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Durante las últimas publicaciones hemos recogido la
opinión de diversos actores de la sociedad fronteriza
sobre el tema de la violencia y sus posibles soluciones.
Durante este ciclo, trajimos al tapete una realidad que
preocupa a la sociedad y a las autoridades locales,
tratando de encontrar los ámbitos adecuados para
encararla dentro de la ley. Por este motivo hemos recogido
la opinión de muchos profesionales que en la coincidencia
o la discrepancia han analizado el tema desde su óptica
particular. En esta oportunidad Gonzalo De Murga un
uruguayo radicado en Italia y que acompaña por Internet
las ediciones de CHUYNET.COM nos hace llegar su opinión al
respeto: “Los tiempos actuales requieren un cambio
substancial en varios aspectos de nuestra legislación
vigente y sin temor a equivocarme, considero que hoy un
menor a sus 15 anos de edad, posee la madurez necesaria
para discernir perfectamente lo que esta bien de lo que
esta mal. Establecido esto, el modificar la mayoría de
edad actualmente situada en 18 anos a 15 anos como mínimo
dotara a la justicia y a las fuerzas del orden de un
código que permita la acción efectiva contra tanta
tropelía conducida por adolescentes de edades que oscilan
precisamente entre los 15 y 18 anos es a mi juicio algo
tan urgente como mandatario.
De lo contrario y de continuar en el rumbo en que vamos,
donde por demás es sabido que vamos muy mal, sabemos que
seguiremos a peor.
Para ser mas claro podemos decir que si no se agarra el
toro por las guampas hoy, después será muy tarde.
Es preocupante realmente que el país este pasando por esta
triste situación, en parte atribuible a una legislación
a mi entender inadecuada al presente, en parte atribuible
también a una situación económica global que tiende cada
vez a marcar mas las diferencias sociales entre personas y
en parte también a la muy tradicional y nuestra
costumbre de oponerse a cualquier cambio, solo por el
temor de enfrentarse a algo nuevo, que conduce a ignorar
el bosque por solo mirar un árbol.
En mi opinión...la única y verdadera solución es aplicar
ley y orden con mano férrea.
Los derechos humanos de todos los ciudadanos se deben
respetar, de eso no tengo ninguna duda, pero a mi
criterio tienen justificada y absoluta prioridad los
derechos de la gente honrada y trabajadora que trata de
sobrellevar una vida normal, a pesar de las muchas
dificultades del presente, que a diario se ve molestada o
agredida, que hoy día vive insegura debido a lo que le
pueda ocurrir y la suerte que puedan llevar los bienes que
con su trabajo ha podido acumular para dotar de un cierto
nivel de confort a su familia.
Nuestra policía debe ser respetada como autoridad y para
que ello suceda en tiempo y espacio deberán cambiar las
reglas del juego.
Se debe terminar con el problema de los “menores
intocables" definitivamente y eso es a mi juicio, algo
totalmente impostergable.
La excusa gastada de un padre o tutor que no puede vigilar
a sus hijos porque trabaja durante todo el día lejos de
ellos tampoco me es valida.
Mi padre trabajaba mucho, y aunque siempre me inculco su
buen ejemplo, no puedo negar que alguna vez me tuvo que
ir a buscar a una comisaría, y allí el comisario hablo
con el, y luego mi padre me hablo a mi, y me hablo en
términos muy sencillos.
Y quedo mas que claro que si esos hechos sucedían otra
vez podría llegar a ir a un instituto del Consejo del
Niño (el INAME o INAU de 30 anos atrás) y me adelantó como
seria la historia, y…a buen entendedor pocas palabras
bastan...nunca más!!
Aprendí así las reglas simples de la convivencia en
sociedad…que nada era fácil en la vida...pero que con
trabajo se lograban cosas...y de a poco se podía avanzar.
