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Terminaba el año cuando el hombre que jamás había
abandonado el entorno de la mayor empresa de transporte
que tuvo el país pasaba
a la eternidad, llevándose consigo una época que
tiende a desaparecer.
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Julio “Cacharpa” Pérez que había vivido más
tiempo
en los coches de la empresa que en su
propia casa, ofreciendo diariamente sobre la
ruta 9 su potencial humano, abandonaba
en silencio el mundo de los vivos para
entrar en el mejor recuerdo de varias
generaciones Por esas ironías del destino el día
de su sepelio no hubo transporte, era primero de
enero.
Aún reconociendo que debemos considerar a la
muerte
en el ámbito natural de las cosas, nos
sorprendió la repentina desaparición física de “Cacharpa”,
imaginando que era precisamente el corazón lo
que nunca le fallaría.
De origen muy humilde supo aprovechar la
oportunidad de recorrer el país en sus viajes
diarios para ganarse la consideración y el
respeto de la población. |
No
pretendemos ofrecer su biografía ni siquiera una
semblanza, sino rescatar del olvido definitivo a un
“amigo de todos” que supo honrar y hacer
un verdadero culto de la amistad, aún con el
pasajero desconocido que utilizaba los servicios de la
empresa.
Fueron más de 50 años recorriendo diariamente los 700 kilómetros del
viaje con retorno que nos separan de la capital del
país. Tuvimos la suerte de integrar el grupo de sus
amistades y valorar lo que significaba ser el guarda de
una empresa que viajaba diariamente a Montevideo. Fue su
hija Mabel que con la emoción del momento nos señalaba
en breve comunicación el fatal desenlace agregando que
“papá sigue viviendo en la gente de Chuy, que tanto lo
quiso. La O.N.D.A fue su vida
y las poblaciones de Rocha, Castillos y Chuy
fueron su familia en varias oportunidades. Por esas
cosas de la vida se nos fue un día sin transporte para
que sus amigos pudieran acompañarlo.” Para reconstruir
una semblanza de su personalidad
recurrimos a diversas entrevistas que le
realizamos cuando los vecinos de esta frontera lo
recibían para testimoniarle su reconocimiento por el
invalorable
aporte a la comunidad.
El
15 de setiembre de 1945 se produjo la inauguración de
C.O.P.E. (Cooperativa Omnibus Punta del Este)
entre Montevideo y esta frontera que comenzaba a
disfrutar de sus primeros años de actividad comercial.
Con cuatro pasajeros y varios invitados especiales se
dirigía a Chuy el primer coche a cargo del guarda Julio
Pérez, mientras el otro coche que había salido de la
frontera estaba a cargo del guarda Alberto Spadoni
encontrándose en la ciudad de Rocha frente al Club
Social. Un año más tarde y como sucedía en todo el país
ONDA absorbió la línea instalando su primera agencia
sobre la calle Gral
Artígas a cargo de Evangelina Gamón.
Si tuviéramos que enfrentarnos a la difícil tarea
de tener que elegir un funcionario de esta empresa por
todo lo que representó para los habitantes de esta
frontera tendríamos que detenernos en la personalidad de
Julio Pérez
que vio crecer, estudiar y recibirse después a varias
generaciones que también acompañó sus pasos en la
capital del país. Fueron muchos los padres (nos
incluimos) que enviaban sus hijos a cargo de Julio Pérez
con la tranquilidad de que serían entregados a sus
familiares cuando llegaran a Montevideo. Con motivo de
su deceso nos han llegado fotos, recortes de prensa,
anécdotas y testimonios de su pasaje “diario” por esta
frontera. Mientras algunos abuelos recordaban el primer
viaje de sus hijos o nietos
a Montevideo, de la mano de “Cacharpa” otros nos
recuerdan jugosas anécdotas de aquellos viajes cuando
promediaba el siglo pasado, por caminos intransitables
que poco
aportaban al viaje en las “modernas
unidades” de ONDA.
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Entre las evocaciones que provocan estas
circunstancias nos parece escuchar el ruido del
potente motor de aquellas unidades, llegando o
saliendo de nuestra ciudad con el guarda Julio
Pérez y su eterna libreta de pedidos para los
vecinos de la zona.
Remedios, juguetes, recomendacio-nes personales
y todas las cosas que faltaba en Chuy. |
Por
si esto fuera poco también tenía tiempo de realizar
algún trámite burocrático en las oficinas capitalinas.
Es posible que en los complejos cuadros del escalafón
empresarial
no haya ocupado el sitio que le correspondía, sin
embargo se ganó en buena ley
el reconocimiento general del pueblo fronterizo
por su modestia, por su labor sacrificada por su
contacto con el pueblo y fundamentalmente por su
condición humana. Responsabilidad, honestidad y
generosidad
fueron los atributos fundamentales de su existencia.
Recibió en varias oportunidades el reconocimiento
popular de los habitantes de esta ciudad como pequeña
ofrenda a tantos beneficios recibidos durante 45 años.
Nuestro agradecimiento a Luis Tappa y Eliseo Berruti por
el material proporcionado para las próximas entregas.
Chuy, febrero de 2007
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