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Durante los festejos relacionados con un nuevo
aniversario de la Jura de la Constitución realizados
recientemente en Villa 18 de Julio, él maestro Alexander
Cardoso destacó durante la oratoria una “visión
diferente a la que habitualmente se plantea en
estas conmemoraciones”. Por ese motivo y queriendo
ampliar el enfoque ofrecido en aquella oportunidad,
volvemos sobre el tema contando para ello con la buena
disposición del joven docente.
“La tarea encomendada no pretende ser ni una aseveración
ni un cúmulo de datos, nombres y fechas, ya que esta
información puede ser encontrada detalladamente en
los libros de historia de cualquier biblioteca y por
otra parte no es esa la intención de este trabajo.
Partiendo de la base de que los historiadores más
reconocidos de nuestro país han depositado
en libros el resultado de investigaciones que nos
brindan un marco teórico fuerte para comprender y
desarrollar una serie de causas, motivos e intereses
que desembocaron en la elaboración de nuestra
constitución, pretendemos plantear una visión un tanto
diferente a la que habitualmente se plantea en
conmemoraciones como esta. Me apoyo entonces en
estas investigaciones y propongo la reflexión
colectiva de un acontecimiento histórico que ha sido
pilar en el desarrollo de este país como estado
independiente. Invito a esta discusión al colectivo
puesto que la historia no es y no debe ser, patrimonio
de eruditos y considero imprescindible que el
pueblo se apodere de ella, ya que la nuestra es una
historia construida desde la gloria y que debemos
ciertamente revisar, si queremos comprender nuestro
presente y trabajar por el futuro. Es una realidad
insoslayable -dijo Cardoso- que el ser humano avanza a
partir del cuestionamiento de las certezas y
como maestro joven no debo ni puedo escapar a esta
realidad histórica. Con esa convicción como bandera
trato cada día desde el aula de sembrar en los niños de
hoy, hombres y mujeres dentro de muy poquito (y por
ciertos sujetos de derechos) la duda razonable. ¿Qué
significa la duda razonable? ¿Cómo se construye la
duda razonable? En nuestra opinión, realizamos una
lectura consciente, reflexiva y crítica de nuestra
historia, y para ello es imprescindible el diálogo
frontal y colectivo sin más diferencias que las
proporcionadas por nuestros talentos y virtudes
como lo dice claramente nuestra constitución y me
permito agregar y resaltar, más allá de los rangos y el
poder. Por ello y porque no puedo apartarme
de mi condición de docente, no pretendo por este medio
ni aplaudir ni atacar la génesis de una constitución que
dejó sin dudas mucho que desear, no pretendo sostener
verdades absolutas sino tratar de plantear una discusión
sana, tolerante y enriquecedora, acerca de la
responsabilidad y el compromiso que tenemos todos los
ciudadanos frente a ella, a pesar de los errores que
desde su nacimiento la hicieron desmantelarse y
desmantelar a una nación por entonces endeble.
Sería redundante definir Nación y lo que se requiera
para conformarla, pero también creo que los sentimientos
son muy difíciles de definir y en el mundo
existen múltiples ejemplos de que la nación es un
sentimiento y que puede mover a los pueblos a las
mayores proezas. El pueblo oriental fue el primer pueblo
de América en mantener ese sentimiento vivo más allá del
territorio y del despojo ocasionado por el destierro ya
que estuvo consagrado como Nación, ideológica, social y
humanamente allá por el año 1811, en esa manifestación
de identidad imborrable como lo fue la emigración,
redota o éxodo del pueblo oriental.