Aprendí a aprovechar las ventajas que se me ofrecían, de
educarme y de aprender un oficio con el cual competir en
un mercado laboral y así fue sucediendo, un poco aquí,
otro poco mas allá. Y debo decir que esas oportunidades
me fueron ofrecidas gratuitamente por el sistema de
educación pública de mi país, algo que todavía hoy es
motivo de asombro entre mis colegas de trabajo, quienes
proceden de diversos países del mundo, donde carreras
técnico-profesionales siguen siendo muy costosas, salvo en
los casos que los gobiernos proveen estas a los
integrantes de sus fuerzas armadas.
Nuestra sociedad atraviesa hoy un periodo de cambios,
pero si dejamos que los cambios se sucedan sin lograr que
prevalezca el orden, entonces estaremos dando a nuestros
jóvenes un rumbo incierto, con parámetros inexistentes,
pleno de erróneos ejemplos y estableciendo libertades
arbitrarias e incorrectas.
Los cambios se deben asimilar si pero de a cuerdo a
ciertos cánones que deben situarse entre las libertades de
unos y el respeto a los derechos de otros. Solo se logran
resultados positivos.
Si esas líneas no se delimitan con precisión y claridad
meridiana, entonces el rumbo resultara errado y el
destino no será otro que el caótico.
Es allí donde nuestros legisladores deberán entrar en
juego, a mi entender ellos son quienes tienen el deber y
la responsabilidad de atacar el problema en su parte
medular, buscando las soluciones acordes, para que jueces
y fuerzas del orden puedan actuar de forma efectiva contra
este problema.
Una de las primeras leyes que se debería establecer y
aprobar en nuestro país es la de prohibir beber bebidas
alcohólicas en la vía pública. Así de simple y para
terminar con buena parte del desorden que se observa hoy
entre adolescentes durante noches y madrugadas en plazas y
parques de nuestro medio.
Y no dudo que en cuanto se aplique debidamente la mano
dura de la ley sobre unos cuantos inescrupulosos, muchos
otros restantes se plantearan muy seriamente sus futuras
acciones, pues tendrán muy claro que les tocara rendir
cuentas a la justicia y pagar por ello.
Y no será solo entrar por una puerta de la seccional para
salir al poco rato por la otra como se ha hecho en algunos
casos hasta hoy.
Sabrán que la sociedad en la cual no han podido encontrar
su lugar como personas correctas, honestas y respetuosas
de la ley, representada por los magistrados actuantes, le
aplicaran sanciones con el rigor requerido del caso que
les impedirá continuar con tropelías, y en casos mas
graves deberán rehabilitarse en un centro correccional.
Y es ahí donde nos encontramos en serias dificultades
otra vez, porque hoy día un establecimiento de
rehabilitación (más tristemente conocido como cárcel) casi
podría compararse con una universidad especializada en
formar delincuentes. Sean estas personas menores o mayores
de edad, la rehabilitación estará condicionada a muchos
factores y sin temor a equivocarme, creo que actualmente
resulta en muchos casos, bastante peor el remedio que la
enfermedad.
Aunque hay casos y situaciones bastante diferentes, la
mayoría de los establecimientos distan de lo que deberían
ser, debido a capacidad, presupuestos y un montón de cosas
mas que están fuera del alcance de esta nota.
Por norma general quien es procesado con prisión, casi
siempre termina en un espiral social descendente del que
le es muy difícil salir por una infinidad sucesiva de
situaciones.
Y esto no es para nada algo nuevo, Víctor Hugo en su
novela "Los Miserables" describía como en el siglo XIX
era ya un problema muy serio el rehabilitar personas en
cárceles.
Y vemos tanto en esa obra literaria como en el presente,
que casi siempre la propia sociedad es quien cierra las
puertas a aquellos que cumplieron su condena y buscan su
reinserción en la misma. Miedos y temores adicionados a
una cierta apatía al asunto y suman muchas las personas
indiferentes ante este proceso social que no es nuevo,
pero que se multiplica.
El apoyo de todos los ciudadanos como integrantes activos
de una sociedad a los patronatos, e inclusive a las
propias instituciones de rehabilitación tanto de menores
como de personas mayores de edad, es más que necesario
para poder combatir el problema.
Resulta evidente que la labor del estado a través de esas
instituciones de rehabilitación nunca será lo
suficientemente adecuada para atender cada caso en
particular, ni podrá evaluar pormenorizadamente los muy
diversos aspectos complejos que cada situación traerá
aparejada.
