Chuy, ayer y hoy...

 
Julio Dornel Sorozábal  (Periodista Independiente)  Biografía

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Los Piratas

Vieja amenaza en las costas de Rocha

Los habitantes del norte rochense que han transitado por las últimas décadas del siglo pasado, están acostumbrados a ser meros espectadores de la “piratería” que realizan las embarcaciones brasileñas en aguas del atlántico uruguayo. Pese a la buena voluntad que deben tener las  autoridades uruguayas para combatir este saqueo, es evidente que existe un abismo entre los medios represivos de nuestro país y la tecnología utilizada por los brasileños.

De esta manera la pesca pirata que se registra en la costa rochense es motivo de preocupación de las autoridades y fuerzas visa del balneario La Barra que contemplan impotentes la presencia de estas embarcaciones que violan permanentemente las leyes vigentes. Esta situación nos hace pensar que nada ha cambiado, en materia de “piratería”, observándose solamente los adelantos técnicos y métodos sofisticados para llevarse nuestras riquezas. Es posible que el “primer adelantado” fuera el francés Esteban Moreau que visitaba las costas rochenses atraído por la riqueza ganadera de la Banda Oriental, aprovechando la falta de vigilancia que ejercían los españoles. Por lo general desembarcaba en las costas rochenses donde se dedicaban al “corambre” vacuno para llevarlo luego a los mercados europeos. Por supuesto que semejante abuso le costó la vida a manos de los soldados de don  Bruno Mauricio. Basta retroceder un siglo y poco para encontrarnos con don Emilio Salgari escribiendo sus novelas ambientadas en distintos lugares de Malasia, los mares caribeños o las selvas de la India, creando personajes y alimentando la imaginación juvenil de sus lectores.

Por ese motivo aquella generación  del 40 fue creciendo con La Isla del Tesoro, Sandokan, El Rey del Mar, Los Piratas de la Malasia o el Corsario Negro, pensando ingenuamente que se trataba de una fantasía. La gesta de los filibusteros se había convertido  en la lectura preferida de la juventud del siglo pasado, apasionando aquellas generaciones con los nombres de Salgari y el escocés Louis Stivenson y sus  aventuras piratas. Sin embargo todavía no se revivían los legendarios reductos del intrépido Morgan con su secuela de sangre y terror. Aquellas historias de la piratería  en alta mar o diminutos puertos con sus laberintos acuáticos representaban un aliciente para la imaginación juvenil que buscaba en estas historias los fantasmas del pasado. Se trataba de un mundo fascinante  donde los españoles explotaban las riquezas naturales del nuevo mundo y sus indígenas, mientras la piratería atacaba los galeones mediante la existencia de sociedades clandestinas que bancaban el abordaje. Es curioso que en la Compañía de las Indias Occidentales se encontraba como accionista el cardenal Richelieu. En el año 1696 cuando Luis XIV aprobó la expedición que arrasaría Cartagena, surgieron fondos misteriosos de sus cortesanos para cubrir la empresa. Los piratas eran generosos con sus asociados, repartiendo en forma equitativa y siempre respetada las ganancias de sus expediciones. Entre aquellos caballeros de los mares, se destacaban intrépidos navegantes y filibusteros sanguinarios que contaban con el apoyo de las autoridades. Pese a los estudios realizados todavía no se pudo establecer la cuantía de las remesas de oro que Henry Morgan envió a los banqueros de las cortes inglesas. Pese a los reclamos de la diplomacia española nunca se pudo poner coto a las campañas de Morgan. Finalmente fue detenido  en su domicilio hasta que fue nombrado vice gobernador de Jamaica y finalmente su máxima autoridad, persiguiendo con saña a quienes había sido sus compañeros. Cuando se produjo su muerte recibió honras de virrey y cuando un maremoto sumergió  la pequeña población, la tumba del ilustre filibustero se fue al fondo del mar. Un motivo más para que los turistas visiten la isla y realicen las tradicionales excursiones de caza submarina en procura de encontrar el tesoro de Morgan.  También la pesca indiscriminada que se realiza en la costa rochense representan un tesoro de incalculable valor para la economía del país.


Chuy, noviembre de 2007.

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