Quiero creer y creo que entre nosotros vive por lo menos
un poquito de esa línea que nuestros antepasados nos
legaron pero que cuando se juró esta Constitución brilló
notoriamente por su ausencia. Estaba el territorio,
estaba el ejercito pero faltaba el pueblo que tenía en
su recuerdo una imagen imposible de opacar, la
imagen del único hombre capaz de liderar con justicia
un pueblo tan diverso como grandioso, alguien a quien no
hacía falta nombrar para reconocer, el gran Jefe José
Artigas. Es que esta Constitución, nacía tan necesaria
como utópica. Sustentada en la defensa de la propiedad
privada a cualquier costo, se olvidó que los dueños de
la propiedad no eran precisamente los que más
habían luchado por nuestra soberanía. Y “olvidos” como
estos, fueron los que la tornaron tan débil como una
copa de cristal en una pulpería, que ante la menor
revuelta todos saben de ante mano que será la primera en
destrozarse. Será tal vez que la mano del gaucho estaba
demasiado zanjada y áspera de tomar el puñal primero y
la herramienta después, como para ceñirse a las
imposiciones del godo, o será que el amor por la
libertad no le permitía aceptar el despotismo de Estado.
Personalmente considero, que desde entonces ya, no se
convencía con cuatro mentiras, al que de la patria sabia
más que de las leyes. Esa Constitución, a pesar de las
reformas varias realizadas, ni pudo entonces ni pudo
nunca contemplar a los Orientales de a pie y nosotros
“tan ilustrados como valientes” no hemos sabido o no
hemos querido enmendar tal error, y si algunos tiene
alguna duda, basta con leer en la Sección II,
DERECHOS DEBERES Y GARANTIAS capitulo I artículo 7 donde
dice textual: “Los habitantes de la República tienen
derecho a ser protegidos en el goce de su vida, honor,
libertad, seguridad, trabajo y propiedad. Nadie puede
ser privado de estos derechos sino conforme a las leyes
que se establecieren por razones de interés general”.
Hay que tener mucho cuidado- dijo el maestro Cardoso-
con lo que se entiende por interés general. Porque si
algo está claro es que en general este país ha estado en
deuda, una deuda que más temprano que tarde debe ser
paga, y es deber de todos nosotros velar porque esto
suceda. Porque aunque las utopías sirvan para
caminar, nuestro pueblo hace mucho tiempo que viene
caminando y los que más han avanzado no son precisamente
los que más llagas tienen en sus pies.
Habría mucho para discutir acerca del origen y evolución
de nuestra constitución, pero mucho más acerca de lo que
le debemos nosotros a esa misma Constitución, o en otras
palabras; lo que le debemos a la gran mayoría de los
orientales que han sido víctimas del manejo del Estado
como una propiedad por parte de cúpulas que han ido
acumulando y abusando del poder. Propongo entonces,
reflexionar fundamentalmente acerca del compromiso que
todos los ciudadanos debemos tener con este documento,
porque a pesar de las críticas, justificadas o no,
este documento es una garantía que nos permite
coincidir y discrepar. ¡Basta ya de pecar de olvido! En
las épocas más oscuras de nuestro país, fue justamente
cuando nuestra Constitución fue más desconocida por el
autoritarismo, fue víctima del manoseo y el despojo
respondiendo a intereses que nada tenía que ver ni con
la ciudadanía, ni con la soberanía, ni mucho menos con
la patria. Y fue precisamente la época en la que
los orientales todos, fueron más vulnerables que nunca
al Despotismo en su peor forma, como lo fue el ejercido
desde el Estado, el que no respetó a los
representantes del pueblo y por consecuencia
atentó contra la democracia y la libertad. Por eso, a
pesar de las críticas y de los aplausos, sostengo
firmemente que debemos rescatar la importancia y el
inmenso valor del documento, pero fundamentalmente
el compromiso de todos, con nuestras coincidencias y
discrepancias, de asegurar que nunca más se desconozca
esta herramienta de democracia, de asegurar que de una
vez por todas, el sueño de Artigas se haga realidad y
los más desposeídos finalmente sean los más
privilegiados. Oriental, en nuestra historia está
nuestro destino, en nuestras manos la construcción, en
todo y en cada uno, asumir el compromiso.”
Chuy, agosto de 2007.
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