Resulta también poco coherente que un estado se vea
obligado a invertir en costosas estructuras
correccionales, restando de esa forma posibilidades de
inversión en otras áreas donde pobladores de menguados
recursos económicos, trabajadores y respetuosos de las
leyes esperan pacientemente, mientras se postergan en el
tiempo una y otra vez sus aspiraciones.
Es necesario lograr un balance a ambas situaciones, puesto
que las dos son valederas, y ambas se relacionan entre si
en un complejo marco socioeconómico - educacional.
Si alguien erró su camino, seguramente no fue por propia
voluntad, sino que la mayoría de las veces actúan en su
contra diversos problemas tanto de índole social como
también muy diversos factores económicos.
Apremiado por circunstancias difíciles, podría aquella
persona ver en un acto delictivo una salida a sus
problemas, cuando en realidad eso le llevara a empeorar
aun más su situación.
La rehabilitación se conseguirá solo con educación
esmerada, brindándole al individuo la oportunidad del
aprendizaje de un simple oficio o profesión, algo que si
le permita comenzar una vida nueva, de sentirse útil y
de poder producir, generando a la vez su propio sustento
dándole un lugar en la sociedad, eliminando así un
sentimiento mezclado de exclusión, de resentimiento y de
frustración que esta persona ha acumulado por diversos
factores y sucesos condicionantes de su vida.
En un mercado donde las posibilidades de obtener trabajo
son actualmente ya bastante complicadas, no resulta
difícil imaginar que para alguien que tenga estos
problemas citados anteriormente, las posibilidades de
lograrlo serán aun mas remotas. Y eso sucede no solo en
nuestro país, sino en todo el resto del mundo.
Y en este aspecto será fundamental prevenir a nuestros
jóvenes claramente y para que tomen conciencia, de que su
conducta equivocada del presente seguramente se reflejara
en su futuro y nunca como algo positivo.
Concluyo en que muy poco podrá avanzar en el difícil
proceso de reinserción social, alguien que no cuente con
el apoyo de la sociedad entera, y que a través de los
patronatos de reinserción, su personal pueda asesorarle
y ayudarle a comenzar de nuevo.
Debemos preguntarnos si será este entonces ese el
eslabón perdido.
Reformar la legislación actualizándola, no para
castigar sino para corregir, pero en forma eficiente y
severa, educando y brindando las oportunidades a quienes
por diversas causas en su momento o no las tuvieron, o no
supieron aprovecharlas.
En el caso particular de los menores de edad, el tema es
aun mucho más sensitivo y delicado, pues se debe evaluar
no solo a la persona en cuestión, sino a su entorno
familiar, junto con las condicionantes socioeconómicas y
educacionales que serán factores determinantes en la
solución de ese difícil y complejo problema.
Cuenta el estado también con otra arma muy efectiva aunque
no siempre suficiente, que son los trabajadores
sociales, quienes enfrentan día tras día la titánica tarea
de asesorar, aconsejar e informar a padres o tutores en
los variados y diversos aspectos de como educar y también
como afrontar los difíciles situaciones y problemas a los
que muchas veces se ven expuestos los menores a su cargo.
En mi opinión, además de modificar la legislación sobre
este asunto, paralelamente debemos de brindar todos el
apoyo a estas instituciones para lograr que cumplan su
objetivo en forma eficiente, efectiva y provechosa.
Instalaciones acordes, suficientes profesionales y
educadores, además de dotar a los patronatos de
reinserción de todos los elementos necesarios para que
puedan brindar la asistencia requerida en materia
laboral a aquellas personas que alguna vez equivocaron
su camino y que hoy quieren retomar la senda correcta, es
tarea que concierne a nuestra sociedad en pleno, pues de
lo contrario seguiremos corriendo en círculos sin lograr
avanzar nada absolutamente. No creo que debamos esperar
otra respuesta a este problema más que la de nosotros
mismos. El problema nos atañe a todos y la solución del
mismo también.”
Chuy,
mayo de 2006. |