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Uno de los síntomas más evidente de que los años han
pasado demasiado rápido, está relacionado con los
regalos que recibimos en los aniversarios y otras
festividades. Si el día de su cumpleaños, navidad, año
nuevo, reyes o el día de los padres le regalan medias o
pijamas (de tartán o franela) no tenga ninguna duda de
que ha llegado a una edad que necesita de una atención
especial de sus familiares. En el balance de otros
aniversarios quedaron para el recuerdo las corbatas, los
perfumes o alguna botella que por lo general había que
vaciar el
mismo día para que la felicidad se prolongara.
A partir de los 60 las medias se repetirán hasta el
último aniversario con un razonamiento lógico de sus
familiares “el abuelo necesita mantener los pies
calientes, no sea cuestión que... Recién ahora nos dimos
cuenta que los años que deseábamos tener en la infancia
se fueron demasiado rápido y ni siquiera sabíamos de la
existencia de las medias. Pero medias al margen y muy
bien que sirven para abrigarnos el cuerpo hay otras
situaciones que nos dejan el alma a la intemperie. Un
elevado número de personas con más de 60 años está
viviendo en una sociedad que los discrimina
permanentemente valorizando solamente a los
jóvenes. Jubilados, pensionistas y viejos abandonados
representan en la actualidad un porcentaje expresivo que
debería preocupar a la sociedad uruguaya.
Las comodidades de la vida actual no llegan a la mayoría
de los ancianos, dando la sensación de que los más
jóvenes están discriminando a quienes ya no están en
condiciones de producir. En algunos asilos y “hogares”
existentes en nuestro país, muchos internados aguardan
ansiosos la única visita que recibirán en muchos
años: la muerte. Pobres, enfermos y abandonados por
amigos y familiares, cansados de dormir sobre colchones
malolientes, vestir ropas contaminadas y comer muy poco
los ancianos se van cansando lentamente de vivir.
Se trata de un tema reiterado que lejos de mejorar ha
empeorado en los últimos años, basta visitar algunos de
estos establecimientos
para comprobar una situación de abandono que en
algunos casos se desea la muerte como única salida.
Al margen de los sufrimientos naturales que provocan las
enfermedades, cuando se superan los 80 años algunos
ancianos padecen de un mal incurable que es la soledad.
De esta manera y en estas circunstancias
comienzan las crisis de depresión, encerrándose en sus
problemas y sintiéndose inútiles después de haber
trabajado durante toda la vida. Se habla mucho de
proteger a la familia mediante programas de asistencia a
la maternidad, a la infancia, al menor y a los
incapacitados pero muy poco se habla de los ancianos.
Las Naciones Unidas calculan que en el año 2020,
solamente en Brasil habrán más de 30 millones de
personas con más de 60 años. Esta realidad nos está
demostrando también que muchos valores tienden a
desaparecer y cada día se respeta menos a los padres,
maestros, profesores, abuelos y vecinos con una falta de
consideración nunca imaginable.
Antiguamente los jóvenes confiaban en los adultos del
barrio con la seguridad de que llegado el momento
encontrarían una mano amiga y solidaria. Hoy todo ha
cambiado. Rejas en puertas y ventanas, ancianos que
sobreviven entre el frío y la soledad del asilo,
mochilas con celulares junto a los pañales y una
realidad que golpea cada vez más fuerte a la tercera
edad. En todas las etapas de la vida el hombre necesita
del apoyo y del afecto de sus familiares, amigos o
vecinos. Sin embargo nunca se necesita tanto como en la
vejez o en la tercera edad como se dice ahora. También
debemos señalar que el promedio de vida aumentó
considerablemente, mientras en 1900 apenas llegábamos a
los 47 años en la actualidad ha sobrepasado los 70 y se
encamina a vivir mucho más que todas las especies que
habitan el planeta. Pero mientras aguardamos la
eternidad de nuestros sucesores debemos recordar a
célebres “viejos” que se metieron en la mejor historia
de la humanidad; León Tolstoi murió a los 84 años de
neumonía; Goethe murió a los 83 años cuando recién había
terminado la segunda parte de Fausto; Víctor Hugo
también murió a los 83 y Tiziano
de cólera a los
99, cinco años después de terminar su famoso
cuadro “Cristo Coronado de Espinas”. Miguel Ángel murió
a los 89, Verdi a los 88
tras haber creado Othelo
con mas de 80. Stradivarius a los 93 y
Bertrand Russell en plena vejez
preside en Estados Unidos los tribunales de
Crímenes de Vietnam. La historia uruguaya ha recogido el
nombre de Anacleto Medina que murió a los 83 años
atravesado por una lanza en la batalla de Manantiales
mientras luchaba junto a Timoteo Aparicio en 1871.
Ilustres ancianos que sin embargo nunca los vimos
encasillados en la Tercera Edad.
Chuy, mayo de 2007
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