Tanto las sequías como las inundaciones suelen ser la causa fundamental para que los productores rurales saquen sus animales a las rutas nacionales. Esta situación ha generado muchos accidentes, costando muchas vidas a quienes utilizan las carreteras y en forma sorpresiva deben embestir vacas, caballos, ovejas y otros animales de menor tamaño que se cruzan en su camino. Las estadísticas demuestran un número elevado de muertes provocadas por accidentes donde los principales protagonistas fueron los animales.
Analizando detenidamente el tema el periodista Luis Tappa señala recientemente en su columna de Informe Uruguay que “Los animales sueltos en las rutas, es algo demasiado común y peligroso para ser ignorado, pero sin embargo no se le da toda la trascendencia que el asunto merece. Hace poco tiempo murieron el chofer y el guarda de una conocida empresa de transporte interdepartamental de pasajeros al atropellar un vacuno que se encontraba en la ruta. Estas cosas no pueden suceder, aquí hay una elevada cuota, por no decir absoluta, de responsabilidad por parte de los dueños de estos animales sueltos. ¿Qué sucede en estos casos? Es muy sencillo:”El animal se escapó” y con este gastado argumento pretender evadir toda responsabilidad. Debemos coincidir que, distracción mediante, un animal se pueda escapar, o soltarse, pero no es común y no puede suceder permanentemente, porque entonces deberemos pensar que los propietarios de estos animales viven permanentemente distraídos, ya que es imposible contabilizar la cantidad de vacunos y caballos sueltos en las carreteras. Una vaca o un caballo no saltan alambrados, ni vuelan ni abren porteras, ni desatan nudos de cuerdas con las que a veces los atan, sencillamente es desidia e irresponsabilidad de los dueños de los animales que, luego de producido un accidente pretenden arreglar el asunto con el tan consabido cuento de que “se escapó”.
A la irresponsabilidad de los dueños de estos animales debemos agregar la irresponsabilidad de los conductores que transitan a elevadas velocidades, y no me refiero al conductor del ómnibus que tuvo la mala suerte de toparse con 500 kilos de carne y huesos en la carretera, generalmente los conductores de coches de pasajeros son gente muy profesional y responsable, de otra manera sería imposible conducir esos hermosos y cómodos monstruos que hoy circulan por nuestras rutas. La gran mayoría de estos conductores, podrán observar, son gente mayor, con muchos años de oficio, que es lo que les da la serenidad y responsabilidad para transportarnos y viajar con tranquilidad. En el día de ayer, en oportunidad de viajar a Chuy, al llegar a la ruta 9 me encontré con tres vaquitas que caminaban tranquilamente por el medio de la carretera y poco más adelante me cruce con BMW que, a ojos de buen cubero, no bajaba de 150 kilómetros por hora.
Tampoco a las autoridades se les puede achacar la culpa de estas cosas, los reglamentos existen, no está permitido dejar animales sueltos en rutas y caminos, pero los reglamentos están justamente para eso, para no cumplirlos o cumplirlos a medias. Tenemos buenas rutas, bien pavimentadas, por lo menos las principales, pero que no son aptas para desarrollar altas velocidades. ¿ Y porque no lo son? Sencillamente porque vivimos en un país pequeño y estas rutas atraviesan infinidad de localidades cercanas unas a otras; también existen muchísimos cruces de rutas y entradas de estancias. Mucha gente vive a la vera de las carreteras, más cientos de animales sobre la ruta o en las banquinas, nos encontramos entonces con un panorama que hace temerario y peligroso circular a alta velocidad. Sin embargo no se aprende. Vivimos la época del apuro y de tremendos avances tecnológicos, velocidad en las comunicaciones, velocidad en el trabajo, velocidad para trasladarnos y aunque parezca de Perogrullo tantos accidentes nos llevan a una peor calidad de vida, donde la ansiedad predomina sobre el sentimiento porque todo lo queremos YA. Salimos de vacaciones y queremos llegar ya, sin darnos cuenta que el viaje es parte de las vacaciones y deberíamos disfrutarlo.
Chuy, junio de 2008.
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