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Barrio
Sur, vino y lonjas,
calles
angostas con rejas en las ventanas.
Hilera de
casas bajas
que se
niegan a morir.
Durazno,
Convención,
Isla de
Flores y Gardel,
color de
ropas tendidas
con olor
a negritud.
Cuando
derrumbaron el Medio Mundo
supiste
que habías perdido,
-no hay
malvones en tarros de lata-
la
irreflexiva batalla.
Sobre el
río del color de tu gente
los
ladrillos avanzan hacia el cielo
y lloran
los mulatos
ahogados
entre rojas paredes.
Un farol
resiste al mercurio,
ofrendando la sombra de su luz
al
cimbreante paso de Rosa Luna,
la
Gularte llora noches de esplendores.
Conventillos que ya no están,
Barrio
Sur, recuerdo que se esfuma,
el Centro
ganó terreno
y el
asfalto va cubriendo el empedrado.
Solo tu
nombre permanece
convertido en leyenda
mientras
tu alma vuela
envuelta
en el repique de un tambor.
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Almería,
10 de abril de 2002
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