|
Es posible que el turismo rochense volcara durante
muchos años sus preferencias por los parques nacionales,
La Paloma, La Coronilla o la frontera de Chuy, donde se
complementaban las obras realizadas por el hombre con
las bellezas naturales que circundaban algunos de estos
lugares.
Sin embargo en la actualidad las preferencias están
dirigidas a una pequeña aldea de pescadores y resulta
imposible llegar al departamento sin visitarla aunque
sea por algunas horas. El fácil acceso, a 5 kilómetros
de la ruta 9 y tras serpentear entre las dunas la
carretera cae sobre la aldea sorprendiendo al
turista desprevenido con un espectáculo digno de figurar
entre los mejores puntos del turismo internacional.
El despegue pesquero data de la primera mitad del siglo
pasado cuando los cardúmenes de tiburones, corvinas,
pescadilla y cazones estaban al alcance de las pequeñas
embarcaciones que se aventuraban en el Atlántico. De
esta manera durante muchos años un elevado número de
familias se fue afincando en la zona, creando una
cooperativa donde las mujeres y los niños se dedicaban
al procesado del pescado y manualidades que resultaban
altamente redituables. En algunas oportunidades la vida
tranquila y apacible de la aldea se veía
interrumpida por algunos festivales denominados la
Semana del Tiburón. Durante aquellos eventos un elevado
número de turistas podían disfrutar de las bellezas
naturales de la zona y asistir en horas de noche a
los distintos espectáculos programados en el festival.
Cabe señalar que también se realizaba la Búsqueda del
Tesoro Submarino, Carnaval del mar, desfile de
agrupaciones carnavalescas y tareas camperas que
llamaban la atención de los turistas. De esta manera se
fue promocionando el balneario a escala nacional e
internacional generando una corriente masiva de
visitantes que con el paso de los años fueron creando
algunos inconvenientes.
SURGE EL ASENTAMIENTO
En la década del 90, Punta del Diablo se convirtió en el
lugar preferido por el turismo recibiendo una corriente
distinta de veraneantes que pagaban cifras importantes
por viviendas precarias sin las mínimas comodidades.
Esta situación fue generando ocupaciones y asentimientos
ilegales que fueron creando un caos difícil de
solucionar para la Intendencia de Rocha y algunas
comisiones vecinales que se fueron formando por
iniciativa de los residentes permanentes. El tema
sobrepasa las competencias de la Intendencia y algunos
proyectos llegan en distintas oportunidades a la Cámara
de Senadores con la sana intención de encontrar una
solución definitiva para Punta del Diablo. Por aquellos
años el Dr. Roberto Rodríguez Pioli señalaba que “este
proyecto se elaboró sobre la base del que
presentó la Cruzada 94 con algunas modificaciones
importantes. De aquí en adelante la responsabilidad de
todo su desarrollo caerá fundamentalmente
sobre el gobierno departamental de Rocha, por así
estar establecido en el texto del proyecto.” Sin embargo
las interpretaciones se fueron sucediendo y cuando surge
el Ministerio de Vivienda y Medio Ambiente sé pensó en
una solución definitiva que contemplara las partes en
litigio.
“LE PAGO LOS IMPUESTOS A LOS INVASORES”
Considerando que uno de los grandes temas que enfrenta
Punta del Diablo está relacionado con la ocupación de la
manzana Nº 1, propiedad de Wilmar Fernández Lema es
evidente que en la próxima temporada surgirán nuevamente
las clausuras municipales y demandas ante la justicia.
Fernández Lema que viene realizando gestiones para
recuperar la manaza Nº 1 hace 23 años manifestó a Ruben
Pérez (Canal 4 de Chuy) que “compré esta propiedad
en 1984 y desde esa fecha estoy padeciendo el despojo de
mi propiedad por parte de un grupo de invasores lo
que ha resultado un verdadero calvario que ya dura 23
años. En 1994 ante mis reclamos la Intendencia
departamental dispuso la demolición del
asentamiento por falta de permisos, de planos, de
saneamiento y de pozos negros donde las aguas servidas
corren por las calles hacia la playa en pleno centro de
Punta del Diablo. De esta manera el centro del balneario
se ha transformado en un chiquero, por lo cual hemos
solicitado a la Intendencia que cumpla con la resolución
de 1994, cosa que no ha hecho ningún Intendente y sin
culpar al actual debemos señalar que ya lleva dos
años y el problema se mantiene latente. Si bien
hay que cumplir con la sentencia de la Justicia, a la
Intendencia no le interesa quien es el propietario ni si
está en trámite alguna ejecución, lo que tiene que hacer
es demoler todo lo irregular y esto nos dijo el abogado
de entonces (1994) de la Intendencia que
casualmente es el mismo de ahora el Dr. Gabito y salvo
que haya cambiado de opinión en estos años o que
las leyes hayan cambiado y esto no sucedió se
tendrían que estar demoliendo.
Todos los problemas que hubieron este verano se
debieron a que la Intendencia aplico la ley y las
ordenanzas clausurando algunos comercios.
Fueron solamente 8 o 9 mientras que los otros 20 son
gente que viven en otros departamentos y no son
pescadores y vienen y alquilan su propiedad que llega a
los U$ 100 diarios. Esta es la situación que se vive en
Punta del Diablo y la única solución posible si queremos
terminar con la rabia es matar el perro, porque de lo
contrario en la próxima temporada se volverán a reiterar
las clausuras. Hay mucha gente que estaba acostumbrada a
la impunidad porque ningún Intendente le había aplicado
las ordenanzas durante 15 o 20 años, pero cuando esta
administración comenzó a tomar medidas ante el caos
reinante comenzaron a presionar al Intendente
señalando además que estaba “casado” conmigo. Es
realmente una ironía que pese a ser el propietario
de la mejor manzana del balneario esté pasando
necesidades de orden económico para poder sobrevivir.
Esta situación ha tomado estado público porque no es
común que un propietario sea despojado durante 20 años
de sus propiedades, es la mitad de la vida y que además
para poder comprarlo nos llevó otros 20 años.
Este año surgirán nuevos establecimientos comerciales
(invasores) y es posible que sean clausurados. Sin
embargo no se podrán clausurar las casas de alquiler que
son más redituables que los comercios lo que significa
que seguiremos con la misma historia. Quizás el
Intendente le pida autorización a la justicia para
proceder a las demoliciones. Al Intendente no le
interesa si el propietario es Fernández Lema o Juan
Pérez, él sabe muy bien quienes son los invasores,
cuando nos cobran los impuestos y la contribución
inmobiliaria que anda por los cuatro o cinco mil
dólares, se sabe que les estoy pagando a los señores que
me invaden la contribución que antes era poco dinero
pero que ahora es mucho por lo cual vivimos en un mundo
al revés.”
Chuy, junio de 2007.
|