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Cuando las nuevas generaciones comenzaron a preguntar “¿qué es Maracaná?”
comenzamos a perder protagonismo. Ni dentro ni fuera de fronteras importa ya
mucho porque, hoy por hoy, los que lideran el fútbol mundial son ellos y no hay
mucho entusiasmo por vernos jugar a nosotros.
Estoy convencida de que los únicos que recuerdan ‘la hazaña’ somos unos pocos
nostálgicos y los propios brasileños. Ellos sí que no lo olvidarán nunca.
Maracaná les hizo tanto daño que fueron ellos (los geniales jugadores brasileños
de hoy) los que me lo hicieron recordar el año pasado, aquí, en España.
Fue antes de un partido que se daba por ganado pero… siempre hasta que el juez
pita el final está latente la posibilidad de que lo fácil se haga imposible.
Durante un reportaje y por más de una vez Rivaldo, jugando por entonces en el
Barcelona, se refirió al maracanaso varias veces señalando que esperaba que en
“esa ocasión” no se diera otro ‘maracanaso’. Con esto obligó al periodista a
explicar a los oyentes –en forma muy rápida y no creo que muy entendible- a lo
que se refería el jugador con aquello de “el maracanaso”.
Y pregunto: ¿han escuchado a algún jugador uruguayo referirse en el extranjero a
la posibilidad de que se dé otro maracanaso?
Porque no importa hablar de maracanasos en casa, el protagonismo se mide por lo
que saben de nosotros en el extranjero.
Pero no hay duda de que, por ahora, vamos perdiendo espacios.
Perdemos protagonismo por callarnos. Nos duelen tanto las derrotas actuales que
tememos que se rían si tratamos de recordar a las nuevas generaciones, de aquí,
de allá y de más allá, que el primer campeonato mundial se jugó en un país
chiquito de la América del Sur, homenaje que le hacían los grandes por arrastrar
tras sí dos títulos olímpicos (1924 y 1928) cuando éstos tenían valor de
mundiales.
Deberíamos seguir mostrando, muy orgullosos, el primer título, el que ningún
equipo se había adjudicado antes: Campeón del mundo en 1930 en nuestro estadio
Centenario que, muy pocos saben de los de fuera del país, y muchos lo ignoran
siendo uruguayos, que es el único estadio declarado por la FIFA: ‘Monumento del
Fútbol Mundial’.
¿Será por falsa modestia que nos callamos y seguimos perdiendo protagonismo?
Para nadie es un secreto la rivalidad futbolística con nuestros hermanos del
otro lado del Plata pero ¿cuántos la asocian a aquel marcador 4 a 2 que permitió
a los celestes dar la vuelta olímpica que, para más honra había sido ‘inventada’
por los uruguayos.
Lo cierto es que ganamos el primer campeonato del mundo y volvimos a ganar
cuando después de doce años sin fútbol como consecuencia de la II Guerra Mundial
se jugó el Mundial del 50. En esta ocasión Brasil reunía una escuadra que se
decía invencible y Uruguay llegaba modestamente, en silencio.
Ya nos habían apabullado con su estadio, para entonces gigantesco. Nuestro
Centenario había dado cabida en la final del 30 a 80.000 personas sentadas hasta
en las escalinatas, los brasileños inauguraban Maracaná con 200.000 cómodas
plazas.
Y acá es donde debemos desempolvar la memoria para contarles a nuestros chicos
lo que a nosotros, hace tiempo, nos contaron nuestros padres. Bueno, mi madre,
sobre esa final, me contó lo que interesa a una madre: que me peinaron con dos
trencitas y, con mis poquitos años, en la locura de la celebración me
arrastraron a la vorágine de cantos y saltos… y por poco me pierden en la plaza
de Carmelo.
Pero la historia que importa es la de una multitud segura de ser los nuevos
campeones, más cuando Brasil anotó en el minuto 47 provocando una reacción muy
similar a la locura colectiva que se fue acallando cuando en el 65 Uruguay
empató y se convirtió en silencio sepulcral a los 79 minutos de juego.
Y a esta altura los chicos nos miran y nos vuelven a preguntar: ‘¿Y?… ahora
no le ganamos ni a las bolitas’, y se dan vuelta y se van a escuchar a Ross
o al Negro porque eso sí, los ritmos afro uruguayos son de las pocas cosas que
seguimos defendiendo a ultranza.
