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Debemos confesar en primer término que nos resistimos
heroicamente a dejar la vieja y querida Olivetti que
acompaño nuestro pasaje por el periodismo capitalino
durante 35 años. En la actualidad, obsoleta y olvidada,
la vieja máquina de escribir
descansa para siempre como una reliquia en La Barra, tras haber pasado por
su teclado los principales acontecimientos
registrados en esta frontera durante tantos años.
Nuestro ingreso a la computación es demasiado reciente.
Lentamente nos fuimos integrando a una nueva
terminología que pasaba por Windows, configuración,
Microsoft, ventanas, enter y antivirus. Ya estamos
integrados a la millonaria cifra de usuarios
y podemos confirmar que se trata realmente de
máquinas maravillosas, capaces de permitirnos escribir
estos mamotretos, llevar la contabilidad, anotar las
enfermedades y las recetas de cocina, escribir libros
virtuales y comunicarnos con el mundo, que por su culpa
ya no es tan ancho y ajeno. Si bien todos los
profesionales se han beneficiado con las computadoras
haciendo más fácil sus actividades, han sido los
periodistas los que se preguntan como pudieron vivir
tantos años sin este maravilloso aparato. Desde el
momento que sustituyeron la vieja máquina de escribir
por el procesador de texto, muy pocos han corregido el
original, ni se han preocupado mayormente por las faltas
de ortografía subrayadas en rojo.
No
dudamos que la Red Mundial de
computadoras con más de 100 millones de usuarios y
asociados, ofrece una fantástica posibilidad para
ampliar todos los conocimientos y comunicarnos al
instante con el mundo. Sin embargo existe un peligro
latente con motivo de la presencia de delincuentes que
valiéndose del anonimato
propiciado por Internet están practicando todo
tipo de terrorismo. Al entrar con mucha facilidad en los
hogares, para facilitar el estudio y ampliar los
conocimientos es fácil imaginar el peligro que
representa cuando se estimula el terrorismo, el racismo
o la corrupción infantil. Corresponde preguntarnos
¿quién gana con toda la basura que se trasmite en
Internet y porque hay que protegerlos? Cabe señalar que
algunas empresas se han descuidado al no registrar su
nombre en Internet lo que finalmente les ha costado muy
caro. De esta manera los “piratas” electrónicos
comenzaron a inscribir conocidas marcas de algunas
multinacionales generando diversos conflictos entre las
partes involucradas.
En los últimos años han existido
suicidios colectivos incentivados por una campaña
propalada por la red mundial, con el agravante de que es
muy poco lo que se puede hacer teniendo en cuenta que se
debe respetar la libertad de expresión sin limitar los
derechos que tienen los usuarios de la red.
En
algunos países se está considerando por parte de la
justicia la responsabilidad de quienes utilizan Internet
para difundir programas pornográficos. Sin embargo en
nuestro país existen pocas posibilidades de que la
justicia intervenga si tenemos en cuenta que cualquier
medida en este sentido podría resultar inconstitucional.
Por el momento nada se puede hacer por parte de las
autoridades, restando confiar en el papel que pueda
jugar la familia para orientar a los jóvenes sobre los
riesgos que representan algunos programas. Pero al
margen de estos razonamientos es evidente que el “mundo
ya no es tan ancho y ajeno” como antes y las buenas o
malas noticias se propagan en pocos segundos. Es posible
también que alguna generación pueda asistir a la
extinción de la humanidad, sin que esto constituya una
alarma provocada por los señores de la ficción
científica como sucediera en el siglo pasado. En esta
oportunidad son varios los indicadores que apuntan a la
tecnología del siglo 21, como la gran responsable de las
últimas conquistas del hombre. Sin embargo nadie podrá
asegurarnos
que estos adelantos no serán los responsables de
la destrucción final.
Teniendo en cuenta la
opinión de nuestros lectores queremos compartir
algunas reflexiones que hacen al uso de estas
maravillas. Tras agradecer las cadenas recibidas en los
últimos meses un lector nos señala que ya no saca plata
de los cajeros porque le pueden poner una pantalla falsa
y luego le vacían la cuenta. También dejó de tomar coca
cola al enterarse de que sirve para quitar el sarro a
los inodoros y también dejó de ir al cine por temor a
sentarse en una butaca y pincharse con una jeringa
infectada de SIDA. Gracias a las cadenas se enteró
además que no debe contestar las llamadas telefónicas
ante el peligro de que le marquen el 9 y le llegue una
cuenta descomunal
porque le robaron la línea y llamaron a
Uganda, Japón o Estocolmo. También dejó de
consumir varios alimentos por temor a los estrógenos, y
transgénicos
como tampoco la carne de pollos “cultivados” en
los laboratorios. Tampoco usa
microonda por miedo a la ebullición súbita que le
pueda desfigurar la cara. El pobre lector señala
finalmente que tampoco le llegó el prometido viaje a
Europa con todo pago,
no recibió los 10.000 dólares, ni el Ferrari ni
el viaje por el mediterráneo con Pamela Anderson tras
haber enviado a 10 personas el Mantra Mágico remitido
por el mismísimo Dalai Lama. Para completar envió más de
500 firmas contra la guerra de USA contra Irak y ahora
resulta que está figurando en una lista de terroristas
sospechosos.
Recomendaciones al margen, deben coincidir que
las viejas Olivetti continuarán como una reliquia de los
tiempos idos, aunque no debemos olvidar que en ellas
escribieron los grandes de la literatura mundial.
Chuy, febrero de 2007.
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