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En términos generales, se puede decir que un gen es un
trozo de una molécula de ADN que tiene la información
para la producción de una proteína. Las proteínas son
fundamentales a la hora de determinar la estructura y el
funcionamiento de los organismos.
La Asociación Americana para el Avance de la Ciencia
señaló la capacidad de mover genes de un organismo a
otro, como una de las cuatro revoluciones científicas
principales del siglo XX. Las otras tres fueron: la
comprensión de la estructura del átomo, el triunfo sobre
la gravedad terrestre y el desarrollo de sofisticados
sistemas informáticos.
El desarrollo de nuevos conocimientos por los
científicos y de nuevas tecnologías se ha acelerado
muchísimo en las últimas décadas. Veamos la siguiente
secuencia de acontecimientos: En el año 1944, se
demostró que el ADN es el material genético. En 1953, se
determinó la estructura del ADN. (En dicho año, Watson y
Crick proponen que se trata de una molécula con forma de
doble hélice). En 1965, se descubrieron las enzimas de
restricción. Estas son unas proteínas capaces de cortar
la molécula de ADN en determinados lugares. Se las
utiliza en Ingeniería Genética para obtener fragmentos
de ADN. La Ingeniería Genética se ocupa, entre otras
cosas, de partir el ADN de un organismo en pequeños
fragmentos e insertarlos en otro organismo de la misma
especie o de una diferente. Fue en 1972, cuando se
utilizaron, por vez primera, enzimas de restricción y
otra enzima, llamada ADN-ligasa, para crear la primera
molécula de ADN recombinante, o sea una molécula de ADN
formada por trozos provenientes de distintas fuentes, de
distintos organismos. Un año más tarde, en 1973, un
grupo de científicos creó el primer organismo
transgénico, se trataba de una bacteria con un gen
proveniente de un virus. Un organismo transgénico es
aquel que contiene uno o más genes provenientes de un
tipo distinto de organismo.
Una vez que se hizo posible la transferencia de genes de
un organismo a otro, el hombre comenzó a aplicar dicha
técnica en distintos tipos de seres vivos. Así, se usan
bacterias transgénicas en la producción de hormona de
crecimiento para tratar el enanismo, interferón para
tratar el cáncer e insulina humana para tratar la
diabetes. Para dar un ejemplo del procedimiento, en este
último caso se inserta el gen humano para la insulina en
el ADN de bacterias usando las técnicas de la Ingeniería
Genética. Luego, las bacterias transgénicas producen
grandes cantidades de insulina que ellas acomodan en
forma de protuberancias. La insulina se recoge líquida y
se purifica en forma de cristales. Dentro de los
animales transgénicos encontramos, entre otros, cabras
que se han sometido a la ingeniería genética para que
produzcan leche con altos niveles de una proteína humana
que disuelve los coágulos sanguíneos. Algunas plantas se
han sometido a la ingeniería genética para que sean más
resistentes a los herbicidas, que produzcan pesticidas
internos o que incrementen su producción de proteínas,
por ejemplo. Es a las plantas modificadas genéticamente
y utilizadas para la alimentación humana que me voy a
referir de aquí en más.
Ya por el año 2000, más de la mitad de la soja y una
tercera parte del maíz del mundo procedían de plantas
modificadas genéticamente. Los productos de estos
vegetales están presentes en cientos de alimentos, como
la comida para los animales, los cereales, el aceite
para cocinar, los almíbares y las bebidas gaseosas. En
los Estados Unidos se estima que 60 % de los alimentos
industrializados contienen un ingrediente genéticamente
modificado, principalmente soja o maíz.
Mientras que algunas personas defienden los alimentos
transgénicos, otras se muestran decididamente en contra.
Entre los argumentos a favor se mencionan:
1.
Algunos de estos alimentos nos permitirán alcanzar una
mayor productividad en áreas menores, causando menor
perjuicio a las reservas de agua dulce y a la
biodiversidad.
2.
