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Con una superficie de 10.551 kilómetros cuadrados, una
población estimada en los 70.000 habitantes, muchos
millones de ovinos y vacunos, una dilatada costa marítima,
clima tolerable y una vasta red de ríos, arroyos y
lagunas, nos hace pensar que vivimos en un departamento
privilegiado y sin mayores problemas.
Tampoco tenemos accidentes geográficos pronunciados ni
radicalismos que puedan paralizar las distintas
actividades que desarrolla la población. Sin embargo
tenemos pequeños problemas que pueden agudizarse en la
medida que aumenten las dificultades. No podemos negar
que tenemos condiciones favorables para buscar una salida
sin necesidad de pactar con las dificultades. En primer
término debemos señalar y reconocer las dificultades que
enfrentan actualmente los productores rurales en todos sus
rubros y como la ganadería necesita muy pocos hombres, los
que sobran se van integrando a los cinturones de las
ciudades con el agravante de no encontrar una ocupación
estable. Se ha dicho y con razón que las ciudades viven
del campo, pero en el campo no existen posibilidades de
trabajo para mucha gente, y que se trata de un patrimonio
de pocos, mientras la gran mayoría debe dirigirse a las
ciudades, villas y pueblos en busca del empleo público, el
comercio informal o la ocupación sin horizontes que suele
terminar en el delito. En el departamento de nuestros
abuelos, la riqueza agropecuaria disimulaba una situación
que con el paso de los años y distintas circunstancias se
ha ido agravando hasta mostrarnos una realidad que nadie
puede ocultar. Dicen los productores que en el campo ya no
se puede vivir, a lo que debemos agregar que tampoco en
las ciudades se puede vivir como lo hubiéramos deseado.
Analizando temas que pueden contribuir al desarrollo
rochense el Dr. Mario Anza, edil departamental Lista 40
mencionaba algunas obras que podrían generar polos de
desarrollo en distintos puntos del departamento. Señaló en
orden de prioridad el Puerto de La Paloma que “se podría
empezar con algunas mejoras y luego vendrían otras etapas
hasta lograr el puerto de aguas profundas que anhela el
departamento. Pensamos además que el norte rochense
necesita una obra de trascendencia para su desarrollo y
nos detenemos en la construcción de un puente sobre el
río Cebollati. En este proceso de integración y luego de
tantos años donde el departamento estuvo aislado física y
mentalmente, es necesario revertir esta situación por lo
cual este puente nos acercaría definitivamente a los
departamentos de Treinta y Tres y Cerro Largo. Se debe
tener en cuenta además el puerto de La Paloma como punto
de salida de los productos uruguayos hacia otros mercados.
Al margen del turismo tradicional del departamento debemos
considerar el arroz, la madera y los vacunos que pueden
salir sin mayores problemas por el puerto de La Paloma.”
Al margen de las inquietudes del edil Mario Anza, debemos
agregar el debatido tema de la ruta 10 (Rocha-Maldonado)
apuntalada por algunos operadores turísticos y un sector
importante de la población.
Sin embargo existen posiciones contrarias argumentando
problemas de medio ambiente que se podrían agravar
mediante la depredación y la caza furtiva que el
movimiento turístico podría generar en la zona. Distintos
organismos trabajan en la actualidad analizando
proyectos vinculados al tema y escuchando la opinión de
los técnicos y vecinos radicados en la zona. Se trata de
un nuevo desafío del departamento teniendo en cuenta que
algún día se podrá implantar el verdadero MERCOSUR
generando una corriente turística de grandes beneficios
para el departamento. Aún considerando y respetando la
opinión de algunas organizaciones, es evidente que la
ecología no puede ser un impedimento para que se construya
una ruta que puede ser de vital importancia para el
desarrollo turístico de Rocha. Como podemos apreciar la
construcción de dos puentes nos acercaría a los
departamentos de Maldonado y Treinta y Tres, facilitando
el intercambio turístico y comercial del este uruguayo.
Chuy, julio de 2006. |