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Por encima de las discrepancias que se puedan tener con
el gobierno actual debemos reconocer que viene
resistiendo “heroicamente” los embates de la oposición
y algunos intentos que desde sus propias filas se vienen
realizando para que cumpla con las promesas electorales
o por lo menos que cambie el rumbo de la embarcación.
Debemos reconocer además que si bien todavía no estamos
viviendo un año “terrible” se nos presenta confuso,
agitado y preocupante, sobre todo para los sectores
sociales de ingresos fijos que constituyen todavía la
mayoría de la clase media uruguaya. Es posible que un
amplio sector de la ciudadanía se haya jugado los
boletos al cambio depositando sus esperanzas en las
reformas anunciadas por el nuevo gobierno.
La crisis de los partidos tradicionales nos estaba
llevando a una situación límite que si bien no amenazaba
la convivencia democrática, generaba serias dificultades
al sistema de bienestar a que tiene derecho la
población. Nuestro país que había convivido con los
conflictos laborales por mejores salarios y alguna
agitación estudiantil de la enseñaza media con ocupación
de algunos liceos, parecía superar mediante el voto
todas las dificultades que vivía la población. Con el
nuevo siglo se produce el cambio y la ciudadanía
haciendo uso de sus legítimos derechos resuelve cambiar
el rumbo pensando quizás que “peor no les podría ir”.
Avizoramos también un nuevo milenio con optimismo y
esperanzas en los cambios prometidos. Dicen que
Democracia viene del griego “demos” que significa pueblo
que en definitiva es el poder soberano de toda nación.
Sin embargo cuando no se tienen en cuenta estas
consideraciones ni se respeta el estado de derecho, es
evidente que todo termina fracasando. En este mundo
globalizado todo es posible.
Existen muchos lugares del Planeta donde abunda la
tierra fértil para desarrollar actividades reñidas con
la democracia donde los problemas endémicos son
generados fundamentalmente por políticos y servidores
desacreditados ante la población. No podemos negar que
estamos viviendo en un mundo congelado que se va
derritiendo diariamente mientras vamos reiterando
nuestros errores en una demostración lamentable de que
no aprendimos nada. Tampoco dudamos que las
consecuencias serán más graves en la medida que no
rectifiquemos el rumbo y sigamos aferrados a viejas
ideologías. Debemos disfrutar de los instrumentos que
nos ofrece permanentemente la democracia de nuestro
país, en el entendido de que estamos viviendo realidades
y requerimientos distintos a los que existían hace 30,
50 o 100 años. Si los partidos políticos no se
modernizan y se renuevan tampoco estarán en condiciones
de aportar al bienestar reclamado por la sociedad. En
definitiva nos está faltando democracia participativa
donde la gente no solamente tenga el derecho a votar
sino también a elegir y creer en aquellos en que ha
depositado su confianza, que es el vínculo central de
quien elige y es elegido. También debemos reconocer que
a los eternos desconformes no les servía
Sanguinetti, ni Lacalle, ni Batlle como tampoco les está
sirviendo Tabaré Vázquez, ni les servirá el que venga
luego. . Todo esto nos hace pensar que el problema no
está solamente en nuestros gobernantes sino en
nosotros como sociedad. Solamente criticando no
seremos mejores personas, ni tampoco las que el
país está necesitando.
Chuy, noviembre de 2007. |