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Es
curioso comprobar los cambios experimentados en algunos
puntos del país con motivo de las festividades de
carnaval. Aunque todos ellos vayan dejando huellas
transitorias o definitivas entre la población, es
evidente que se trata de manifestaciones populares que
de alguna manera se han arraigado en el sentimiento de
la población.
El
periodista olimareño Sergio Sánchez Moreno, ahora
radicado en Maldonado, ha sido el autor de un artículo
titulado LLAMADAS EN SAN CARLOS y dedicado a la
generación Lubola 2007 y a todas las llamadas que
participaron
en el barrio Palermo de esa localidad. “Borocoto,
Borocoto, chas, chas. Coronando la cuesta de
la avenida viene el estandarte anunciando la
inundación de ríos de banderas gigantes que ondulan al
cielo de la noche de llamadas en San Carlos.
La
gente se arrecima para verles y vibra con el sonar,
todavía lejano de los tambores, mientras los niños hacen
la noche intentando capturar el duende que habita entre
las ondas de las telas lilas y amarillas. Ha pasado un
año desde la última llamada y hay hambre en la gente de
ver pasar
ahora, ya vestidos para la fiesta, a sus vecinos que el
resto del tiempo son, hijos , padres y abuelo, son
maestros, empleados de comercio y médicos, desempleados,
estudiantes o administrativos, porteros, gerentes o
profesan los oficios más antiguos en el tiempo.
BOROCOTO, BOROCOTO, CHAS, CHAS...
La
calle se vuelve angosta, bajamos la vereda y dejamos de
estar sentados porque un aluvión de mirones de último
momento
intentan ubicarse delante de los que se tomaron el
trabajo de estar desde hace varias horas ocupando la
primera
fila. Los que no pueden pasar, mandan sus hijos
a copar la zona del cordón de la vereda. Las
aguas danzantes
de los porta banderas
van dando lugar al cuerpo de baile que viene
antecedido
por otros niños del carnaval, los que bailan.
Muchísimas niñas y algún barón que ya muestran como el
ritmo se lleva en la sangre, hermosos en sus trajecitos,
bailan a
todo dar y cosechan encendidos aplausos de la platea.
Desde los tamboriles, la percusión se traslada de la
lonja a la madera
y en el público la llamada
se llena de palmas. La gente vuela y haciendo
ritmo se siente de color...amarillo, lila, tonos de la
generación que
invaden la hermosa noche de San Carlos. Borocoto....
los tamboriles vuelven a llamar, Borocoto, el cuerpo de
baile se tensa, Borocoto.. las banderas se preparan y la
noche estalla. Las bailarinas tienen sus cofradías, hay
grupos muy jóvenes con algún acompañante, seguidas por
las más experientes que sin mallas, de vestidos largos y
escotes amplios, ondulan la noche y bailan, pidiendo que
estos minutos sean eterno, las bailarinas van enamoradas
de la danza, van sin mirar, en realidad viajan adentro
de las notas del tamboril. El príncipe que baila con la
reina es siempre un consumado bailarín que mueve pies,
caderas y cintura con enorme plasticidad, ampara y
acompaña su danza a la soberana y con su arte impecable
la realza. Ella parece que flotara, sus manos suben y
bajan como si se desplazara gracias a esos remos
imaginarios en el mar del sonido de los tambores.
El
curandero nos reclama, con sus tambores, su maletín
cargado de yuyos, revelando el conocimiento profundo de
esa farmacia que solo él conoce y que está en la
naturaleza; grandes anteojos, bastón, galera y la barba
que lo ennoblece, porque en este mundo de las llamadas
se respeta a los que saben y se rinde tributo a los que
tienen la sabiduría de los años. A su lado viene ella,
meta abanicarse, hermosa siempre. Dicen que la mama
vieja es la que representa la eterna juventud.
Borocoto...Borocoto...Borocoto
El
piso se parte ante la cuerda. Van metidos en el ritmo,
sus pasos asemejan a un renguear continuo, llevando un
chico, dos o tres repiques y uno o dos pianos. En la
calle los niños juntan los últimos retazos de los viejos
ritmos nuevos que recién desparramó la generación ..pero
no les queda mucho tiempo porque ya se divisan, borocoto,
borocoto, borocoto coronando la cuesta de la
avenida.”
Chuy, 9 de marzo de
2007
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