho aquí, no
regulariza títulos de profesiones en las que haya paro (desocupados) entre los
españoles.
No importa si el que viene es médico, técnico, contador, incluso electricista.
No podrá ejercer porque hay españoles esperando para cubrir los puestos.
Quizás sea lógico, todo país defiende el bienestar de sus ciudadanos.
Muchas preguntas sin respuestas a las que se agregó una última: ¿tienen derecho
los emigrantes a gozar de los mismos servicios que tienen los que han nacido en
el país y tienen en su pasaporte la nacionalidad española?
Sí, pero… una duda que nos deja pensando si realmente España se estará saturando
de emigrantes.
No hubo conclusiones porque las tres posturas quedaron latentes:
por la que se piensa que el que trabaja debe ser regularizado para que pueda
aportar,;
la que dice que todos los emigrantes deberían ser regularizados;
la que por el contrario opina que solo debe permitirse el ingreso de los cupos
(no tan exactos en cuanto a necesidades a cubrir) previamente establecidos
Comenzamos la nota con una serie de preguntas que no han sido aún respondidas y
la terminamos con otra pregunta ¿Puerta abierta o cupo?.
La respuesta fue unánime: cupo, cerrar la puerta
Y ahora sí, se dieron las respuestas:
Si hay cupo para mil emigrantes y vienen mil uno, ya hay uno que sobra.
Si están aquí deben estar cotizando.
El emigrante tiene que venir a los sectores de producción para los que lo
necesitamos.
Si usted no es del cupo, no puede estar trabajando.
Almería, 23 octubre 2003 |