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Cuando
despertó aquella mañana hizo un balance de su vida. Una vida en la que formó
un hogar... trajo hijos al mundo... lloró a quién fue la compañera de los
buenos y los malos momentos...; fue entonces que lo pensó detenidamente y
decidió que no permitiría que aquel intruso se apoderara de todo lo que le
pertenecía.
No lo había
invitado... había llegado sin previo aviso y se había instalado “como para
quedarse”, pero el no estaba dispuesto a soportarlo. |
Se levantó temprano, se duchó y bajó a tomar el desayuno. Cereales con leche.
Desde que había comenzado a sentir que la vejez le acechaba se había empecinado
en desayunar cereales.
Quizás haya tenido que ver con esta, si se quiere manía, la
publicidad que por la televisión promocionaba las bondades de este tipo de
alimentos, recomendados especialmente para adolescentes y ancianos. El no
entraba en el primer grupo pero tampoco se sentía parte del segundo, era, y lo
decía a quién quisiera oírlo, tan solo una persona saludable desayunando
alimentos saludables.
Por un momento había olvidado al intruso. Pensó que había
quedado en la planta superior cuando había bajado pero no era así. La conciencia
de su presencia le hizo hacer una mueca de disgusto. Su hija, solícita le
preguntó si le sucedía algo.
-Nada, sólo que quisiera que no estuviera acá.- respondió
deseando que se diera por enterado de su desprecio y se marchara. Sabía que no
iba a ser tan fácil... ni siquiera iba a ser medianamente fácil, el intruso no
estaba dispuesto a abandonar su territorio. Su presencia se estaba convirtiendo
en una obsesión. Había llegado a tratar de no dormirse por temor a que el
siguiera invadiendo lo que no le pertenecía. Los demás trataban de hacerle ver
que no les molestaba su presencia. Actuaban como si todo fuera como antes, como
si aquel no estuviera allí.... pero lo estaba.
Al principio le había parecido increíble el desparpajo de quién
se pudiera instalar en un sitio sin ser invitado. Quizás, si hubiera estado más
avispado, pero cuando se dio cuenta ya era imposible desalojarlo... no
importaba... estaba seguro que a la larga sería él quién vencería... siempre que
el intruso le diera el tiempo suficiente para derrotarlo, pero de algo estaba
seguro... no le concedería el gusto de que lo viera suplicar... el se ocuparía
de expulsarlo de su casa y si no se iba.... si no se iba sería él quien tuviera
que deja todo... pero no, no podía abandonar cuando aún había tanto por
hacer..., sería el otro quién debería irse.
Terminó de desayunar, se puso un abrigo y salió... tomó un taxi
y dio la dirección del hospital. -¿sabe?- dijo al chofer, -esta es mi quinta
sesión de quimioterapia... me han advertido que se me caerá el cabello pero yo
estoy seguro que cuando el intruso se vaya lo recuperaré... llegamos, déjeme
aquí, en la esquina, ... no vaya a verme algún conocido y piense quién sabe que
cosa porque voy a donde atienden a la gente que tiene cáncer; ... yo, ¿sabe
usted?, yo solo tengo una pelea con alguien que no debería estar acá”.
Almería, marzo
de 2003
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