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Los teletipos vomitan sin descanso
metros y metros de papel. Por el suelo de las redacciones se enroscan metros y
metros de noticias…
Hay que detener las rotativas… es necesario reimprimir la primera página: ya no
es primicia el rostro de dolor de una madre con su hijo muerto en brazos. Acaba
de llegar la foto de una niña con las piernas destrozadas, desangrándose en
medio de un agujero donde anoche estaba la casa donde se acostó a dormir.
Se debe sacudir la conciencia de la gente de esta parte del mundo. Los titulares
deben exhalar olor a sangre podrida. Es imperioso jugar con el sadismo. Los
empresarios de la información quieren aumentar sus ganancias y la gente quiere
sentirse víctima, tiene necesidad de expiar culpas y decide sufrir y, como las
bombas explosionan del otro lado del mundo, satisface su morbo comprando la
muerte disfrazada de noticias.
Dos cadenas de televisión se disputan el último video sobre la batalla, filmado
ayer por un joven cineasta muerto hace apenas unas horas… Se apuesta con dinero…
el que más pague se llevará el botín. Siempre la noticia como elemento de
cambio.
Un director planifica un especial sobre la guerra, aclara que será sobre ésta en
particular (¿Cuál?... la que hoy es noticia: la invasión de Irak) y promociona
su idea con una calculadora en la mano: ‘+
dolor = + audiencia =
+ réditos’…;
en el informativo todo se supedita al orden de las tandas publicitarias…
‘el perfume más seductor… el automóvil del
futuro… el yogurt sin calorías que permite recuperar la silueta del próximo
verano… la promoción de una película sobre la guerra (otra) donde los buenos y
los malos cumplen su papel sin dar lugar a confusiones…’ y a la tanda
le sigue la imagen de tres soldados caídos sobre su carro de combate, con los
ojos saltados y los uniformes chamuscados que una audiencia desprevenida tarda
en captar como parte de la realidad.
En una emisora de radio una pregunta, no por reiterada menos estúpida: ‘¿Está
usted de acuerdo con esta guerra?... llámenos y dénos su opinión…’
Con ésta, con otras, con ninguna… la muerte se vende, es buena generadora de
dinero.
Hay que alimentar los teletipos. Tenemos una conexión satelital en directo… más
audiencia, más miserias. En alguna parte están matando seres humanos… noticias
frescas colgadas en la carnicería del mundo.
Es la hora del almuerzo. Los platos repletos, elegimos el mejor trozo y servimos
el vino… todo está pronto para iniciar el festín… la pantalla chica nos muestra
cuerpos destrozados… los ojos ávidos siguen las escenas… esperan ver más… otro
trozo de carne jugosa pasa al plato… el desierto que nos muestran es árido,
seco, los niños tienen hambre… nos servimos todos los verdes de una ensalada
condimentada ¡como Dios manda!... y aún falta el postre… ese misil estalló en el
centro de la ciudad… esta noche… a la hora de la cena… en el próximo informativo
veremos los cadáveres desmembrados que seguramente son muchos… apostamos a los
números… si son más es porque teníamos razón… la guerra es cruel… y nos
convencemos de que somos los únicos que lo afirmamos… ¡cuánta insensibilidad!...
nosotros no… somos diferentes… ¿a quién?
En esta parte del mundo es hora de dormir… el bombardeo está demasiado lejos, no
se oye el estruendo de las bombas… mañana será otro día.
‘¡Extra, extra… el diario de hoy con las últimas noticias!... ¡Extra… extra…
anoche cayó Bagdad... compre las fotos más reales de la batalla… extra… extra…!
Un corresponsal trasmite en directo… detrás suyo se ven cuerpos caídos… un
hombre mira sin ver la cámara que lo enfoca. Mucho antes de olvidar la muerte,
Irak dejará de ser noticia… los teletipos siguen regurgitando el alimento diario
de la prensa… ¡Extra, extra…. el mundo se pregunta porqué, pero esto ya no será
titular… ya no es noticia!
Almería, 27
de marzo de 2003
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