Pero tengamos cuidado porque en cualquier momento, a alguien se le ocurre
apoderarse de su magia y también nos quedamos sin el candombe. Debemos estar
vigilantes, sobre todo después que hasta nuestra queridísima Cumparsita fue
obsequiada en la ceremonia inaugural de la última olimpiada. ¿Y qué hicimos?...
pues callarnos y perder protagonismo; dejar que el mundo crea que el tango solo
se baila en Buenos Aires…. y que el himno de los tangos es porteño.
Y protagonismo hemos ido perdiendo a nivel de fronteras y no solo durante la
historia reciente pero ¿qué le vamos a hacer si preferimos callarnos?
Somos tan modestos que silenciamos hasta los avances científicos que se han
conseguido en la Antártida, en la Base Artigas… ¿sabían que tenemos una base en
la Antártida?... el trabajo del doctor Bartolomé Grillo con los pingüinos, sus
descubrimientos sobre el krill y su efecto sobre el colesterol ayudando a los
enfermos de arteriosclerosis y ¿qué podemos decir del Instituto Clemente
Estable?, allí hay un puñado de gente peleándola día a día: nuestros
científicos, que por ser nuestros no le damos la importancia que realmente
merecen.
Parece que se pusieron a estudiar la marcela… sí… la planta que tanto abunda en
nuestros campos y parece que han descubierto lo que puede llegar a ser
revolucionario en el mundo de la medicina: de la descubren en nuestra campera
planta de marcela, una molécula que podría llegar a ser revolucionaria en el
mundo de la medicina, una molécula de la planta que administrada en laboratorio
ha logrado disminuir hasta un sesenta por ciento las lesiones causadas por el
isquema focal, el accidente vasculo cerebral más importante que provoca la
muerte o deja secuelas muy graves en quienes lo sufren.
Pero esta gente no trabaja en importantes laboratorios de países del primer
mundo. No, son vecinos de todos los uruguayos, viven allí, a la vuelta de la
esquina… los cruzamos por la calle y compran sus víveres en el supermercado del
barrio… ¿para qué vamos a promocionarlos en el exterior?, mejor nos callamos y
seguimos perdiendo protagonismo… o dejamos que, cansados por tanto ignorarlos,
se vayan en silencio a contribuir con su cerebro a la historia de otro país.
Y no es malo que lo hagan. Bueno, no es que no lo sea, es malísimo, pero no
tienen otra salida. Pero ¿porqué callar sus triunfos?... ¿porqué callar nuestros
triunfos?
¿Sabían que el famoso monumento al Ejército de los Andes ubicado en el cerro de
la Gloria, en Mendoza, es obra del escultor uruguayo Juan Manuel Ferrari.
¿Cuántas fotos habrá en hogares uruguayos de aquel viajecito hasta Chile (porque
generalmente no se va a Mendoza sin cruzar la cordillera), donde fue obligado
tomarse la foto delante de esa magnífica obra que… ¡mire usted!, también tiene
corazón uruguayo.
Pero también de nuestras plantas deberíamos hablar… la gente de pueblo sabe bien
de sus cualidades pero… shhhhhhhhh… son nuestras, no le demos protagonismo ni a
la marcela que con este descubrimiento pasa a ser más valiosa que una orquidea y
nuestra querida carqueja, un viagra natural dejada de lado por la ciencia y la
prensa.
Y si hablamos de curiosidades botánicas… ceibos… de flores rojas y hermosas. Los
hay en varios países del sur americano pero con flores blancas… esos solamente
en Uruguay. Y pensemos en los ombúes… árbol de la pampa… nosotros no tenemos
pampas, tenemos llanuras onduladas pero tenemos los únicos montes de ombúes del
mundo.
Como tuvimos un Carlos Sosa y un Carlos Gardel… pero preferimos callarnos…
dejarlo para comentarios de entrecasa y… ceder los espacios.
Y podríamos seguir por horas poniendo ejemplos pero… ¡somos tan modestos que
preferimos callarnos!.... y seguimos perdemos protagonismo.
Almería,
enero de 2003
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