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Ciento sesenta
jóvenes uruguayos se incorporaron recientemente al Ejército de España. Son hijos
y nietos de emigrantes españoles y forman parte del primer contingente de latino
americanos que ocuparán las plazas que los españoles nativos han rechazado en
los sucesivos llamados de reclutamiento que han tenido lugar después de la
supresión del servicio militar obligatorio.
Forman parte del grupo de ‘soldados’ reclutados entre hijos y
nietos de españoles en Uruguay y Argentina y seguramente no son más que un
adelanto de los efectivos provenientes de países de América, que integrarán a
futuro el Ejército Profesional del reino de España.
En declaraciones realizadas al diario argentino La Nación en
abril del 2001, el subdirector general de reclutamiento del Ministerio de
Defensa de España, general José Luis Asensio señalaba que el interés del
Ejército de este país era el de incorporar en un futuro 15.000 argentinos y
4.000 uruguayos que poseyeran la doble ciudadanía, de entre 18 y 27 años de
edad a sus filas.
El objetivo de esta campaña que está dando ahora, en el 2003,
sus frutos, es bien claro: cubrir las vacantes que se han ido incrementando
desde que el Servicio Militar dejó de ser obligatorio y el Ejército pasó a
competir en la oferta laboral.
En aquella oportunidad Asensio,
que reconoció que a España le estaban faltando soldados profesionales, dejó
claro que no se estaba “pensando en solucionar la necesidad de reclutamiento en
Argentina o en Uruguay, sino que es (era) una alternativa más”, e hizo notar que
para las Fuerzas Armadas españolas. contar con 20.000 potenciales soldados en
estos dos países sudamericanos era un asunto estratégico.
Pero no es fácil acceder a este grupo. Doscientos noventa y seis
aspirantes a este primer llamado no lograron superar las pruebas de aptitud
física y psicológica de la selección inicial realizadas en los países de origen;
el resto, entre los que se encuentran los 160 compatriotas llegaron a la madre
patria por la puerta grande y con interesantes perspectivas económicas que
satisfacen las ambiciones de una juventud que no encuentra, en los países del
Plata, su oportunidad laboral.
Estos jóvenes, ya al inicio de su reclutamiento ganarán casi
tres veces más que el sueldo mensual que cobra un soldado en Uruguay. Al arribar
a España reciben una instrucción de 60 días y, transcurrido este tiempo, firman
un contrato que los vincula al Ejército por un periodo que puede ir de 18 meses
a tres años, a partir de ese momento quintuplican el salario de un militar
uruguayo de igual escalafón.
En número reales, su sueldo, que es de U$S 350 durante los dos
meses de instrucción básica se eleva a U$S 550 que podrán ser incrementados en
función a las tareas que desempeñen. Estos ingresos se complementan con
alimentación, alojamiento, ropa, seguridad social y les otorgan derecho a 30
días de vacaciones al año.
El salario de un soldado en Uruguay es de U$S 125 al mes.
Quizás, como descargo podamos decir que en Uruguay se vive en un clima de menos
presiones internacionales, no obstante los números son un clarísimo ejemplo de
la división de dos mundos con economías totalmente desiguales.
Si bien en un primer momento el reclutamiento fuera de fronteras
se realizó entre jóvenes uruguayos y argentinos de ambos sexos, otros países
latinoamericanos, aunque en menor número, han captado también la atención de las
fuerzas castrenses españolas.
No obstante que esta puerta se abre solo para descendientes de
familias españolas radicadas en nuestros países, es una oferta que no ha caído
en saco roto y que da una magnífica oportunidad a estos jóvenes. Desde los
últimos meses los tres ejércitos españoles se reparten en parten iguales a los
¿podemos llamarles inmigrantes de lujo?, y es así que, de este primer
contingente 114 jóvenes aspirantes se destinan a Tierra, 100 para Aire y 90
pasan a la Armada.
Especialmente a estos últimos, ya que las visitas de buena
voluntad de las fragatas y naves son parte de la cortesía entre naciones,
quizás algún día cercano los veamos recorrer las calles de Montevideo y Buenos
Aires vestidos con el uniforme que representa la soberanía española.
Almería,
marzo 17 de 2003
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