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Allá por el 70 y trabajando en la corresponsalía del
diario
LA MAÑANA en esta ciudad, se nos había
encomendado apoyar la cobertura periodística que
realizaría un equipo integrado por profesionales de
Montevideo, sobre el encuentro de los presidentes Jorge
Pacheco Areco y Emilio Garrastazú Médici.
El país vivía horas inciertas y el panorama no se
presentaba muy favorable para que la tan mentada
libertad de prensa pudiera profundizar sobre los grandes
temas que estarían en la agenda de ambos presidentes.
Resultaba muy difícil conseguir información entre
metralletas y pistolas que sin llegar a usarse,
superaban con su presencia nuestra capacidad ofensiva
que no pasaba de una cámara fotográfica y un grabador.
Comenzaban los estados de sitio, la suspensión de las
garantías individuales y la militarización del país,
poniendo punto final a la tradición liberal del
Uruguay. Los presidentes que se habían encontrado a “la
hora señalada” en la línea divisoria de ambos países
(avenida internacional) donde tras el efusivo abrazo
cortaron la cinta que dejaba inaugurada la ruta 9 de
nuestro país y
la BR
471 de Brasil. Fue sobre la avenida Internacional a
pocos metros de la Escuela Nº 28, muchos
militares, pocos curiosos y el flamante “Mercedes Benz
600 de Pacheco que también cumplía su viaje inaugural y
que descansaba en el garaje de la presidencia desde
agosto de 1969.
Suponemos que la guerra subversiva y los medios para
desbaratarla
fueron
los temas principales del encuentro. Luego se
dirigieron de inmediato a la histórica Fortaleza de
Santa Teresa donde analizaron durante cinco horas los
problemas que estaban viviendo sus respectivos países y
donde era muy fácil presumir que pasaban por los
secuestros, sabotajes y atentados. Por supuesto que la
distancia entre los mandatarios y los periodistas
desalentó nuestras pretensiones y tuvimos que deambular
a varios kilómetros de Pacheco y Garrastazú.
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Breves declaraciones en la despedida: “Regreso a
Montevideo con una esperanza alentadora
luego de este encuentro trascendente con
el presidente
del Brasil. Vinimos al Chuy a ratificar y
revitalizar los términos de la Declaración Conjunta
de Brasilia
y que hoy más que nunca están a la orden
del día. Sin embargo algunos voceros señalaron
que los presidentes se apartaron de la agenda
para analizar
mano a mano los problemas que venían
creando los grupos sediciosos de ambos países. |
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Pacheco y Garrastazú, sobre la línea
divisoria |
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Por
aquellos años los
guerrilleros y tupamaros apresados se negaban a
revelar secretos de la organización clandestina. Por
otro lado un comunicado atribuido a los tupamaros
denunciaba meses más tarde que el Gobierno mantenía en
la Jefatura
de Policía de Montevideo a militantes sociales que
estaban siendo bárbaramente torturados. En una insólita
conferencia de prensa
la policía informaba
a la población que las tupamaras Lucía Topolansky
y María Teresa
Labroca
nunca fueron torturadas como lo señalaba el
comunicado del Movimiento. El país vivía horas
cruciales.
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Otro comunicado señalaba que el “estado de salud
de los prisioneros extranjeros
Jackson, Aloysio Díaz Gomide y Claude Fly
era bueno y que representaban una garantía para
la integridad física de los prisioneros que se
encontraban en las cárceles del gobierno.
Un nuevo documento de los tupamaros señalaba que
en ningún momento había amenazado
con “un verano caliente” para Punta del
Este, atentando contra los turistas.
El semanario argentino Panorama señalaba en
febrero de 1971 que “en la medida en que el
oficialismo no consigue combatir a los tupamaros
y la crisis se agrava, el país vive bajo
una ola de terror y de frustración. Para
Zelmar Michelini los
tupamaros han atemorizado
a la gente del gobierno.
La custodia presidencial
es la más numerosa de todos los tiempos.
También los altos funcionarios
del régimen se cubren con fuertes
escoltas. |
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Pacheco en Santa
Teresa |
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Se acabaron los tiempos en que Nardone o Herrera
se lustraban los zapatos
en la plaza Independencia, o que Luis Batlle
llegaba al palacio de gobierno manejando su propio
automóvil. De esta manera comienza a romperse
simultáneamente el bipartidismo que durante un
siglo había dominado la política uruguaya, amenazando
seriamente esa hegemonía tradicional. Zelmar Michelini y
Rodríguez Camuso encabezaban las primeras escisiones de
los partidos tradicionales para unirse con los
democristianos, comunistas y los independientes de la
izquierda bajo la candidatura del general Liber Seregni,
prestigioso militar de ideas progresistas.
Chuy, marzo de 2007.
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