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Los
abuelos cenaron más temprano que de costumbre. Es
viernes y la movida se sacude, en el parque junto al puerto.
Dicen que hay que tener dieciocho para combinar whisky con cola, y a los
dieciséis se conoce ya, el éxtasis y la ginebra. |
Dicen que
no tienen donde ir, ni encuentran otra diversión, son jóvenes con poca
imaginación, pero los abuelos son de otra época.
Época de
veladas de rock, Spuniks y Laika perdida en el espacio.
De long-plays
de Elvis y de los Beatles, mucho hula, twist y marchas, y la maldición de Viet
Nam escribiendo la historia.
Quizás
porque los dos vivieron “su” país de “se prohíbe” y “no se puede”, los abuelos
hoy reniegan de tantas reglas preestablecidas, por eso son tan jóvenes como los
que los miran pasar.
Es viernes
de movida y el parque, que invita al paseo, crea caminos para sus sueños.
Se sienten
como hippies frustrados o jinetes cabalgando en corceles de viento y, en “Port
of Spain” vuelven, cada noche de tragos, a enamorarse.
Clásicos,
tango o jazz, una flor en la mano y la risa guiñando los ojos.
Son los
abuelos que, como es viernes de movida, se acuestan más tarde que de costumbre.
Almería,
setiembre de 2002
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