Nos ayudarán a dar respuesta a la creciente demanda por
alimentos y otros productos agrícolas. Según algunos
autores, la combinación del aumento poblacional y el
aumento en la renta debe ampliar la demanda por comida
en al menos un 50 % durante los próximos 25 años.
Algunas plantas transgénicas producen más semillas y más
frutos.
3.
Reducen el uso de pesticidas. Un ejemplo es el de las
plantas Bt. Las mismas fueron genéticamente
modificadas para producir una proteína bacteriana
que destruye ciertas plagas de insectos. De acuerdo con
un informe reciente, cerca de 172 millones de kg de
pesticidas no fueron utilizados en los Estados Unidos
entre 1996 y 2004 como resultado de plantaciones
biotecnológicamente protegidas contra insectos.
4.
Nos permiten realizar mejorías nutricionales. Los
cultivos convencionales junto con la biotecnología están
siendo usados para aumentar los niveles de hierro, zinc
y vitamina A en plantas como porotos, mandioca, maíz,
arroz y trigo.
5.
Algunas de estas plantaciones tienen mayor tolerancia a
períodos de sequía, suelos salados, suelos ácidos.
6.
Insertar cuidadosamente genes seleccionados en una
planta es más seguro que introducir miles de genes de
una sola vez como ocurre frecuentemente cuando se
producen híbridos de plantas.
7.
Las plantaciones genéticamente modificadas están siendo
probadas en busca de efectos sobre la salud.
Por otra parte, los contrarios a los alimentos
transgénicos afirman:
1.
Hasta ahora los beneficios asociados a los productos
biotecnológicos son apenas modestos y aún es preciso
demostrar que las ventajas superan los riesgos.
2.
Si bien es cierto que muchas personas (más de 800
millones) pasan hambre o están subnutridas, el mundo
produce alimento suficiente para todos, sólo que la
comida no llega a aquellos que más la necesitan. Para
solucionar el problema del hambre en el mundo se debería
apuntar a otras cuestiones como la política de comercio,
la infraestructura y las reformas agrarias.
3.
Del modo como están siendo implementadas las
plantaciones Bt, al fin desencadenarán la
resistencia por parte de las plagas, o sea que dejarán
de funcionar.
4.
Ocurrirá una dispersión de genes. Los genes se
dispersarán desde las plantaciones genéticamente
modificadas hacia las plantaciones vecinas. Esto
significa que el polen cargará nuevos genes desde las
áreas agrícolas hacia los campos vecinos o la naturaleza
intocada. La utilización de plantaciones genéticamente
modificadas ya desencadenó el surgimiento de hierbas
dañinas resistentes a herbicidas en Canadá y Estados
Unidos.
5.
No existe suficiente garantía de que los alimentos
transgénicos sean totalmente seguros para su consumo.
Todavía son pocos los estudios científicos que tratan de
la seguridad de los alimentos transgénicos. Por ejemplo,
con la manipulación de genes que se está realizando
podrían activarse genes para la producción de toxinas o
quizás las plantas modificadas sinteticen proteínas
capaces de provocar reacciones alérgicas. Precisamente
la alergia era la principal preocupación cuando, en el
año 2000, el maíz genéticamente modificado de la
compañía StarLink fue prohibido para la fabricación de
tortillas, palomitas de maíz y otros alimentos. La
preocupación en cuanto al potencial para producir
alergias de este maíz impidió que recibiera la
aprobación para el consumo humano, aunque se permitió su
uso para la alimentación de animales.
En realidad, muchas pruebas de seguridad sobre los
alimentos transgénicos son realizadas. Pero
fundamentalmente son llevadas a cabo por las mismas
corporaciones que producen tales alimentos. Surge
entonces la pregunta: ¿Con qué grado de certeza podemos
creer en la seguridad que nos ofrecen las grandes
empresas internacionales, algunas de las cuales basan
sus acciones exclusivamente en el lucro? Sin duda, los
científicos y ciudadanos preocupados tendrán que seguir
estas cuestiones, vigilantes e informados. Éste ha sido
el objetivo del presente trabajo: brindar información.
Chuy, octubre de 2007. |