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En el marco de una serie de notas destinadas a la
difusión del canto popular de esta frontera
presentamos hoy una de las figuras más representativas y
cuya trayectoria artística la ha ubicado entre las
mejores exponentes del canto uruguayo. María Celia
Boffano quien ha incursionado con acierto y
variada temática en distintos escenarios de
nuestro país.
Trasunta en sus temas los días de las pequeñas cosas
en el pago chico, motivando los sentimientos y la
necesidad de compartir lo sencillo y lo romántico, que
fuera la esencia de los viejos trovadores.
Nació en San Javier, un pintoresco pueblito de nuestro
interior el 26 de Julio de 1960,
rodeada de una pródiga naturaleza y recibiendo entre sus
primeros juguetes la guitarra de un abuelo que no
conoció, pero del que heredó un amor entrañable hacia la
música. Queremos destacar que entre los 200 mil
inmigrantes que arribaron a nuestro país entre 1920 y
1930 se encontraban los antepasados de María Celia
que también procuraban un espacio en “la tierra
prometida”. No se imaginaron los colonos rusos que
fundaron San Javier, que la vieja guitarra con clavijas
de madera que sirvió durante muchos años para
mantener las costumbres y tradiciones familiares
llegaría finalmente a las manos de una niña que todavía
coleccionaba muñecas en la casa de los Boffano.
Un vecino que vivía del otro lado de la calle, don
Neponucemo Terra gran folklorista litoraleño,
sería su primer profesor y también el gran
responsable de una carrera artística que lleva más de 30
años. Cuando recién había cumplido los 11 años y como
suele suceder en estos casos, surge la invitación para
integrar un grupo musical que finalmente se
adjudica el primer premio en 1er. Festival de Río Negro.
En un “curriculum” muy apretado podemos decir que en el
año 1975 gana el primer premio como solista en el
Festival de Río negro y en 1976 se adjudica el
tercer premio en el festival de Durazno. En
1980 y durante tres años integra el grupo
artístico del Ministerio de Educación y Cultura
llegando a Montevideo en 1984 para actuar en diferentes
peñas folklóricas y compartir escenarios con
Alfredo Zitarrosa y Pablo Estramín entre otros.
En 1985 se radica en esta frontera para iniciar una
nueva etapa de su vida, hasta que se le presenta la
oportunidad de participar en un festival que
contaba con la presencia de Numa Moraes y Los
Zucará. En 1987 graba su primer casette en la casa
Uruguay- Suecia en Montevideo contando con el
invalorable apoyo del conocido cantautor Aníbal Sampayo.
En 1989 participa en un Festival Homenaje a Nicaragua en
la ciudad de Río de Janeiro y en el Primer
Festival Latinoamericano Musical en la ciudad de Pelotas
donde se dieron cita además Larbanois- Carrero y Chico
Buarque de Brasil. También en ese año es premiada como
revelación en el festival del Olimar y reconocida
como la mejor voz en el festival de Dolores. 1990 la
encuentra en los Fuertes de San Miguel y Santa Rosa,
cumpliendo un contrato exclusivo durante la temporada
veraniega. En 1994 representa a nuestro país en el
Congreso de Cotal realizado en España y
posteriormente viaja a Honduras donde se presenta
en diferentes escenarios. En reportaje realizado hace
algunos años María Celia nos decía que “el canto es una
de las cosas más importantes de mi vida y gracias
a él puedo considerarme una trabajadora de la cultura.
He tratado siempre de mantener la misma relación con la
gente; ya sea en la calle como en el escenario. Si algún
día pudiera dedicarme a la música y al canto no dudaría
en hacerlo porque lo siento en el alma. Lamentablemente
no puede ser. De todas maneras y aunque debemos movernos
en un espacio muy reducido los artistas deben mantener
sus valores y continuar por el camino elegido”.
Chuy, agosto de 2007.
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